Día del Oyente 2018

día del oyente 2018

-Primero, queridos amigos, quisiera recordaros que el 1 de noviembre de 2018 se cumplen 90 años desde la primera transmisión radiofónica oficial de Rumanía.  Han transcurrido desde entonces 9 decenios, llenos de historia y momentos inolvidables, en los que la radio ha sido un espejo de las épocas que atravesó Rumanía. La radio estuvo allí en el período de entreguerras, durante la última guerra mundial, en la época posbélica, durante los decenios de comunismo y guerra fría, nos ha acompañado en diciembre de 1989 cuando fue derrumbado el régimen comunista y luego durante las etapas de transición hacia la democracia de Rumanía. Desde el antiguo aparato de radio de los abuelos pasamos a escuchar la radio a través del teléfono móvil y cuando queremos buscar una emisora de radio podemos recurrir a asistentes de voz.

 

La voz que os ha venido informando sobre lo que está ocurriendo en Rumanía, os ha presentado este país y os acercó a Rumanía fue y seguirá siendo Radio Rumanía Internacional. Por este motivo, en el “Día del Oyente de RRI” os invitamos a compartir con nosotros vuestras opiniones sobre el papel de la radio en vuestras vidas, o sea qué representa RRI para vosotros.

Como siempre, muchos de vosotros aceptasteis nuestra invitación de participar en este programa especial y nos mandasteis vuestras opiniones sobre la radio en general y sobre Radio Rumanía Internacional en particular.

 

Sin más palabras, queridos amigos, os invito a escuchar el programa especial Día del Oyente 2018 que hemos realizado en base a los materiales que, varios amigos oyentes, escribieron con motivo de nuestro aniversario.

 

-Lo primero que debería hacer es preguntarle a mi madre si es que nací con un receptor de radio bajo el brazo, escribe Hugo Longhi de Rosario-Argentina. La verdad es que es tal el amor que tengo por este medio que quizás algo de eso haya ocurrido.

 

La radio me acompaña desde siempre, cuando era un niño y vivía con mis abuelos, que tenían un viejo aparato valvular encendido todo el día. Rápidamente aprendí los nombres de los programas y los conductores, los avisos comerciales y también los jingles musicales que anunciaban el inicio o fin de las transmisiones. Por entonces suponía que quienes hablaban eran una especie de enanitos que estaban metidos dentro de esa caja con números y rayitas.

 

En ese escenario fui creciendo y muy a pesar de que la televisión surgió con todo su potencial, la radio siguió siendo mi medio predilecto.

 

Compañera de emociones, fuente informativa o simplemente proveedora de entretenimiento, la radio siempre está conmigo. Para no ser tan tedioso no enumeraré los acontecimientos de relevancia que llegaron a mí a través de la radio, pero puedo asegurar que han sido muchísimos. La mayoría, sin dudas.

 

Con el tiempo incorporé el diexismo, extraña palabra que ni conocía pero que resumía cabalmente la escucha de emisoras internacionales. Han pasado bastantes años desde aquellos instantes iniciales pero la sorpresa y el entusiasmo por captar una señal tan lejana y en mi idioma no me han abandonado.

 

Y ya corrí el telón para que Radio Rumanía Internacional ingrese triunfal al teatro de mi vida. Fue a mediados de 1990 cuando la descubrí. ¿O me habrá descubierto ella a mí? Como sea, nos elegimos y aquí estamos sosteniendo un romance sin fin.

 

Y con RRI me llegó Rumanía toda, que hasta ese momento sólo era un mapa en el centro-oriente europeo o una bandera tricolor. Y no fue cualquier Rumanía la que surgió a través de las ondas. Se trataba de un país que intentaba renacer tras décadas de dominio soviético y, para colmo, dirigido con mano dura por un líder de esos que no sirven. Justo en ese punto de la historia se produjo el contacto.

 

Poco tiempo después ya era casi un experto en temas rumanos. Que las zonas turísticas, que la historia más antigua, que las riquezas agrícolas, que la geografía diversa, que la cultura religiosa, que el músico o el escultor que traspasaron fronteras con su talento, que ese idioma emparentado con el mío. Todo y más fui recibiendo gentileza de RRI.

 

Y años más tarde me di un pequeño gran lujo: conocer a los conductores, es decir los dueños de esas voces que hacían docencia. Cruzar el pórtico con el ya famoso letrero strada General Berthelot 60-64 fue emocionante. Ni hablar del encuentro con todos ustedes. Me aceptaron como si fuera uno más de la emisora. Me animo a mencionarlos porque lo merecen: Victoria, Valeriu, Irina, Lucia, Monica, Simona . . . soy injusto ya que apenas destaco a los que vi en persona. Debería incluir a los que ya no laboran o los que se incorporaron con posterioridad pero que contribuyeron a alimentar mi cariño por Rumanía.

