Un conflicto sin un final claro
Cuatro años después de que Vladímir Putin iniciara la invasión a gran escala de Ucrania, Moscú y Kiev siguen igual de lejos de la paz que todos esperan.
Corina Cristea, 06.03.2026, 12:23
La situación incendiaria en Oriente Medio ha desviado en gran medida la atención de la invasión rusa en Ucrania, pero este conflicto, que recientemente ha entrado en su quinto año, aún busca una resolución. Moscú y Kiev parecen igual de lejos de la paz que todos esperan, aunque, con el estancamiento en la línea del frente y el regreso al poder del presidente Donald Trump, el énfasis se ha desplazado hacia negociaciones destinadas a lograr que ambas partes firmen un acuerdo de paz. El camino hacia ello está, sin embargo, lleno de imprevistos.
Invitado a Radio Rumanía para un análisis del conflicto al cumplirse cuatro años desde su inicio, Mircea Geoană, entonces secretario adjunto de la OTAN, recordó la situación de aquel momento:
«No fuimos tomados por sorpresa; los ucranianos se dieron cuenta un poco más tarde que nosotros, en la OTAN, de que Rusia había cruzado el Rubicón de alguna manera. Lo que fue muy importante es que no muchos, incluidos en la OTAN, estaban convencidos de que Ucrania resistiría. Mucho menos cuatro años. Es un ciclo largo, con muchos daños, muchas complicaciones, muchas consecuencias, y, para su mérito, han logrado superar el momento inicial, que fue difícil. La pregunta que todos nos hacemos es cuánto más durará esta guerra sangrienta, que produce tantas víctimas en ambos bandos y destrucciones de vidas, económicas y civiles, en Ucrania. Y la respuesta es que todavía no lo sabemos, aunque los esfuerzos para lograr un alto el fuego, un cese de hostilidades, y eventualmente una paz, se están llevando a cabo con cierta intensidad; vemos las negociaciones, vemos la presión del presidente Trump, vemos la manera en que los europeos intentan entrar en esta conversación. Es muy posible que esta guerra termine relativamente rápido, o que, Dios no lo quiera, continúe por un período más largo.»
Desde Moscú, Vladimir Putin condiciona la firma de cualquier acuerdo a la cesión de territorios por parte de Ucrania, es decir, prácticamente condiciones de rendición. Por otro lado, Volodímir Zelenski declara que Ucrania está preparada para compromisos reales, pero no para aquellos que afecten a su independencia y soberanía.
George Scutaru, presidente fundador del New Strategy Center Rumanía:
«Putin finge el deseo de cerrar un acuerdo de paz, pero en realidad retrasa las negociaciones e intenta aprovechar el pragmatismo de la administración estadounidense para empujarla hacia diversos acuerdos económicos lo más rentables posible en distintas partes de la Federación Rusa. Hay una presión muy grande sobre el terreno por parte de los rusos, y aunque prácticamente estén arruinando su economía, Putin no se detendrá en los próximos meses. Rusia seguirá ejerciendo presión militar y continuará bombardeando las ciudades ucranianas. Prácticamente, en los años ’30, Stalin intentó matar a los ucranianos por hambre. Ahora Putin intenta matar a los ucranianos por frío. Putin no se detendrá mientras crea que puede reducir la ayuda europea mediante diversas campañas de desinformación, utilizando partidos que socavan el apoyo a Ucrania. Y tratará de prolongar la guerra mientras tenga los medios financieros para hacerlo. Sin embargo, creo que hay algunas señales positivas: un gran déficit de la economía rusa, empiezan a tener problemas con el dinero; por primera vez, en enero, los rusos perdieron más personas en el frente de las que movilizaron. Y si esto continúa, sepan que a comienzos del próximo año, hay muchas posibilidades de ver que Rusia tenga que dar algunos pasos atrás, no solo aceptar conversaciones sobre el fin de la guerra. Incluso podría registrarse un colapso de la Federación Rusa, como ocurrió con Alemania en la Primera Guerra Mundial.»
Por el momento, una consecuencia segura de la ofensiva de Moscú es que, si Rusia deseaba “menos OTAN” cerca de sus fronteras, ha obtenido “exactamente lo contrario”, como solía decir el exsecretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg: Finlandia se unió en 2023, duplicando prácticamente la frontera de la Alianza con Rusia, y Suecia la siguió en 2024, tras décadas de no alineamiento militar. En el teatro de guerra, lo que el líder del Kremlin llamaba en 2022 “una operación militar especial” se ha transformado en un conflicto de desgaste, con implicaciones militares, económicas y humanitarias de gran alcance.
Un balance realizado por el Centro para Estudios Estratégicos e Internacionales estima que, aunque el número avanzado por las autoridades es mucho menor, el total de pérdidas militares combinadas —muertos, heridos o desaparecidos— de las fuerzas ucranianas y rusas se situaría entre 1,8 y 2 millones de personas, con dos tercios de las víctimas en las filas rusas. Los monitoreos de la ONU muestran que hay más de 15 mil víctimas confirmadas entre la población civil, y a esto se suman casi 6 millones de ucranianos que han salido al extranjero y cerca de 4 millones de refugiados dentro de Ucrania. Un informe conjunto de las autoridades de Kiev, el Banco Mundial, la Unión Europea y la ONU estima, por otra parte, que los costos de la reconstrucción posguerra de Ucrania superarán los 500 mil millones de euros en la próxima década.
Versión en español: Brigitta Pană