Para los comunistas, las personas más valiosas de una sociedad —y que se oponían a ellos— eran sus principales enemigos. Los campesinos más trabajadores, más respetados y más cultos fueron las primeras víctimas en las aldeas tras el establecimiento del régimen. Denominados despectivamente «chiaburi», con una palabra de origen turco, fueron calumniados, despojados de sus bienes o encarcelados.