Desafíos de seguridad en los Balcanes
La guerra en Ucrania tiene un impacto significativo en la seguridad de los Balcanes, aunque la región no esté directamente involucrada desde el punto de vista militar. La guerra ha aumentado incluso los riesgos relacionados con la desinformación y la influencia externa.
Corina Cristea, 09.01.2026, 11:55
Iniciada hace casi cuatro años, la llamada “operación especial” de Moscú en Ucrania ha tenido un profundo impacto geopolítico, con efectos directos sobre los equilibrios de poder a escala regional y global. El conflicto ha provocado un fuerte deterioro de las relaciones entre Rusia y Occidente. Ha debilitado la posición estratégica de Moscú en Europa. Ha reforzado la cohesión de Occidente. Ha redefinido las prioridades de seguridad en el plano internacional. Estamos ante una de las fracturas más importantes del orden mundial desde el final de la Guerra Fría. Lo que ocurre en Ucrania tiene también un impacto significativo en la seguridad de los Balcanes, aunque la región no esté implicada directamente en el plano militar.
El director general del think tank independiente New Strategy Center, George Scutaru, analiza los desafíos de seguridad en los Balcanes, las implicaciones de la guerra en Ucrania y cómo se sienten, sobre todo, en la zona del mar Negro:
«Hablamos de tres planos. En primer lugar, el ámbito híbrido, porque la guerra en Ucrania no se limita a la acción cinética, estrictamente militar, sino que ha traído consigo numerosas operaciones híbridas en Europa, tanto en la región del mar Negro como en los Balcanes. Nos referimos aquí a la promoción de narrativas de desinformación destinadas a mantener una imagen positiva de Rusia, a pesar de que Rusia es un Estado agresor en Ucrania, y también a debilitar en algunos países el apoyo a Kiev. Me refiero a Estados como Croacia y Bulgaria, que tienen un papel importante en el suministro de determinados tipos de munición a Ucrania. En segundo lugar, existe una influencia histórica que Rusia ejerce en los Balcanes, apoyándose en el factor religioso, ortodoxo, y en el factor eslavo. Moscú mantiene todavía una influencia significativa en Bulgaria y en Serbia, y trata de conservarla en Bosnia y Herzegovina, a través del régimen de Dodik en la República Srpska, con el objetivo de poder abrir, de forma metafórica, un segundo frente, es decir, generar problemas adicionales a Occidente, de modo que tenga que gestionar no solo el apoyo a Ucrania, sino también otros riesgos de seguridad en la región».
El tercer elemento se refiere a la manera en que los Estados de la región deben hacer frente a los efectos colaterales, en particular los de carácter energético, explica el director general del New Strategy Center. La guerra en Ucrania ha puesto de relieve la vulnerabilidad de los países balcánicos frente a su dependencia de los recursos energéticos rusos. Las crisis de suministro y el aumento de los precios han intensificado las tensiones sociales y han dejado en evidencia la necesidad de diversificar las fuentes y las rutas energéticas. En este contexto, el mar Negro y los corredores energéticos del sudeste europeo adquieren una importancia estratégica creciente.
Vuelve con detalles George Scutaru:
«Algunos Estados miembros de la Unión Europea, como Bulgaria, han logrado reducir de forma significativa su dependencia del gas ruso y encontrar alternativas a las importaciones, pero Serbia sigue siendo un país dependiente de la energía procedente de Rusia. Existen también problemas de carácter económico que pesan sobre la región y, al mismo tiempo, observamos la creciente influencia de otros actores, como China, que adopta una estrategia mucho más gradual para ampliar su presencia política y económica, principalmente a través de inversiones, incluidas las que impulsa en los países balcánicos».
La valoración general es que la guerra no provocada en Ucrania no representa solo una crisis regional, sino un punto de inflexión en la evolución del orden mundial posterior a la Guerra Fría. ¿Cómo puede Rumanía aprovechar su posición estratégica en la región, no solo como Estado miembro de la OTAN y de la Unión Europea, sino también como promotor de estabilidad?
La explotación del gas del mar Negro, el desarrollo de infraestructuras de transporte energético y la interconexión con los Estados vecinos pueden reducir la dependencia regional de Rusia y reforzar la seguridad energética de los Balcanes. Al mismo tiempo, en el plano estratégico y militar, Rumanía puede contribuir a la estabilidad regional mediante el fortalecimiento del flanco oriental de la OTAN y una participación activa en las iniciativas de cooperación regional.
George Scutaru :
«En los Balcanes, Rumanía es un país que no arrastra conflictos históricos pendientes ni genera percepciones negativas. Eso representa una gran ventaja para nosotros. En segundo lugar, en el flanco oriental somos, junto con Turquía, el Estado más relevante desde el punto de vista militar. Evidentemente, no podemos compararnos con Turquía, que es la segunda fuerza militar de la Alianza, pero, aun así, a través de las capacidades que acumulamos año tras año, la relevancia militar de Rumanía sigue creciendo. Para nosotros es esencial evitar un escenario negativo en la evolución del frente ucraniano. El peor escenario posible sería una frontera directa con la Federación Rusa. Eso significaría que el frente ucraniano se habría visto gravemente comprometido y que Rusia tendría capacidad para superar Odesa y alcanzar las desembocaduras del Danubio».
Una hipótesis de este tipo, explica George Scutaru, implicaría que Rumanía tendría frontera directa con Rusia y, además, en ese escenario, añade, la Federación Rusa podría ocupar la República de Moldavia, ya que Moldavia no dispone de ejército y no cuenta con profundidad estratégica para absorber el impacto de una invasión.
Versión en español: Valeriu Radulian