 

Y en estas líneas finales me surgen 2 deseos. Primero que mis palabras hayan sido lo suficientemente elocuentes para demostrar mis sentimientos hacia la radio en general y a RRI en particular. El segundo que la emisora continúe eternamente y por las benditas ondas cortas. Ese es otro de mis motivos para agradecerles.

Claro, saludarlos especialmente por el  90 aniversario de la primera transmisión radiofónica oficial de Rumanía, Hugo Longhi.

 

 

 

 

-No me es sencillo responder a la pregunta que nos hacen: ¿Qué significa RRI para mí?,  escribe José Luis Corcuera desde Vitoria-Álava-España.

Para los que disfrutamos con la escucha de las emisoras internacionales ya simplemente por seguir emitiendo es mucho lo que significa. Muchas veces se tiende a no valorar lo que se nos da gratis y no reconocemos todo lo que hay detrás. A los gobiernos se les va un dinero en medios técnicos y humanos para que en otros lugares tengamos noticias de primera mano de su actualidad diaria y darnos a conocer sus valores culturales y atractivos del país. Cuando en el 2008 comenzó la crisis económica muchos países comenzaron a recortar gastos y muchas emisoras internacionales desaparecieron, está claro que los extranjeros no votamos en esos países y a la hora de recortar podemos estar los primeros en la lista. Por ese motivo las estaciones de radio que aún emiten tienen un valor añadido para mí.

Bien supongo que esta primera introducción será entendida sin problemas por la mayoría de los oyentes y ahora llega lo difícil de explicar.

 

RRI ya forma parte de mi vida, como suele decir Victoria con cariño a los oyentes, llevo ya cerca de 20 años a la escucha de la emisora y colaborando en todo lo que buenamente puedo y enviado informes todos los meses. Tanto tiempo y no puedo destacar una razón, supongo que son una suma de motivos: la calidad de su programación y sus locutores, la buena disposición de los locutores para aclararnos algún tema, petición musical, sugerencias, cuando nos ponemos en contacto con ellos. Se puede decir que recibimos un trato muy bueno por parte de la gente que hace los programas; así se crea una corriente de simpatía, complicidad, amistad y cariño entre los dos lados que parecen tan lejanos: la emisora en Bucarest y los oyentes, algunos en el lejano continente americano.

 

He aprendido muchas cosas de Rumanía y pronto puedo romper el hielo cuando conozco a algún rumano de los que viven en España. Incluso algún rumano joven me ha dicho que conozco más cosas de Rumanía que él siendo rumano, el motivo es que llegó a España muy joven y prácticamente se había criado en España.

Aparte de todo lo escuchado en las emisiones tengo la suerte de haber estado en Rumanía, gracias a un concurso de la emisora, de esto hace ya 10 años y aún recuerdo con cariño y agradecimiento el trato recibido por las personas de la emisora. No se me olvidará nunca el recorrido desde Bucarest al norte del país por el Valle de Prahova, pasando por Sinaia y Brasov para llegar a Bistrita y desde allí a la zona de Maramures.

Todo esto y muchas más cosas que me llevarían mucho tiempo el explicar se las debo a RRI, tengo claro que continuaré a su lado mientras sus emisiones lleguen a mi receptor.

 

La radio rumana cumple 90 años y espero que cumpla muchos más y que nosotros desde nuestros hogares podamos seguir escuchando muchos años a nuestros locutores de nuestra querida emisora.

Ya solamente para despedirme quiero saludar a todos los amigos oyentes de la emisora en nuestro día y ¿cómo no? a todos los componentes de la sección en español de la emisora.

Con los mejores deseos para todos del oyente: José Luis Corcuera.

 

 

 

 

-Mi nombre es Jorge Bustos Alarcón de Tocornal-Talagante/Chile, ya a mis 68 años de edad, he tenido grandes satisfacciones con este hobby llamado diexismo. Como a los 10 años de edad, siendo joven, tuve esa inquietud de saber qué eran esas bandas en una radio a tubos marca TELEFUNKEN Mod Caprice, que mi padre había comprado con mucho sacrificio. Ahí apretando botones aparecieron ruidos, voces que no entendía, o sea idiomas desconocidos. Luego, recorriendo el dial salieron voces en español: ahí estaban La Voz de Sudáfrica, la Nederland, BBC, Deutsche Welle, Radio Berlín, Sofía, Budapest, en 1984 RRI y varias emisoras difícil de detallar.

 

Uno se daba el gusto de escucharlas y distribuir el tiempo para cada una de ellas, escribir cartas e informes y recibiendo sus QSL´s, souvenirs etc. Para mí, la radio ha sido una compañera de mi vida, en buenos y malos momentos, me acompañaba a lo largo de mi país, en el desierto, en la cordillera, en la Antártica y en tantos lugares que he tenido la oportunidad de conocer en este angosto y largo país. La radio me ha enseñado a conocer la historia y cultura de tantos países, sus habitantes que han vivido bajo dictaduras y o en democracia. Lamentablemente,  quedan tan pocas radios en la onda corta. Debe uno adaptarse a la nueva tecnología.

