Los rumanos y el desperdicio de alimentos
En Rumanía, cada año se tiran a la basura toneladas de alimentos.
Mihai Pelin, 11.09.2026, 12:26
Rumanía se enfrenta a una paradoja difícil de ignorar: cada año se tiran a la basura millones de toneladas de alimentos, mientras que una parte importante de la población tiene dificultades para asegurarse la alimentación. Más de 3,45 millones de toneladas de alimentos acaban en la basura cada año, en un contexto en el que más del 27 % de la población de Rumanía se encuentra en riesgo de pobreza o exclusión social, según los datos publicados por la Federación de Bancos de Alimentos de Rumanía (FBAR). Esto significa que cada minuto acaba en la basura un camión lleno de comida.
«El mes de septiembre se reconoce a nivel mundial como el mes dedicado a la sensibilización y la lucha contra el desperdicio de alimentos; sin embargo, para Rumanía, este otoño tiene un doble significado. Se cumplen diez años desde que se implantó por primera vez en nuestro país el concepto de banco de alimentos con la creación del Banco de Alimentos de Bucarest. «Este hito histórico representa el momento ideal para analizar una realidad dolorosa, pero también para presentar la única solución estructural, logística y legal que lleva funcionando ininterrumpidamente desde hace una década», afirman los representantes de la FBAR.
Según estas, las empresas del sector agroalimentario que tengan excedentes de existencias, productos con defectos estéticos en el envase o mercancías próximas a la fecha de caducidad, pero perfectamente aptas para el consumo, pueden transferirlas de forma gratuita a la red de Bancos de Alimentos. De este modo, las empresas se benefician de una deducción fiscal total y de la exención del IVA. Una vez recogidos, los productos se transportan rápidamente en furgonetas frigoríficas, lo que garantiza el mantenimiento de la cadena de frío para los alimentos sensibles (lácteos, carne, verduras y frutas frescas).
En los nueve almacenes regionales de Rumanía, los equipos de los Bancos de Alimentos clasifican, comprueban la trazabilidad e inventarían cada producto de acuerdo con la normativa sanitaria y veterinaria vigente. A continuación, los alimentos se entregan de forma organizada y gratuita a las ONG colaboradoras inscritas en la red, que los transforman en comidas calientes o paquetes de ayuda para niños de centros de día, personas mayores que viven solas o familias que atraviesan momentos críticos.
Según los datos oficiales, a lo largo del año pasado, la Red salvó del desperdicio más de 10.000 toneladas de alimentos, que se transformaron en 20 millones de raciones, distribuidas con el apoyo de 183 empresas donantes a más de 850 ONG colaboradoras, lo que ayudó al menos a 326.000 personas vulnerables. Sin embargo, el volumen recuperado representa solo una pequeña parte de las más de 3,45 millones de toneladas de alimentos que se desperdician cada año. La diferencia pone de manifiesto la gravedad del problema, pero también la posibilidad de aumentar la recuperación y la redistribución.
Reducir el desperdicio no resuelve por sí solo el problema de la pobreza, pero puede acercar dos realidades que coexisten: las grandes cantidades de alimentos que se desperdician y la necesidad de ayuda de una parte significativa de la población. Cada tonelada que se salva supone menos comida perdida y más productos que pueden llegar a las personas que necesitan ayuda.
Versión en español: Monica Tarău