De regreso al país tras su éxito en Cannes, Cristian Mungiu aprovechó la atención generada por su nuevo premio para volver a poner de relieve los problemas crónicos del cine rumano. El director afirma que, si bien las películas rumanas siguen ganando premios internacionales, la infraestructura y la financiación del sector se han mantenido prácticamente inalteradas en las últimas dos décadas.