También he sido feliz de conocer tantos colegas diexistas que,  algunos en forma esforzada, logran estar con la radio diariamente. De Chile, mencionaría a Jorge Plaza Gatica, Héctor Frías, Héctor Pino, Freddy Ampuero Saldivia, Claudio Galaz, Jorge Andrés Zúñiga, entre otros.

Gracias a todos los diexistas del mundo. Un gran abrazo, Jorge Bustos Alarcón.

 

 

 

 

-Tengo algunos años menos que la RADIO (73), escribe Juan Carlos Buscaglia de Capitán Bermúdez-Argentina. En mi casa paterna la RADIO ofició de altar en el "culto" que mi padre particularmente hiciera de la misma. Mis recuerdos los remonto a mi infancia ubicada dentro de los diez primeros años de vida. Habían horarios establecidos por mi padres para escuchar a través de la misma la programación que ellos entendían podíamos/debíamos escuchar en familia; particularmente durante el almuerzo o la cena.

- Noticieros informativos;

- Radionovelas;

- Comicidad interpretada por los cómicos que en el momento gozaban de mayor predicamento en el país;

- Culturales: de preguntas y respuestas, por ejemplo;

- De nuestra música nacional: el Tango, con intérpretes en vivo, sin descuidar en proporción la música folclórica, con igual tratamiento.

 

Lamentablemente también debimos escuchar los varios "golpes de Estado" que los militares de aquél entonces ejecutaban para derrocar a gobiernos democráticos.

 

Al llegar yo a los 12 años de vida, mi padre me permitió participar de las escuchas de los relatos de Boxeo de los sábados en la noche en su compañía. Ya desde hacía tiempo escuchaba los partidos de Fútbol.

Pero, siempre hay un pero, mi padre un buen día "fabricó una antena" de calidad sumamente primaria: un simple cable en desuso y lo extendió hasta la azotea de nuestra casa -con los respectivos aisladores de porcelana-. Gracias a este importante detalle, la familia se vio posibilitada de ampliar el espectro de las escuchas, ya que se incorporaron las emisiones a través de la Onda Corta Internacional. Y varias de ellas en nuestra lengua castellana.

 

Mi padre, italiano, solía conversar a menudo con vecinos que trabajaban en la misma fábrica que él, respecto de los sucesos posteriores a la finalización  de la Segunda Guerra Mundial; pues los ecos de la misma se mantuvieron vigentes por varios años. Yo solía escuchar con devota atención a esas conversaciones, ya que hablaban de un tema que indudablemente me apasionaba a pesar de mi corta edad. Estos vecinos de origen diverso: checos, eslovacos, polacos, italianos, españoles, búlgaros y lituanos entre los que más recuerdo, se llegaban hasta la puerta de mi casa para conversar sobre el motivo apuntado. Pero por sobre todas las cosas para aprovechar aquel "adelanto tecnológico que Don Juan había instalado". Queda dicho, la posibilidad de escuchar Radio a través de la Onda Corta mediante la utilización de un simple "cable". Claro, tampoco existían las interferencias de ningún tipo: ni estáticas ni de otras emisiones. "El éter por entonces se encontraba sumamente limpio".

Posteriormente cada uno de aquellos amigos del barrio fue proveyéndose de la "misma tecnología"; quien le siguió a mi padre fue Don Rafael, viejo lituano y carpintero de oficio.

 

Algunos años más adelante en el tiempo, mi hermano mayor instaló un taller de reparación de radio receptores. Motivo este que me motivó aún más a escuchar Radio en momentos en que él disponía probarlas: "Eran las Radios reparadas por mi hermano". Y como si fuera poco, quien le siguió en la "aparición" en el mundo familiar, fue una de mis hermanas quien al casarse ya tuvo la posibilidad/necesidad de adquirir un radio receptor portátil y a transistores con funda de cuero de marca SPICA. Creo haberla usado más yo que ella: me establecía en su casa la tarde de los días sábados y "descubrí" la posibilidad de ampliar el espectro de escuchas para mí ignoradas hasta entonces. Yo ya tenia 13 años y ese mismo año había comenzado los estudios de nivel Secundario (Químico). Fue entonces que escuchar emisiones provenientes de Uruguay, Brasil, Bolivia, Chile y Paraguay principalmente, realimentaron mi atención.

 

No dudo en afirmar que éste fue el inicio de mi apetito por escuchar emisoras de otros países, aunque transcurrieron muchos años hasta que yo supiera de la existencia de una afición llamada "Diexismo".

Sí, esto ocurrió en el año 1974 cuando yendo con mi esposa a visitar a mi amigo  y colega Diexista Jorge Cresevich una noche de verano, éste se encontraba en el patio de su casa escuchando, precisamente, emisiones de Onda Corta. Fue tal mi entusiasmo al advertir las posibilidades culturales que me abría este medio, que me propuse -cuando pudiera hacerlo- comprar un aparato que me permitiese satisfacer dicho deseo. Y bueno, Dios quiso que mi esposa se adelantase a éste mi propósito y me regalase para mi próximo cumpleaños un aparato de fabricación argentina, el cual me brindó innumerables satisfacciones: una TONOMAC SUPER PLATINO, con antena incorporada y la posibilidad de conectarle una exterior,  cosa que hice en tiempo inmediato.

