Vacaciones en el Parque Nacional Domogled- Valle del Cerna
Situado en la confluencia de formaciones geológicas espectaculares, el Parque Nacional Domogled-Valea Cernei es el espacio protegido más extenso de Rumanía, un auténtico santuario de la biodiversidad. Se trata de un destino excepcional, elegido cada año por miles de turistas por sus paisajes, que pueden explorarse siguiendo rutas homologadas. Estas rutas revelan fenómenos geológicos poco comunes, aldeas aisladas en las cimas o cuevas termales. Además, se puede admirar una valiosa flora endémica, simbolizada por el famoso pino negro del Banato.
Daniel Onea, 19.03.2026, 14:35
Situado en la confluencia de relieves espectaculares, el Parque Nacional Domogled–Valle del Cerna es el más grande de Rumanía y un verdadero santuario de biodiversidad. Cada año es elegido por miles de turistas por sus paisajes, que pueden recorrerse a través de rutas señalizadas. Estas permiten descubrir fenómenos geológicos poco comunes, aldeas aisladas en las cumbres o cuevas termales. Además, el parque alberga una flora endémica valiosa, representada por el emblemático pino negro de Banato.
Para entender mejor este espacio, hablamos con Mariana Păsărin, de la administración del Parque Nacional Domogled – Valle del Cerna, responsable de la relación con las comunidades y de la educación ecológica.
«Es el parque nacional más grande de Rumanía, con una superficie de 61.660 hectáreas, extendida en cuatro provincias: Gorj, que concentra la mayor parte, Caraș-Severin, Mehedinți y una pequeña zona de Hunedoara. Los turistas llegan sobre todo por la biodiversidad y por los paisajes: desfiladeros, paredes calizas, cañones recorridos por arroyos y cuevas. Contamos con especies raras, como el pino negro de Banato, una especie endémica y emblemática que solo se encuentra en esta zona. También existe una gran diversidad de mariposas, cerca de 1.500 especies, lo que representa aproximadamente el 45% de los lepidópteros de Rumanía, además de numerosas especies de orquídeas. Desde el punto de vista faunístico, los investigadores han identificado aquí 31 de las 32 especies de murciélagos presentes en el país. Es un espacio muy atractivo para quienes practican la observación de la naturaleza.»
El punto de partida para explorar el parque es el centro de información, situado a la salida del balneario Băile Herculane. Allí se puede recorrer una exposición distribuida en tres niveles, donde se incluyen maquetas de cuevas termales, un fenómeno espeleológico único en el país. Con esta información, los visitantes pueden elegir entre diversas actividades.
«Esta diversidad se refleja también en las formas de turismo que pueden practicarse: senderismo por los numerosos itinerarios señalizados, escalada en paredes rocosas y también barranquismo, ya que existen escuelas especializadas que organizan cursos cada año. Quienes buscan una experiencia auténtica pueden visitar las aldeas aisladas de los montes Cerna, donde pueden interactuar con los habitantes, degustar productos tradicionales y participar en las actividades cotidianas. Aunque no hay zonas específicamente habilitadas para la observación de aves, las especies pueden observarse con facilidad en su entorno natural. Numerosos investigadores y aficionados a la fotografía vienen especialmente al parque para documentar la flora y la fauna.»
Para una experiencia diferente, cada vez más visitantes dejan atrás las zonas urbanas y se adentran en las alturas de los montes Cerna. Allí descubren asentamientos donde el tiempo parece transcurrir de otra manera y el silencio este deplin.
«Las aldeas son asentamientos muy pequeños, con pocas viviendas, a los que el acceso motorizado es difícil o inexistente. Un ejemplo conocido es Ineleț, al que se llega subiendo por escaleras de madera fijadas directamente en la roca. Existe también una ruta alternativa, accesible únicamente a caballo. Hoy en día resulta sorprendente que aún existan lugares tan aislados, donde la gente vive en armonía con el ritmo de la naturaleza. Aunque la vida no es fácil, los habitantes se han adaptado al creciente número de turistas. Algunos ofrecen alojamiento en sus propias casas, preparan comida tradicional y organizan actividades al aire libre.»
Más allá de estos asentamientos, el patrimonio humano de la zona se mantiene vivo gracias a diversas iniciativas. En el balneario Băile Herculane existe un museo interactivo donde los visitantes pueden aprender oficios tradicionales, como el tejido de blusas tradicionales. A su vez, la administración del parque participa activamente en la promoción de estas tradiciones mediante la organización de eventos anuales.
«La administración del parque organiza dos eventos principales. El primero se llama “Goști la Givan” (una expresión del Banato que significa “invitados a la mesa” o “reunión tradicional”). Suele celebrarse en primavera; este año tendrá lugar el 18 de abril en nuestro centro de información. Participan productores locales y artesanos, incluida una tejedora de blusas tradicionales y un alfarero que realiza demostraciones en vivo e invita a los niños a modelar el barro. También hay momentos artísticos a cargo de alumnos de las escuelas de la zona. El segundo evento es el “Festival del Pino Negro de Banato”, que este año alcanza su 21.ª edición. Se celebra así el árbol emblemático del parque y, al mismo tiempo, el Día del Parque Nacional. Tiene lugar siempre el último fin de semana de mayo, en relación con el Día Europeo de los Parques, el 24 de mayo. Es un festival amplio, organizado en el jardín de verano del balneario Băile Herculane, con espectáculos de música y danza a cargo de conjuntos locales y de otras regiones del país.»
Toda esta oferta se completa con el aire de la zona, rico en iones negativos, similar al de los Alpes suizos. La combinación de turismo balneario, patrimonio histórico y naturaleza convierte el parque en un punto de atracción importante en Europa. La zona protegida recibe visitantes de todo el mundo, desde Alemania, España o Francia, hasta Estados Unidos y Australia. Muchos de ellos, incluso procedentes de países con tradición montañosa como Suiza, quedan impresionados por la hospitalidad local y por la autenticidad del paisaje. Un elemento destacado son las aproximadamente 10.000 hectáreas de bosques de hayas centenarios, incluidas en el Patrimonio Mundial de la UNESCO desde 2017.
Versión en español: Valeriu Radulian