Retos del mañana: Los riesgos del mundo digital
Pasar demasiado tiempo en el mundo digital conlleva riesgos como la ansiedad y la depresión, así como peligros relacionados con las estafas en línea. La situación es aún más preocupante si se tiene en cuenta que, como revela un estudio realizado el año pasado, en Rumania los niños comienzan a usar las redes sociales a partir de los cinco años.
Corina Cristea, 10.04.2026, 10:00
Desde la comunicación y la educación hasta el entretenimiento y la socialización, el mundo digital ofrece oportunidades ilimitadas. Sin embargo, estas vienen acompañadas de una serie de riesgos graves, especialmente para los niños y los adolescentes. Pasar mucho tiempo en línea puede provocar problemas emocionales y sociales, y el impacto en la salud mental es uno de los efectos negativos del uso excesivo del entorno digital. Las redes sociales suelen crear una imagen idealizada de la vida, en la que las personas solo muestran sus momentos felices y sus logros, y la comparación constante puede provocar una disminución de la autoestima, la sensación de no ser suficiente y, con el tiempo, ansiedad o incluso depresión.
Especialmente entre los jóvenes, la necesidad de validación a través de «me gusta» y comentarios puede llegar a ser abrumadora. Además de los problemas emocionales, el entorno digital esconde numerosos peligros relacionados con las estafas en línea. Estas pueden adoptar diversas formas, desde mensajes falsos hasta sitios web fraudulentos, desde concursos ficticios hasta personas que se hacen pasar por otras. Y los usuarios, especialmente los jóvenes y sin experiencia, pueden convertirse fácilmente en víctimas de estas prácticas. Silvia Bogdan, presidenta de la asociación sin ánimo de lucro «Şcoala de Valori», que ofrece a jóvenes y profesores del ámbito preuniversitario experiencias para desaprender creencias y comportamientos disfuncionales:
«La presencia de los jóvenes en internet tiene aspectos positivos, pero, por supuesto, también aspectos menos positivos, en un contexto en el que no se les enseña ni se les orienta necesariamente para que comprendan cuáles son los peligros y cómo pueden protegerse a sí mismos y, al mismo tiempo, entender cómo pueden contribuir a una protección, digamos, social y comunitaria. Está claro que la forma en que se difunde la información en las redes sociales, principalmente, pero también la aparición de la inteligencia artificial, plantea grandes retos tanto a los padres como a los profesores, por supuesto, y a los alumnos y, en este contexto, creemos que debería existir una plataforma educativa que permita a los alumnos comprender cómo pueden integrar lo digital y la inteligencia artificial en sus vidas, pero desde la perspectiva de los valores democráticos y la ética».
Tampoco hay que pasar por alto el fenómeno del ciberacoso, cada vez más extendido. El acoso en línea puede tener efectos devastadores en las víctimas, provocando estrés, miedo o incluso traumas a largo plazo. Y, a diferencia del acoso tradicional, el acoso en línea puede producirse en cualquier momento, sin descanso, lo que hace que la víctima no tenga un espacio seguro al que retirarse. La situación es aún más preocupante si analizamos la edad a la que los niños empiezan a utilizar internet y las redes sociales. Estudios recientes muestran que, en Rumanía, los niños entran en contacto con el entorno digital desde los cinco años, una edad en la que no tienen la capacidad de comprender los riesgos a los que se exponen ni pueden distinguir entre contenido seguro y peligroso. Silvia Bogdan:
«Si hablamos de los niños más pequeños, está claro que, por desgracia, se enfrentan, tanto en la sociedad como en la guardería y en el colegio, a situaciones de acoso, y en el ámbito digital, a situaciones de ciberacoso; por eso, creo que es importante que, ya desde la guardería, empiecen a participar en programas que les ayuden a utilizar esa capacidad de socializar en un contexto en el que comprendan la importancia, en primer lugar, del bienestar personal y, después, de la prosperidad del grupo al que pertenecen y de la forma en que aprenden y viven su vida, de modo que comprendan la importancia del acoso escolar y el ciberacoso desde esta perspectiva: lo que les molesta no debe trasladarse a la comunidad ni a los demás compañeros».
Otro riesgo importante es la dependencia de la tecnología. El tiempo que se pasa en línea puede llegar rápidamente a ser excesivo, lo que afecta al sueño, al rendimiento escolar y a las relaciones sociales. Los niños y adolescentes pueden llegar a preferir las interacciones virtuales en vez de las reales, lo que conduce al aislamiento y a dificultades en el desarrollo de las habilidades sociales. Asimismo, la exposición constante a las pantallas puede afectar a la salud física, provocando problemas de visión o sedentarismo. A pesar de todos estos riesgos, el mundo digital puede ser una herramienta extremadamente valiosa, si se utiliza de forma responsable. Y la educación digital desempeña un papel fundamental en este sentido. Hay que enseñar a los niños desde pequeños a navegar por internet de forma segura, a proteger sus datos personales y a reconocer las situaciones peligrosas. Nuevamente al micrófono, Silvia Bogdan:
«Las características generacionales se hacen notar: son mucho más sociables, mucho más pragmáticos, tienen un gran talento a la hora de buscar y analizar la información, pero no necesariamente en un contexto en el que comprendan todos los peligros y riesgos a los que se exponen al lanzarse a los retos que surgen en los distintos canales, sobre todo desde la perspectiva de los grupos a los que pertenecen. Es decir, todos sabemos que hay canales de redes sociales que, lamentablemente, plantean diversos retos ante los cuales muchos niños, preadolescentes y adolescentes, en particular, se creen muy valientes y acaban haciéndose daño a sí mismos o causando diversos perjuicios a la sociedad y a las comunidades en las que viven».
En todo este proceso, los padres desempeñan un papel importante, ya que deben implicarse, supervisar la actividad en línea de los niños y establecer límites claros sobre el tiempo que pasan frente a las pantallas, y, por otro lado, a la escuela, que mediante la introducción de cursos de educación digital puede ayudar a los niños a aprender no solo a utilizar la tecnología, sino también a protegerse de los riesgos que esta conlleva.
Versión en español: Monica Tarău