Las pruebas PISA, ¿una radiografía de una generación?
En las pruebas PISA más recientes, Rumanía quedó antepenúltima entre los países de la Unión Europea. ¿Hasta qué punto es preocupante este resultado de los alumnos de 15 años? ¿Define realmente todo su potencial, es decir, el estado de toda una generación?
Roxana Vasile, 23.09.2026, 12:57
PISA (Programme for International Student Assessment) es la evaluación educativa internacional de mayor alcance, un estudio comparativo iniciado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) con el objetivo de medir las competencias básicas de los alumnos de 15 años en tres áreas principales: Lectura, Matemáticas y Ciencias. Además de medir las competencias básicas de los alumnos, PISA recopila igualmente información sobre las prácticas educativas de los países participantes en la evaluación y genera indicadores de alta calidad que permiten establecer comparaciones entre los distintos Estados y contribuyen a identificar las reformas necesarias en sus sistemas educativos.
En Rumanía, en las pruebas PISA 2025, cuyos resultados se publicaron a comienzos de este otoño, participaron 10.000 alumnos de 15 años de unos 320 colegios e institutos, tanto de zonas urbanas como rurales. En comparación con la evaluación anterior, los resultados obtenidos indican una evolución relativamente estable en Ciencias y Matemáticas, pero un descenso pronunciado en Lectura. En Matemáticas, solo el 48 % de los alumnos rumanos alcanzó el nivel básico mínimo (frente al 65 % de media de la OCDE); en Lectura, el 52 % (frente al 69 % de media de la OCDE); y en Ciencias, el 54 % (frente al 74 % de media de la OCDE). En el extremo opuesto, la proporción de alumnos rumanos con un rendimiento elevado siguió siendo extremadamente baja: apenas el 4 % en Matemáticas, el 2 % en Ciencias y el 1 % en Lectura. Los datos de PISA 2025 también confirmaron una marcada desigualdad socioeconómica, con una desventaja especialmente concentrada en los centros educativos de las zonas rurales. De hecho, según la OCDE, Rumanía se encuentra entre los 10 países, de un total de más de 90, en los que la desigualdad entre centros escolares alcanza uno de los niveles más elevados.
Invitado en Radio Rumanía, el profesor Marian Staş, experto en educación y presidente de la Asociación «Clubul Liderii Mileniului Trei», considera que hacer referencia a las pruebas PISA es absolutamente necesario:
«Evidentemente, ni las notas, ni las clasificaciones, ni la posición en sí misma son relevantes, porque no hacemos escuela para quedar bien en PISA. Pero PISA representa una consecuencia, un efecto de una causa muy, muy, muy profunda: la inadecuación fundamental de la escuela rumana, como sistema, a las realidades del siglo XXI».
El veredicto es duro, pero se basa en una realidad cruda. Aunque en los últimos casi 40 años se han llevado a cabo numerosas reformas en el sistema educativo rumano, muy pocas han dado frutos. Pero escuchemos de nuevo a Marian Staş:
«Por desgracia, en nuestro caso, el analfabetismo funcional —leo y no sé qué estoy leyendo, no entiendo— y el analfabetismo matemático son las causas de un efecto mucho más profundo: el hecho de que la escuela, en realidad, fomenta enormemente el analfabetismo lógico. Estos niños no aprenden en la escuela a pensar, no tienen la mente abierta. Estadísticamente hablando, no existen componentes educativos ni procesos de enseñanza que les permitan abrir la mente, comprender qué es causa y qué es efecto, cómo interpretar las cosas y demás…Si fuera cínico, diría que el país te quiere ignorante, sin comillas. No estoy bromeando en absoluto cuando digo que se trata de una combinación infernal de sindicalismo, impostura e incompetencia política y de políticas públicas…»
Un sistema mal diseñado implica también enormes discrepancias y desigualdades socioeconómicas y demográficas, así como desigualdades en la asignación de recursos en distintos entornos – urbano, semiurbano, rural, etc.
¿Cuál sería la solución para corregir esta situación, desde el punto de vista del profesor Marian Staş, experto en educación y presidente de la Asociación «Clubul Liderii Mileniului Trei»?
«Si me preguntaran cómo hacerlo de otra manera, las dos intervenciones esenciales serían las siguientes: una desde dentro, mediante un rediseño y una transformación estructural de la escuela como sistema, y la segunda, mediante la transformación de la arquitectura administrativo-territorial de Rumanía. Es imposible que la Rumanía del siglo XXI funcione de manera eficiente en todos los niveles con un mapa administrativo-territorial diseñado hace 50 años. ¿Cómo puede seguir siendo válido y producir buenos resultados en la economía, en la sanidad, en la educación, en las infraestructuras y demás? ¡Por el amor de Dios, estamos en 2026, en el siglo XXI!»
A falta de reformas reales y profundas, ¿pueden los actuales alumnos de 15 años alcanzar un nivel que les permita hacer frente a las exigencias del mercado laboral de los próximos años? Para Marian Staş, la respuesta es «no»:
«¿Pueden convertirse en buenos profesionales? No, por supuesto. Claro que el 1, el 2, el 3 o el 5 % pueden llegar a serlo, pero el 90 % no, porque no reciben la educación que deberían recibir. La Sanidad cura, la Defensa protege, pero el único generador de recursos humanos, de una calidad u otra, es la Educación, por definición».
En una palabra, las pruebas PISA son un termómetro académico y social extremadamente importante. Indican si una generación cuenta con las herramientas intelectuales básicas para ser competitiva en el mercado laboral. Sin embargo, también es cierto que estas pruebas no pueden definir todo el potencial humano, cultural o social de los jóvenes evaluados, es decir, el «estado de una generación». Una generación es mucho más que sus competencias en lectoescritura, matemáticas y ciencias. Una generación se define también por su cultura, sus valores, su inteligencia emocional y su capacidad de adaptación, aspectos que van más allá del ámbito de las pruebas estandarizadas.
Versión en español: Brigitta Pană