 

No recuerdo exactamente cuándo ocurrió (por allá en la década de los '90), pero sí tengo presente que comencé a escuchar Radio Rumanía en vuestra propia lengua. Hubo una primera noche y le siguieron muchísimas más. Me extrañó en principio cómo yo podía entender -bastante- vuestra lengua latina. Hasta que tiempo después comenzaron a hacerlo también en español (o tal vez ya lo hacían y yo lo ignoraba). Y ya desde entonces quedé como "socio activo y ya vitalicio" de Radio Rumanía Internacional.

Dicho de otra manera: la Radio ocupa desde aquellos entonces de mi infancia, un lugar preponderante en mi vida. Los distintos acontecimientos: de los buenos y los no buenos, tanto los de mayor como los de menor interés, acapararon mi atención. Se trata para mí de un medio irreemplazable: NI LA TELEVISIÓN NI LOS MEDIOS ESCRITOS han logrado captar mi atención tanto como ha logrado hacerlo la RADIO. Me ha ampliado el "Horizonte Cultural" de una forma extraordinaria. Si hasta lo deseo, puede acompañarme adonde tenga que ir y bajo cualquier circunstancia.

 

Fue en el año 1982 aproximadamente que con varios jóvenes amigos, incluyendo a dos señoritas-todos de mi ciudad natal-, fundamos la "Peña de Amigos del Diexismo de Capitán Bermúdez". Nos reuníamos el primer sábado de cada mes en horario posterior al del medio día para comentar las escuchas realizadas, como también las correspondencias recibidas de emisoras varias. Hasta llegamos a crear un programa Diexista que emitíamos por una FM: "FM DEL SOL", de la vecina ciudad de San Lorenzo. Esto se extendió por unos tres años. Nuestro eslogan, el que no ha perdido vigencia para el grupo Diexista manifiesta: "LA RADIO ES CULTURA"

 

Y en lo que a Radio Rumanía Internacional en particular se refiere, la misma y de mi parte goza del mejor de los conceptos. A ella le debo mucho agradecimiento por la infinidad de cosas que me viene dando desde que comenzó nuestra relación. Creo -dicho esto con total objetividad y sinceridad- que me encuentro en deuda permanente con la misma. Caso contrario no podría yo conocer Rumanía sin haberla visitado en persona.  (¡Vale la pena...!)

 

Claro que ello tiene que ver con la programación que ofrecen: siendo Rumanía un país que "exportó" a Argentina algunos connacionales, no me fue posible conocer nada respecto de Uds. a través del trato con los mismos, pues a mi ciudad no habrían llegado ninguno, tal como ocurrió con otros extranjeros que llegaron en cantidad nunca antes vista (y después tampoco). Me refiero a italianos y a españoles.

 

Creo sinceramente, no tengo dudas, que los sentimientos son recíprocos: La Radio es el más cálido de los medios. Es inmediatez y familiaridad generada con reciprocidad a través del trato. No hay partes interesadas. LO MISMO QUE SEGURAMENTE EXPERIMENTAN UDS. AL RECIBIR NUESTRAS NOTICIAS, ES SEGURAMENTE LO QUE SENTIMOS QUIENES ESTAMOS DE ESTE OTRO LADO DEL MICRÓFONO CUANDO NOS MENCIONAN Y CUANDO RECIBIMOS VUESTRAS SIEMPRE BIENVENIDAS TARJETAS DE VERIFICACIÓN.

No es casualidad que de mi parte haya dedicado tiempo y no poco esfuerzo para visitar Radios, tanto de Argentina como de otros países: Radio Praga, Radio Nederland, Radio Bulgaria, Radio Habana Cuba,  más otras emisoras de Brasil, Uruguay y de mi propio país.

 

La Radio es un instrumento que, bien usado, hace "crecer" a las sociedades. Es noble, es inmediatez,  es participativa.

 

Amigos de Radio Rumanía Internacional: espero con este escrito haber complacido vuestras expectativas. Deseo que la participación solicitada para con este concurso por el "DÍA DEL OYENTE" tenga el éxito que Uds. y nosotros deseamos.

Hasta cada momento, Juan Carlos Buscaglia.

 

 

 

 

La radio, quiero decir, Radio Rumanía Internacional tiene un papel de mucha importancia en mi vida, escribe Davi Lucas Pinto de Sousa de Belo Horizonte/Brasil.  A través de Radio Rumania Internacional, pude obtener innumerables y valiosas informaciones sobre Rumanía desde la primera vez que sintonice la emisora hace más de veinte años. Escuchando los programas de la RRI en varios idiomas, he podido conocer sobre la cultura, la política, la música, los deportes y también sobre la historia del país, la participación de Rumania en las dos guerras mundiales y también el desdoblamiento de la guerra fría y la liberación del régimen comunista. Todo esto demuestra cuánto la emisora es importante en mi día a día; escuchar RRI es mucho más que un pasatiempo o hobby, es hacer uso de una excelente herramienta para acercarme a Rumania.

