Debates sobre una Europa a varias velocidades
El ministro de Finanzas alemán propone la creación de un núcleo formado por las seis economías más sólidas de la Unión, núcleo que avanzaría más rápidamente hacia la consolidación de la soberanía, la resiliencia y la competitividad de la UE. No es la primera vez que se analiza la opción de una Europa a dos velocidades.
Corina Cristea, 13.02.2026, 12:05
La idea de una Europa a dos velocidades no es nueva. Desde hace años forma parte del debate sobre el futuro de la Unión Europea y sobre la capacidad del proyecto comunitario de adaptarse a un entorno cada vez más competitivo e incierto. Parte de una realidad evidente: los Estados miembros no avanzan al mismo ritmo ni comparten el mismo nivel de desarrollo.
La propuesta implicaría la configuración de un núcleo, integrado principalmente por economías consolidadas de Europa occidental, que avanzaría con mayor rapidez en ámbitos como la integración económica, fiscal o incluso militar, mientras otros Estados quedarían en un círculo exterior, con un proceso de integración más gradual.
Sus defensores sostienen que este modelo permitiría evitar bloqueos en la toma de decisiones. En una Unión de 27 países con intereses diversos, la adopción rápida de políticas comunes resulta a menudo compleja. Si se permite que los Estados preparados para avanzar lo hagan sin esperar a los demás, la Unión podría volverse más eficaz, más competitiva y mejor posicionada frente a los desafíos globales.
Sus detractores, en cambio, advierten del riesgo de fractura interna. Una Europa a dos velocidades podría acentuar las diferencias entre Este y Oeste, entre economías más sólidas y países menos desarrollados.
El debate ha cobrado nuevo impulso a partir de la idea de que, para sobrevivir en un contexto geopolítico cada vez más imprevisible, Europa necesita fortalecerse y ganar resiliencia, ya que mantener la situación actual no parece una opción viable. En este marco, el ministro alemán de Finanzas, Lars Klingbeil, ha propuesto la formación de un núcleo de seis Estados que avancen con mayor rapidez en políticas estratégicas, con el objetivo de reforzar la economía y la autonomía del bloque comunitario, así como de consolidar la soberanía, la resiliencia y la competitividad europeas. Se trataría de Alemania, Francia, España, Italia, Polonia y Países Bajos.
El diplomático Ovidiu Dranga, exembajador de Rumanía, considera que el debate no puede limitarse únicamente a la competitividad.
«Plantear la cuestión de la competitividad es oportuno, pero no es el único aspecto que debe abordarse cuando se habla de una Europa a varias velocidades. También debemos pensar en la seguridad y en otras dimensiones que podrían reforzar la relevancia de Europa en una competencia global cada vez más exigente, donde los equilibrios cambian casi de un año a otro. Una Europa más resiliente es una Europa más consciente de los riesgos actuales y, sobre todo, de su posición frente a actores globales clave, en primer lugar en la relación con Estados Unidos. A mi juicio, resiliencia no significa distanciarse de América; al contrario, implica una mayor atención a lo que ocurre en Estados Unidos y a la postura de la actual Administración en materia de seguridad global.»
Según Reuters, que cita una carta remitida por el ministro alemán de Finanzas a sus cinco homólogos, la propuesta alemana se articula en cuatro ejes: impulsar la unión de los mercados de capitales, reforzar el papel internacional del euro, coordinar mejor las inversiones en defensa y garantizar el acceso a materias primas estratégicas.
El plan prevé acelerar la creación de la Unión de Ahorro e Inversión para mejorar las condiciones de financiación de las empresas europeas. También apuesta por fortalecer el euro como moneda de referencia internacional, sustentada en la estabilidad y el Estado de derecho, reducir la carga burocrática y consolidar la soberanía en el ámbito de los pagos.
En materia de defensa, Berlín aboga por una cooperación más estrecha entre los Estados miembros y por situar la defensa como una prioridad clara en el próximo marco financiero plurianual de la UE, con la intención de convertirla también en un motor de crecimiento económico. Asimismo, propone reforzar la seguridad de las cadenas de suministro de minerales críticos mediante alianzas estratégicas con socios internacionales.
Ovidiu Dranga advierte, no obstante, que cualquier paso hacia una Europa a varias velocidades exige una extrema cautela política.
«Un debate sobre una Europa a dos velocidades es comparable, en relevancia, al que se produjo en torno a la Constitución europea, un proyecto que terminó fracasando al no superar el voto ciudadano en varios Estados miembros clave. No creo que estemos en ese punto. No parece existir una masa crítica suficiente en la mayoría de los países para adoptar una decisión de esta magnitud. Debemos preguntarnos qué tipo de Europa queremos en los próximos 10 o 20 años: una Europa más integrada y capaz de desempeñar un papel geopolítico de primer nivel, o una Europa que asuma un papel menos determinante en la competencia global, quizá en un tándem replanteado y equilibrado con Estados Unidos.»
Por ahora, concluye el exembajador, resulta prematuro anticipar hasta qué punto la idea de una Europa a varias velocidades podrá traducirse en decisiones concretas.
Versión en español: Valeriu Radulian