La calidad de vida de los rumanos
El 37 % de los rumanos está insatisfecho con su calidad de vida cotidiana, una cifra muy superior a la media europea, que es del 17 %.
Roxana Vasile, 21.10.2026, 13:53
La calidad de vida mide el grado general de bienestar, comodidad y felicidad de una persona en la sociedad, por lo que es, en consecuencia, un concepto pluridimensional y complejo.
Cuando hablamos de calidad de vida, nos referimos, por supuesto, en primer lugar, a la salud física y psíquica: el bienestar biológico, la ausencia de dolor o de enfermedades crónicas, la energía diaria, el equilibrio emocional y la salud mental. Pero tener una vida de calidad implica también contar con condiciones materiales: unos ingresos dignos, seguridad económica, acceso a alimentos, ropa y una vivienda adecuada. Además, son importantes las relaciones sociales y el entorno: las interacciones con la familia, los amigos y toda la comunidad. La calidad de vida abarca, en igual medida, la satisfacción profesional, pero también el equilibrio entre la vida personal y la profesional. En esta ecuación también entran en juego la confianza en las instituciones y la calidad de los servicios públicos.
En Rumanía, la calidad de vida se caracteriza por un fuerte contraste entre el crecimiento económico general registrado tras la Revolución anticomunista de 1989 —es decir, en los últimos 35 años aproximadamente—, la satisfacción declarada de algunos segmentos de la población y el retraso respecto a la media de la Unión Europea.
La última encuesta del Parlamento Europeo, publicada a mediados de este año, revela que el 63 % de los rumanos se declaran satisfechos con su calidad de vida, mientras que la media europea es del 83 %. De entre aquellos que no echan en falta nada en cuanto a calidad de vida, la mayoría cuenta con un alto nivel de estudios.
Por otro lado, el 37 % de los habitantes de Rumanía están insatisfechos con su vida cotidiana, una cifra muy por encima de la media europea, que es de solo el 17 %. ¿Qué diferencia la calidad de vida de un rumano de la de un europeo occidental? El académico Cătălin Zamfir, sociólogo y director del Instituto de Investigación sobre la Calidad de Vida de la Academia Rumana, cree que la culpa la tienen, en parte, las políticas públicas:
«Las diferencias económicas son muy grandes, e incluso se están acentuando. Ahora bien, las diferencias económicas explican también las diferencias en materia de salud, educación etcétera. Por otro lado, a esto se ha sumado un déficit en materia de política social. El sistema sanitario tiene graves problemas, la educación tiene graves problemas, y el déficit en investigación científica ha contribuido a ello, ya que todos los datos indican que Rumanía ocupa el último o penúltimo lugar en financiación de la investigación científica, con grandes diferencias respecto a los demás países que también han pasado por una transición».
Cuando se les pregunta qué podría mejorar su calidad de vida, la mayoría de los rumanos responden que se necesitan soluciones para mejorar su situación económica. El poder adquisitivo y el nivel de ingresos siguen estando por debajo de la media europea, y la inflación y el coste de la vida ejercen una gran presión sobre los hogares. Pero también señalan, en igual medida, los servicios sanitarios, la infraestructura hospitalaria y el acceso a tratamientos de calidad, que muchos consideran deficientes.
Los rumanos siguen percibiendo con gran intensidad que la baja tasa de natalidad y el envejecimiento de la población ejercen una presión cada vez mayor sobre el mercado laboral y el sistema de pensiones. También perciben la existencia de una enorme brecha entre el medio urbano y el rural, donde la población de edad avanzada con bajos ingresos se enfrenta a una pobreza a veces extrema y a la falta de servicios básicos. De nuevo, el académico Cătălin Zamfir:
«En los últimos treinta y tantos años, las diferencias económicas y sociales entre las distintas zonas de Rumanía se han acentuado drásticamente; esa es la causa propiamente dicha. Hasta 1989, la política comunista tenía como objetivo un cierto desarrollo, digamos, equilibrado entre las distintas zonas. La política de transición ha acentuado enormemente la diferencia entre ellas».
Todo ello contribuye a una mejor o, en su caso, a una peor calidad de vida: la salud, el acceso a los servicios y tratamientos, la alimentación, la calidad del aire y del agua, la contaminación, el estrés, las condiciones laborales y de vida. Sin embargo, en Rumanía siguen existiendo numerosas deficiencias en las políticas aplicadas en estos ámbitos. El director del Instituto de Investigación sobre la Calidad de Vida de la Academia Rumana:
«Lo dramático es que hay desequilibrios en todos los ámbitos y la mejor política, en mi opinión, es un enfoque equilibrado del crecimiento —tanto económico como educativo, sanitario y de investigación científica— y una mayor atención a la promoción, digamos, de la sabiduría de vida, es decir, esa sabiduría antigua que ponía un gran énfasis en la sabiduría personal».
Porque —según el académico Cătălin Zamfir— al fin y al cabo, lo importante no es solo cuántos años vivimos, sino sobre todo cómo vivimos. Y uno de los principales recursos de la calidad de vida es la sabiduría individual:
«La forma en que las personas conciben su propia vida, el estilo de vida que eligen, influye mucho, ya que los estilos de vida actuales plantean grandes dificultades. Es cierto que los problemas económicos y las políticas sociales también han contribuido a la desorganización de la capacidad de las personas para reflexionar sobre sus propios estilos de vida, pero debemos conceder una gran importancia al estilo de vida, a la forma en que las personas utilizan los recursos limitados de que disponen».
Lo ideal para una vida plena —afirma el académico Cătălin Zamfir— sería volver a la sabiduría antigua que sitúa la calidad de vida en el interior del ser humano, definiéndola no por la acumulación de bienes materiales, sino por el cultivo del carácter, el equilibrio mental y las relaciones armoniosas. La moderación y el camino del medio; la paz interior y la aceptación tal y como son de aquellas cosas que no podemos controlar (el tiempo, la economía o las acciones de los demás); el cultivo de la amistad y el disfrute de los placeres sencillos, así como el equilibrio entre la mente, el cuerpo y la naturaleza: todas estas intuiciones antiguas sobre la calidad de vida se ven confirmadas por la ciencia moderna.
La psicología positiva, las neurociencias y los estudios médicos modernos demuestran que la reducción del estrés, una alimentación moderada, la actividad física y las relaciones sociales profundas son los pilares de una vida larga y de calidad.
Versión en español: Monica Tarău