Por último, les envío mis felicitaciones por el 90 aniversario de la Radiodifusión Rumana y mi deseo es que vengan más de 90 años para que pueda continuar en la sintonía de los programas de Radio Rumanía Internacional. ¡Gracias RRI por existir!

¡Saludos y fuerte abrazo a todos de RRI!

 

 

 

-Seguimos con el comentario que nos hizo llegar Miguel Ramón Bauset desde Alboraya-Valencia/España, se titula LA RADIO DE MI VIDA.

 

Un año más, la radio de mi querido país que se llama Rumanía engalana las puertas de opinión de su audiencia coincidiendo con el aniversario de la primera transmisión de radio, que este año redondea a nueve décadas, para que, opinemos sobre un tema común siempre en torno a esa hermosa palabra de cinco letras,   R  A  D  I  O,  que forma parte de nuestras vidas en todo momento.

 

Desde aquel añorado aparato de radio de válvulas de mi abuelo, que hoy decora la biblioteca en un lugar primordial, y que fue el pionero de mis cada vez más frecuentes excursiones por el dial, hasta hoy, mi vida ha dado muchas vueltas, pero siempre con mi inseparable compañera de viaje que como un fuerte imán nunca se separa de mí.

La radio es una gran amiga, que te proporciona independientemente de sus infinitos contenidos según la emisora que elijas, toda una serie de calificativos, todos de la misma importancia, como la compañía, la alegría o el transportar tu pensamiento hacia lo inimaginable.

La radio, por ejemplo, al contrario de la televisión, te permite estar haciendo otras cosas. Mientras escribo lo que os estoy leyendo, tengo de fondo una emisora mexicana, que emite non stop, la música orquestal de siempre, la culpable de que todas mis palabras cobren sentido y respondan al título pensado.

 

Pero volvamos al aniversario en cuestión que nos reúne aquí cada primer domingo del onceavo mes del año, el de noviembre, que tiene en el refranero español, uno muy acertado, DICHOSO MES QUE EMPIEZA POR TODOS LOS SANTOS Y ACABA POR SAN ANDRÉS. Decía que la radio, la que forma parte de nuestras vidas, ofrece miles y miles de emisoras en todo el mundo, de todo tipo, y con una audiencia de millones. Un día, en aquel mágico receptor de madera, al tocar un botón de esos que parece estén de adorno, me picó de curiosidad y observé, al mover el dial, como un variado mundo de ruidos e idiomas a cual más atípico para esa época, se sucedían. Un buen día apareció en castellano y con multitud de ruidos una voz que hablaba y hablaba de quinquenios, socialismo, pioneros…y toda una serie de excelencias, acompañadas de un dirigente llamado Ceaucescu y de una honorable esposa que tenía todos los títulos del mundo,  sin aterrizar en ninguno, y que se llamaba Elena. Entre tanta predicación de benevolencia de sociedad aquellos locutores identificaban la emisora como Radio Bucarest. ¿Bucarest, Rumanía? ¡Qué lejos andaban esas palabras de mí entonces! La enciclopedia de casa, la de 10 volúmenes, me iba aclarando un poco el panorama, a la vez que me añadía palabras o expresiones nuevas,  telón de acero, CAME, guerra fría…  ¡poco familiares para mí!

 

Todo aquello me animó a buscar a la emisora más veces, en aquellos laberintos donde era imposible localizar bien el sitio, y menos la frecuencia o el campo de onda, los metros, como se le llamaba entonces. Pero la paciencia, que no la buena calidad, me llevaron al encuentro de la emisora de los Cárpatos en aquellas emisiones de media hora y de sesenta minutos repletos de la más pura propaganda socialista del momento. Al final me acostumbré a los programas políticos, a la figura de la Doctora Asland, y alguna pincelada turística de un país no muy abierto a los visitantes por cierto…hasta que un buen día incluyeron un espacio denominado LA ALONDRA, dedicado a la música popular rumana, que además de representar un remanso de paz ante tanto bombardeo propagandístico representó en mi vida un momento muy importante, al pasar esa música a ser mi preferida, y, año tras año, aumentar y aumentar mi fonoteca que pasa ya  de más de mil ejemplares de CDs que reúnen este tesoro donde los haya.

 

Esa fue mi primera emisora de radio abierta al mundo. Vendría luego el contacto epistolar, largo entre la ida y venida, y también con dificultades de la censura que no era precisamente muy abierta.

