La miscelánea: Las historias de los antiguos balnearios de Rumanía
Hoy conoceremos la historia de Băile Herculane, Sovata y Slănic Moldova, tres de los balnearios más emblemáticos del país.
Brigitta Pana, 27.07.2026, 13:45
Cuando se habla de balnearios históricos en Rumanía, hay un nombre que aparece siempre en primer lugar. Băile Herculane. Situada en el valle del río Cerna, en el suroeste del país, esta localidad es considerada una de las estaciones termales más antiguas de Europa. La primera referencia documentada data del año 153 después de Cristo, durante la ocupación romana de Dacia. Los romanos descubrieron las fuentes termales de la zona y construyeron aquí complejos de baños que rápidamente adquirieron fama en todo el imperio. La localidad era conocida como “Ad Aquas Herculi Sacras”, es decir, “Las Aguas Sagradas de Hércules”. El nombre hacía referencia al héroe mitológico romano que protegía las aguas termales y al que se atribuyeron poderes curativos. Los arqueólogos han encontrado inscripciones, monedas, esculturas y restos de antiguas termas que demuestran la importancia del lugar durante la época romana. Incluso miembros de la aristocracia imperial visitaban estas aguas en busca de tratamiento y descanso. Sin embargo, tras la retirada romana de Dacia en el siglo III, el balneario entró en una larga etapa de declive. Pasaron muchos siglos hasta que el lugar recuperó su prestigio. Ese renacimiento llegó durante el siglo XVIII, cuando Banato pasó a formar parte del Imperio de los Habsburgo. A partir de 1718 comenzaron importantes trabajos de reconstrucción y modernización. Los arquitectos austríacos diseñaron elegantes edificios de estilo barroco, hoteles, pabellones de baño y paseos arbolados que transformaron completamente la localidad. Poco a poco, Băile Herculane se convirtió en uno de los centros termales más prestigiosos de Europa Central. Los visitantes llegaban desde Viena, Budapest y otras grandes ciudades imperiales. Las aguas sulfurosas y minerales eran utilizadas para tratar enfermedades reumáticas, problemas respiratorios y afecciones neurológicas. Pero además del tratamiento médico, el balneario ofrecía algo igualmente importante para la élite europea: prestigio social. Durante el siglo XIX, pasar una temporada en un balneario elegante era una costumbre habitual entre las clases altas. Y Băile Herculane estaba entre los destinos favoritos. Uno de sus visitantes más famosos fue el emperador Francisco José de Austria. Durante una visita realizada en 1852, el monarca quedó tan impresionado que describió el lugar como “la estación termal más hermosa del continente”. Aquella frase se convirtió en parte de la leyenda de la ciudad. También visitó la localidad la emperatriz Isabel de Austria, más conocida como Sissi. La emperatriz pasó varias semanas en Herculane durante 1887. Los médicos le habían recomendado las aguas termales debido a problemas reumáticos. Durante su estancia realizó largas caminatas por las montañas cercanas y escribió sobre la belleza del paisaje en sus diarios personales. Las fotografías de la época muestran una ciudad elegante, llena de jardines, hoteles lujosos y edificios inspirados en la arquitectura imperial austríaca. Era un mundo de bailes, conciertos, conversaciones políticas y tratamientos de salud. Un verdadero centro de vida social.
A cientos de kilómetros hacia el norte encontramos otro lugar extraordinario, Sovata. Ubicada en el actual distrito de Mureș, en el corazón de Transilvania, Sovata posee una característica única que la distingue de prácticamente cualquier otro balneario europeo. Sus lagos salados heliotérmicos. La palabra heliotérmico describe un fenómeno natural muy raro. El agua salada profunda acumula calor solar y queda protegida por una capa superficial de agua dulce. Como consecuencia, la temperatura aumenta a determinadas profundidades, generando un auténtico efecto natural de calentamiento. El lago más famoso es el Lago Ursu, o Lago del Oso. Considerado el lago heliotérmico más grande de Europa, se convirtió en la principal atracción de la región. Aunque la zona era conocida desde finales del siglo XVI por sus propiedades curativas, Sovata comenzó a desarrollarse oficialmente como estación balnearia alrededor de 1850. La segunda mitad del siglo XIX fue una época de crecimiento acelerado. Se construyeron hoteles, villas de verano, centros médicos y paseos para los visitantes. La belleza del paisaje también contribuyó a su éxito. La localidad está rodeada por colinas boscosas y posee un clima suave, con veranos relativamente frescos. A diferencia de otros balnearios centrados únicamente en el tratamiento médico, Sovata combinó desde el principio salud y turismo. Los visitantes llegaban tanto para recibir terapias como para disfrutar del entorno natural. Las aguas saladas y los lodos minerales adquirieron fama especialmente en el tratamiento de enfermedades reumáticas y ginecológicas. Durante el período austrohúngaro y posteriormente durante la época de Rumanía moderna, Sovata se consolidó como uno de los destinos de verano más apreciados de Transilvania. Incluso hoy conserva parte de aquella atmósfera elegante. Muchas villas históricas siguen en pie, recordando una época en la que los balnearios eran lugares de encuentro para artistas, médicos, intelectuales y viajeros de toda Europa Central.
