Los «chiaburi», enemigos de clase en la Rumanía comunista
Para los comunistas, las personas más valiosas de una sociedad —y que se oponían a ellos— eran sus principales enemigos. Los campesinos más trabajadores, más respetados y más cultos fueron las primeras víctimas en las aldeas tras el establecimiento del régimen. Denominados despectivamente «chiaburi», con una palabra de origen turco, fueron calumniados, despojados de sus bienes o encarcelados.
Steliu Lambru, 08.06.2026, 13:39
Entre las palabras que el régimen comunista utilizó para designar a sus adversarios, pocas tuvieron una trayectoria tan singular como «chiabur». Incorporada al rumano a través del turco, parece proceder del árabe kibār, plural de «grande», «importante», «notable» o «sabio». Con una fuerte carga ideológica, el término adquirió un sentido peyorativo y fue utilizado contra los campesinos que se oponían a la política económica impulsada por el gobierno comunista instaurado bajo la influencia de la Unión Soviética el 6 de marzo de 1945.
Tradicionalmente, los llamados «chiaburi» representaban la élite de las aldeas rumanas, aunque antes de la llegada de los comunistas nadie los conocía con ese nombre. Sin embargo, la ideología amplió artificialmente el significado socioeconómico del término e incluyó también a campesinos que disponían de algunas propiedades, pequeños propietarios y comerciantes rurales. Los chiaburi eran además «enemigos del pueblo», otra expresión característica del lenguaje político de los años cincuenta, aplicada a un grupo mucho más amplio de personas.
Según la propaganda comunista, los chiaburi eran considerados traidores porque no entregaban las cuotas obligatorias al Estado, ocultaban alimentos durante los años de escasez, especulaban y conspiraban contra el régimen. La campaña emprendida por el gobierno comunista contra las personas más trabajadoras y prósperas del mundo rural terminó convirtiéndose en una lucha contra quienes destacaban por su esfuerzo y capacidad.
En los años noventa, el Centro de Historia Oral de la Radiodifusión Rumana desarrolló un proyecto de entrevistas en el medio rural sobre el proceso de sovietización, en el que la figura del chiabur ocupó un lugar destacado. Ion Agrigoroaiei, historiador de Iași, recordaba en 1995 lo que significaba, durante los años cincuenta, no tener un expediente político favorable o ser hijo de un chiabur.
«Era la época en la que los hijos de los chiaburi eran vigilados. Algunos eran considerados chiaburi porque tenían un alambique para destilar aguardiente y pagaban a una persona para que les ayudara a producir alcohol. Otros eran hijos de sacerdotes y también sufrieron las consecuencias, tanto durante sus estudios universitarios como a la hora de recibir un destino profesional. Por ejemplo, se les cerraba el acceso a la enseñanza superior. Esta restricción se mantuvo durante años. Tuve un compañero que hoy es un distinguido profesor de lengua rumana en el Liceul Internat. Incluso obtuvo el doctorado, pero tuvo que marcharse al campo porque no tenía el expediente que exigían las autoridades.»
El ingeniero Vlad Nisipeanu fue militante comunista desde la época de la clandestinidad, antes de 1945. Como tal, asistió a la campaña de colectivización de las aldeas y fue testigo de cómo se fabricaban los chiaburi. En 1999 reconocía el carácter absurdo de muchas de las situaciones que presenció.
«Algunas personas preguntaban: “¿Qué chiabur soy yo? ¿Qué significa eso de chiabur?”. Les respondían que un chiabur era una persona acomodada. Entonces volvían a preguntar: “¿Acaso no debería apoyarse uno precisamente en el campesino que prospera gracias a su trabajo? ¿Hay que apoyarse en quien no trabaja y es pobre porque no trabaja?”. Había personas muy pobres porque realmente no tenían recursos. Pero otras lo eran porque eran perezosas. Quienes trabajaban eran catalogados con gran facilidad como chiaburi y era una auténtica desgracia aparecer en aquellas listas. ¿Y qué significaba eso? Que debían entregar gratuitamente al Estado grandes cantidades de lana, leche, carne, trigo o maíz. Si no cumplían las cuotas fijadas por las autoridades, les confiscaban todo. Y si no tenían tierras que quitarles, acababan detenidos. Así convertían en chiaburi a personas completamente inocentes. ¿Qué se les reprochaba? Que tenían un alambique para hacer aguardiente. ¿Y qué tenía eso de extraordinario? Era una tontería. Pero entonces pasabas a ser un chiabur, un explotador. En cada comuna apenas había una o dos personas que poseían una trilladora. Para las autoridades, aquello los convertía en grandes capitalistas. Les confiscaban la máquina y la destruían. Lo mismo ocurría con quienes tenían un molino. Había aproximadamente un molino cada dos o tres comunas. También se lo confiscaban.»
Petre Gherman, vecino de la comuna de Cobadin, en el distrito de Constanța, fue considerado oficialmente un chiabur. En 1999 explicaba cómo había adquirido esa etiqueta y cómo la propia gente del pueblo alimentaba el estigma que terminó aislándolo del resto de la comunidad.
«Yo no entré en la cooperativa agrícola porque me clasificaron como chiabur. ¡Imagínese! Quien me convirtió en chiabur fue un hombre llamado Bucur. Era un maleante de aquí, del pueblo, y el régimen lo incorporó al ayuntamiento. Él se consideraba activista del partido, pero en realidad se encargaba de las labores de recaudación. Iba de un lado a otro diciendo esto o aquello sobre cada vecino. En una reunión dijo sobre mí: “Tenemos que declararlo chiabur”. Hubo otro, llamado Bozdoc, que hizo lo mismo. Y al final me declararon chiabur. Cuando regresaron de una reunión celebrada en el centro del pueblo me dijeron: “¿Sabes que te han declarado chiabur?”. Yo les pregunté: “¿Cómo pueden hacer eso?”. Y me respondieron: “Pues ya lo han hecho. Dicen que antes te dedicabas al comercio y que hiciste esto y aquello”. Después, cuando caminaba por el pueblo y alguien me veía, me gritaba: “¿Qué haces, chiabur?”. Yo le preguntaba por qué me llamaba así. Y me respondía: “Si te han declarado chiabur, tengo que llamarte chiabur”.»
Los chiaburi fueron las personas de las aldeas rumanas anteriores a 1945 que construyeron comunidades. Trabajaron sus tierras, levantaron casas y caminos, formaron familias, crearon negocios, pagaron impuestos y derramaron su sangre en defensa y en la construcción de Rumanía durante las dos guerras mundiales.
Por todo ello fueron castigados por el régimen comunista, un régimen que, por encima de todo, se proclamaba humanista.
Versión en español: Valeriu Radulian