Con los deficientes transmisores, la recepción era más que variable, más mala que buena y nunca olvidaré acciones como no poder oír las emisiones para España por ruidos variables y concentrados, alguna vez que otra provocados, poner el despertador a la hora de alguna emisión para América Latina y ver como a esa hora no salía ni la señal… ¡épocas de grato recuerdo donde no existía la radio a la carta con una calidad de audio inmejorable!

 

Con el tiempo, los programas fueron mejorando. Las cartas seguían su proceso y en mi horizonte no tan lejano aquellas voces de amigos iban formando en mi mente una imagen de aquel país un tanto lejano para mí pero cercano ya en mi corazón.

Cayó el comunismo en aquellas Navidades del 89, y aquella Rumanía fue abriéndose al mundo, y no sólo por el Gerovital y el castillo de Bran. Rumanía era algo más que eso. Habría que dar a conocer a los cuatro puntos cardinales, lo que el socialismo calló y no dio a conocer, y de eso siguió encargándose Radio Rumanía Internacional, la voz de Rumanía al mundo. Los transmisores fueron renovados, aparecieron las emisiones por satélite e internet, por celulares, se podían escuchar los programas fuera de día, y hoy RADIO RUMANIA INTERNACIONAL es una radio viva, del momento, donde transmite al mundo el acontecer rumano en varias lenguas. Sus programas hablan de todo en la cita diaria de esa hora que todos esperamos. Hablan de la actualidad diaria, de sus bellezas, de la hospitalidad de sus gentes, de la cultura, de los monumentos, de la cocina, de la música, de los visitantes… no hay aspecto que no se profundice en el trabajo de estos profesionales sobre la vida rumana del día a día.

 

Oír a RRI, escribir a la redacción, en alguna ocasión a otras redacciones diferentes de la española, viajar a Rumanía varias veces y comprobar con el máximo agrado que lo que veo es lo que transmiten día a día en la emisora - que nunca dudé-, colaborar con la emisora desde siempre y particularmente desde hace más de veinte años con mi programa semanal, y no dejar de oírles…han hecho de mí una persona que adora Rumanía totalmente, que me considero un rumano más, que tengo mi casa rodeada de cosas rumanas, que en mi frigorífico no faltan productos rumanos, que procuro no faltar a ningún acto rumano porque me hace conocer mejor al país y eso, para mí , es un gran tesoro.

Y todo eso y mucho más se lo debo a la radio, a RRI, la emisora de mi vida, la emisora que me ha hecho querer a Rumanía desde que la conocí hace casi cinco décadas, y por lo que me siento muy orgulloso.

 

En estas fechas de aniversario mis felicitaciones a todos los que en estos 90 años han hecho posible esta aventura en el éter, no siempre sin contratiempos, de llevar al planeta azul la vida de este país tan interesante, fantástico y querido que se llama Rumanía. Felicitaciones rodeadas de los mejores éxitos a mis amigos y compañeros de la redacción española que dan vida a cada una de las facetas de Rumanía, y también a todos vosotros, oyentes de los cinco continentes, por seguir los programas día a día y querer y apreciar tanto a este mágico país que se llama RUMANÍA.

Desde el mediterráneo alborayense rodeado de la mejor horchata de chufas, un fuerte abrazo y ¡FELIZ DIA DEL OYENTE 2018!

MIGUEL RAMÓN BAUSET          RRI  BUCAREST/ ALBORAYA

 

 

 

 

¿Cuándo comencé a escuchar la radio internacional?, es el título del material que Juan Franco Crespo de Valls-Tarragona/España nos envió con motivo de nuestro aniversario.

 

Hablar de Radio la radio y su significado a lo largo de medio siglo como oyente es hablar de mi propia vida, de mi adolescencia y mi madurez, ahora ya, desde el ansiado retiro de la vida laboral activa. Es hablar de una amiga apasionante y apasionada, bella, hermosa, siempre a tu lado, siempre en la onda, siempre actual y sincera que, además, te forma, te educa y nunca te abandona [aunque aquí debería de hacer un gran inciso, sobre todo porque Occidente ha hecho dejadez de su misión y sí, las emisoras de esta parte de Europa nos han abandonado, pero hablo en términos genéricos, basta un botoncito y tenemos la radio, en estos momentos, al menos a nivel local, verdaderamente pobre y a nivel internacional, abandonadas determinadas bandas, casi un páramo que nos permite albergar pocas alternativas a este acoso y derribo por parte de los medios tecnológicos empeñados en dejarnos más pobres –nos vacían los bolsillos de manera constante, ahora por ejemplo un pack de tinta vale lo que una máquina de escribir cuando era niño y que todavía tengo en mi casa, inútil, porque resulta imposible encontrar una cinta para ella- e intelectualmente más ignorantes].

 

Hablar de Radio Rumania Internacional es hacerlo de un estilo de hacer radio, sugerente y formativo, fin último al que debería consagrarse el invento de Tesla-Popov-Marconi y no el tipo de radio en el que cayeron otras emisoras internacionales guiadas por ocultos intereses, ya sean económicos o ideológicos. Es hablar de aquella época de Radio Bucarest que tan sugerentes voces metían en casa hace casi medio siglo y de cuya etapa conservo también algunas preciosas QSL´s y materiales del país de los Cárpatos.

