Los rumanos mantienen una larga relación con los turcos, que se remonta a la llegada de estos a Europa. Tras la independencia de Rumanía del Imperio Otomano en 1877, las relaciones bilaterales se restablecieron y, en el siglo XX, se convirtieron en una de las amistades regionales más sólidas del sudeste de Europa.
Más de dos años después de la invasión rusa en Ucrania y de las primeras oleadas de refugiados ucranianos que encontraron a Rumanía desprevenida, pero con muchas ganas de ayudar, ya se han desarrollado herramientas para la integración de estas personas a largo plazo.