Y ahora viajamos hacia Moldavia, en el este de Rumanía. Nuestro destino es Slănic Moldova, a menudo llamada “la perla de Moldavia”. La historia de esta localidad comenzó oficialmente en 1801, cuando fue descubierta una fuente de agua mineral por Mihalache Spiridon, un funcionario local conocido en la región como serdar. El descubrimiento despertó rápidamente el interés de médicos y científicos. A medida que se realizaban análisis químicos de las aguas, aumentaba la reputación del lugar. Las propiedades terapéuticas resultaban especialmente útiles para tratar enfermedades digestivas, hepáticas y metabólicas. Durante las primeras décadas del siglo XIX comenzaron a establecerse familias alrededor de las fuentes minerales. El asentamiento creció progresivamente. En 1840 apareció por primera vez en los mapas con el nombre de “Los Baños de Slănic”. Más tarde se construyeron los primeros edificios destinados a recibir visitantes. Y a finales del siglo XIX comenzaron a funcionar instalaciones balnearias modernas. La localidad se desarrolló siguiendo el modelo de los grandes balnearios europeos. Avenidas para pasear, parques, hoteles, casinos, salones de reunión. Todo pensado para una clientela que buscaba salud y ocio al mismo tiempo. Precisamente uno de los símbolos de Slănic Moldova fue su casino. Como ocurría en muchas estaciones termales europeas, el casino representaba mucho más que un lugar de juego. Era un centro social. Un espacio para conciertos, encuentros culturales y reuniones de la alta sociedad. Durante las primeras décadas del siglo XX, la localidad alcanzó uno de sus momentos de mayor prosperidad. Los visitantes llegaban atraídos por la calidad de las aguas minerales y por la tranquilidad de los montes Cárpatos Orientales.
Existe un elemento común en las historias de Herculane, Sovata y Slănic Moldova. Y ese elemento es la relación entre salud y sociedad. Durante los siglos XVIII, XIX y principios del XX, los balnearios no eran únicamente centros médicos. Eran espacios donde se mezclaban la ciencia, la cultura y la vida social. Los médicos investigaban las propiedades químicas de las aguas. Los arquitectos diseñaban edificios monumentales. Los músicos ofrecían conciertos. Los escritores encontraban inspiración. Y las familias acomodadas acudían para pasar largas temporadas. En cierta forma, estos lugares funcionaban como pequeños universos culturales. El balneario era una experiencia completa. Una combinación de bienestar físico, naturaleza y vida intelectual. Con la llegada del siglo XX, las guerras y los cambios políticos transformaron profundamente estos lugares. Las dos guerras mundiales alteraron las rutas turísticas tradicionales. Posteriormente, durante el período comunista, muchas estaciones balnearias fueron integradas dentro del sistema estatal de salud. Millones de ciudadanos recibieron tratamientos subvencionados en centros termales de todo el país. Rumanía llegó a contar con más de setenta localidades balnearias y posee más de un tercio de los manantiales minerales y termales de Europa. Sin embargo, el cambio de sistema político después de 1989 generó nuevos desafíos. Muchos edificios históricos quedaron abandonados. La falta de inversiones provocó el deterioro de hoteles, casinos y antiguos pabellones de tratamiento. Quizás el caso más conocido sea precisamente el de Băile Herculane. Durante décadas, numerosos edificios históricos sufrieron un progresivo estado de abandono que llamó la atención de arquitectos, historiadores y organizaciones dedicadas a la conservación del patrimonio. Afortunadamente, en los últimos años han surgido iniciativas de restauración y protección destinadas a recuperar parte de este legado. Porque más allá de su función turística, estos lugares representan capítulos fundamentales de la historia europea. Hoy, cuando un visitante camina por las calles de Herculane, contempla los lagos de Sovata o recorre los parques de Slănic Moldova, no solamente observa paisajes hermosos. También recorre siglos de historia. Historia romana. Historia imperial. Historia médica. Historia cultural. Cada edificio antiguo, cada fuente mineral y cada sendero guarda recuerdos de generaciones enteras que buscaron aquí salud, descanso y esperanza. Y quizás esa sea la razón por la cual estos lugares continúan fascinándonos.