Hablar de Radio Rumania es hacerlo de una trayectoria de calidad y honestidad en el apasionante mundo de la onda corta en donde cada vez es más difícil obtener información contrastada y honesta, donde apenas nos quedan faros que nos guíen. La voz ecuánime de RADIO RUMANIA nos permite mantener cierta esperanza en la honestidad que debe guiar a los medios en lugar del empecinado adoctrinamiento de algunas estaciones pudiendo colegir, tras casi cinco décadas de escucha que RADIO RUMANIA es una emisora honesta en el panorama radial internacional.

Hablar de ella es hablar de una calidad programática no sólo única, sino impresionantemente buena por su calidad, contenido, tiempo de duración y novedad para el oyente. Gracias amigos por ser también una voz de amistad que recorre el mundo que, en realidad, es toda una divisa, de principios, que pocas estaciones pueden enorgullecerse de tener.

Es uno de los pocos faros que los pueblos del mundo tienen en estos momentos como referencia ante el acaparador sistema de desinformación que se ha montado en un mundo globalizado, donde no deja de caer la libertad y crecer la miseria y podredumbre moral, social y económica. Estamos peor que hace tres décadas y encima se nos avecinan más catástrofes económicas: o sea, se vislumbran nuevos corralitos en esta empobrecida Europa que comenzó a mirarse el ombligo y dejó de ver el horizonte. Gracias, pues por ese aporte de esperanza,  que desde el Este de Europa, día tras día, ponéis en el aire y en donde parece que los asuntos cotidianos no son tan lacerantes como aquí.

 

 

¿Cuándo y cómo entra RADIO RUMANIA INTERNACIONAL en casa?

Difícil panorama. Difícil respuesta. Hay que echar mano a la memoria, ese baúl de recuerdos en donde se nos agolpan, sin querer, fechas y acontecimientos. Pero no quiero dejar pasar la oportunidad que la familiar RADIO RUMANIA INTERNACIONAL [inicialmente RADIO BUCAREST, cuando su famosa identificación transmitida unos cinco minutos seguidos antes de los cambios a los que hemos asistido con el advenimiento del nuevo milenio y que hacían que los receptores analógicos fuesen calibrados manualmente para “afinar” al máximo la llegada de la emisión]. La realidad nos desborda en el mundo globalizado que nos ha tocado vivir. Demasiados datos, demasiada información y, muchas veces, prácticamente insustancial, como si se quisiera arrinconar al mundo en la más absoluta de las soledades que le toca vivir al individuo a lo largo de su experiencia vital.

 

En mi caso los primeros contactos epistolares debieron producirse hacia 1966 y, recuerdo, conservo y mimo, el receptor MAMAIA que recibí a los 16 años como resultado del concurso realizado por la emisora.

Recuerdo que era un crío, un niño, en un hogar campesino, que en los años cincuenta del pasado siglo XX se quedaba con su papá [la mayoría de veces dormido en su regazo, hasta que ¡zas! AQUÍ  RADIO BUCAREST me devolvía a la realidad y me hacía abrir unos ojos como platos. La magia del viejo TELEFUNKEN, con su ojo mágico, era algo que podía más que mi cuerpo cansado y, en el silencio más absoluto, se procedía a una de las cuestiones vitales de mis padres llegada la noche: la sesión nocturna de escucha de la radio [recordemos que estamos en una dictadura, pero mis “viejos” no dejaban pasar la noche sin su sesión de escucha y con ella el despliego de un larguísimo cable que salía del modesto comedor, recorría una sala de estar y se precipitaba al vacío en los tajos de mi casa. ¡Qué lejos queda aquello: una década después, como tantos millones de campesinos, nos vimos obligados a salir del pueblo, del que no fuimos los únicos, ¾ partes de la población se vio impelida a buscar nuevos horizontes e intentar sobrevivir en una época de extrema dureza, no sólo política, sino de simple supervivencia, aunque, por suerte, el cambio no fue allende las fronteras españolas, pero cuando abandonas todo, ya nada volverá a ser igual!

 

Todas las noches, día tras día, sobre todo en invierno, esa era una de las formas de vivir “imaginariamente” en otro mundo.  Al día siguiente, mi entretenimiento favorito era tratar de seguir con un mapa todos los nombres que escuchaba en la enigmática emisora. Porque hay que decirlo también: ¿cómo se le explica a un “crío” que la emisora de la capital que apenas está a 60 kilómetros no se escucha y sin embargo BUCAREST a más de 3.000 kilómetros suena en el receptor como si fuera un bombazo? Y poco a poco, con mi letra temblorosa e infantil, comienzo a escribir.

 

Todavía estoy saltando de alegría cuando apareció el primer sobre que traía un matasellos en formato rectangular de “Taxe Perçue”, tinta negra, y aún conservo los recuerdos que me llegaban a finales de los sesenta, apenas había cumplido 15 años. Después fueron llegando los paquetes y, con ellos, la prensa que, todavía hoy, me da risa: yo, ufano, lo enseñaba a mis amigos –algunas de sus familias aún restañaban heridas de nuestra INCIVIL contienda del 36-39, en donde, entre muchos otros, también caía el inmortal Federico García Lorca, granadino, como soy yo - y “alucinaban”, no sólo por la grafía, sino por el contenido de aquellos materiales que contrastaban con la prensa de la provincia de mi entonces terruño. Incluso me decían que no tenía que enseñarlo porque era peligroso, pero con doce años comencé a escribir a la emisora y hasta hoy no hubo ningún problema.

 

Es cierto que en estas cinco décadas de oyente, de amigo en las ondas del pueblo rumano, hubo de todo, períodos de más actividad, de correspondencia más constante o más distanciada. Todo dependía no sólo de mis ingresos, sino de mis quehaceres cotidianos. Hubo un tiempo que me levantaba a las 6 de la mañana, trabajaba 8 horas, había varias horas de transporte público, y otras 6 horas de estudio en la Universidad. El tiempo no sobraba y apenas había correspondencia, pero siempre escuchaba Radio Rumanía: era el familiar lejano, era esa voz amiga con un timbre peculiar que siempre tenía un silloncito en la mesa camilla en donde la familia [en aquellos tiempos numerosa, mis padres tuvieron 6 hijos, aunque ellos murieron, tras más de 70 años de matrimonio, el pasado 2010 con apenas 9 meses de diferencia] compartían las horas de escucha que eran como una llamada a la reflexión.

 

Gracias a las descripciones de Radio Rumania Internacional creía estar en un entorno familiar al deambular por sus callejas y sus rincones plenos de sorpresas y autenticidad. Ese papel de presentación de la realidad rumana lo sigue teniendo RRI con sus atractivos, frescos y desenfadados programas que nos acercan la realidad y la belleza del histórico pueblo latino en medio de una isla eslava.

 

Por supuesto, uno no puede dejar de imaginar cómo estará el país tras los vertiginosos cambios que se han producido en las últimas décadas, aunque en lo más profundo uno quiere conservar en sus retinas las bellezas “congeladas” de sus ricos paisajes naturales y rincones históricos que tan magistralmente nos narran sus locutores. Estamos de acuerdo, los timbres de voz ya no suenan tan exóticos, aunque no dejan de ser un ejemplo enriquecedor del amplio abanico de gente competente que trabaja en una de las emisoras más importantes en el panorama radiofónico internacional. Tampoco dejará de ser interesante recorrer el pasado de la mano de alguno de los grandes nombres de la historia.

 

Imagino, en fin, que el edificio de la radio conserva la magia del pasado y, si algún día tengo la oportunidad de regresar podré encontrarme un pequeño museo de la radio, donde, a pesar de las modernas tecnologías, se conservarán no sólo fotografías de momentos históricos, sino de la realidad radiofónica de Rumania en estos noventa años de radiodifusión, amena y gratificante.

 

Que estos 90 años sean verdaderamente la esencia para el futuro de la radio en particular y del  pueblo rumano en general. ¡Ojalá podamos seguir disfrutando, cuando menos otras cuántas décadas de escucha! Significará que uno está vivo y que la radio no ha sido barrida por las nuevas tecnologías. ¡Que la onda corta, a pesar de todo, sigue siendo eso: LA ONDA MÁS DEMOCRÁTICA, LIBRE Y VOLADORA que el humano supo poner al servicio de la humanidad!

 

¡FELIZ DÍA DEL 90 ANIVERSARIO Y ENHORABUENA A TODOS POR HABER PODIDO CUMPLIR MÁS DE MEDIO SIGLO DE VIDA EN LA HISTORIA DE LA LENGUA ESPAÑOLA QUE NOCHE TRAS NOCHE PARTE DESDE BUCAREST PARA INFORMAR Y EDUCAR AL OYENTE EN LOS MÁS DISÍMILES RINCONES E IDIOMAS! Un abrazo a todos en Bucuresti, JUAN FRANCO CRESPO.

 

 

 

Ésta ha sido, queridos oyentes, la edición 2018 del programa especial Día del Oyente que RRI os dedica cada año. Soy V.S. y quisiera agradecer, primero, a nuestros colaboradores de hoy los materiales enviados y luego, a todos vosotros, queridos oyentes, la fidelidad y la atención dispensada.

                                               

-También os quiero recordar que todos vosotros sois importantes para nosotros, ya que  sin vuestras cartas, sin vuestro constante apoyo, la labor que estamos desarrollando aquí no tendría sentido. Sin sus oyentes RRI no existiría.

 

-Gracias por todo, amigos, Un cariñoso saludo y un fortísimo abrazo y ¡Hasta la próxima!

 

 


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Publicat: 2018-11-04 00:33:00
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