La economía de Rumanía: desafíos internos y externos
Rumanía sigue enfrentándose a un elevado déficit presupuestario, y la deuda externa aumenta en unos dos mil millones de euros al mes, según el Banco Nacional de Rumanía. Al mismo tiempo, las tensiones en Oriente Medio ya están afectando a la economía local.
Corina Cristea, 03.04.2026, 14:17
Los déficits gemelos con los que se enfrenta Rumanía causan grandes molestias a los responsables políticos de Bucarest, obligados a aplicar medidas no aceptadas por la población en el intento de remediar la situación, que ya se prolonga desde hace varios años.
El país está en procedimiento de déficit presupuestario excesivo desde antes de la pandemia, y en los últimos años, este ha aumentado debido a los altos gastos públicos y a la recaudación fiscal relativamente débil, ejerciendo presión sobre la deuda pública. Al mismo tiempo, el déficit de cuenta corriente indica una dependencia del financiamiento externo.
Los dos déficits están interconectados en Rumanía: un déficit presupuestario elevado estimula el consumo interno, lo que lleva al aumento de las importaciones y, en consecuencia, empeora el déficit por cuenta corriente. Esta situación se considera peligrosa porque hace que la economía sea más vulnerable a choques externos y a los cambios en los mercados financieros internacionales.
La solución para reducir estos desequilibrios incluye medidas como el aumento de los ingresos presupuestarios, la eficiencia del gasto público y el estímulo de la producción interna y las exportaciones. Esto es lo que intentan hacer los gobernantes rumanos, que se han comprometido ante Bruselas a reducir el déficit presupuestario desde el 9% en 2025 al 6,2% a finales de este año.
El proceso no es en absoluto agradable. Los datos del Banco Nacional de Rumanía muestran que la deuda externa aumenta aproximadamente en dos mil millones de euros al mes y, aunque el déficit presupuestario fue menor en los primeros meses de 2026 en comparación con el mismo período del año pasado, la necesidad de una corrección estructural duradera sigue siendo crítica para mantener la confianza de los inversores extranjeros.
El analista económico Dragoş Cabat, miembro de la dirección de CFA Rumanía, la organización de profesionales de inversiones en Rumanía, nos cuenta:
«La corrección del déficit sigue siendo igual de urgente. Estamos en un procedimiento de déficit excesivo y nos comprometimos hace ya dos o tres años a reducirlo. Se trataba de un calendario de siete años. Claro que no se respetó, porque hubo un año electoral en el medio, pero ahora se han dado los primeros pasos, es decir, en 2025 logramos reducir un poco el déficit con respecto a 2024 y sigue siendo necesario mantener esta trayectoria de reducción del déficit. Una vez más, hemos prometido estas cosas a nuestros socios de la Unión y no solo lo hemos prometido, sino que tenemos un déficit: antes era del 9%, ahora es del 7%; la meta para este año es 6,2%, pero es necesario llegar como mínimo al 3%, como se indica a nivel de la UE. Y para poder hacerlo, por supuesto que primero deben reducirse los gastos y, en segundo lugar, aumentar los ingresos presupuestarios».
Rumanía corre el riesgo de perder los avances obtenidos en los últimos meses si el déficit fiscal no se corrige rápidamente, advierten desde el Banco Nacional de Rumanía, refiriéndose a la credibilidad internacional, al acceso a la financiación en los mercados externos y a la calificación del país, que la mantiene en la categoría de inversión.
A continuación, Dragoș Cabat nos habla sobre los riesgos que se vislumbran si el Gobierno rumano se desvía de la trayectoria establecida con Bruselas:
«Los riesgos son muy claros y fáciles de delimitar. En primer lugar, volvemos a perder nuestra imagen frente a los socios europeos, que nos mirarán con desconfianza. Claro que ellos siempre tienen la posibilidad, dado que estamos en procedimiento de déficit excesivo, de reducirnos los fondos europeos, es decir, el dinero que nos llega de la UE, lo que tendría un gran impacto en la economía rumana. Luego también están las agencias de calificación que, si nos ven que siempre prometemos cosas y nunca cumplimos, pueden bajar nuestra calificación de país, lo que significaría que los inversores, que en parte financian la deuda pública de Rumanía, lo harían a un coste mucho más alto o incluso dejarían de hacerlo por completo. Y todo esto significaría para Rumanía obtener préstamos con más dificultad y a un coste más alto».
La situación geopolítica complica aún más las cosas: una guerra en la frontera que dura cuatro años y que no da señales de acercarse a su fin, además de la situación incendiaria en Oriente Medio.
Rumanía debe continuar el proceso de consolidación fiscal, incluso en las condiciones de la situación generada por el conflicto en Oriente Medio, se advierte desde el Banco Central del país, y estima que el impacto de la guerra en Irán sobre la economía podría ser grave.
«El conflicto en curso en Oriente Medio genera riesgos significativos, incluyendo presiones crecientes sobre los precios de la energía, el deterioro de las perspectivas de crecimiento económico y una alta aversión al riesgo en los mercados financieros internacionales», afirma el gobernador del BNR. Según Mugur Isărescu, «si el conflicto resulta ser duradero, su impacto en la economía, no solo de Rumanía, sino en general, puede ser grave. Sin embargo, en nuestro caso, a pesar de este riesgo, el ajuste fiscal debe continuar».
Estamos en un contexto complicado, subraya también Dragoş Cabat, quien también realizó un análisis sobre cuánto pueden agravar las tensiones en Oriente Medio los problemas económicos internos de Rumanía. También advierte que siempre que se tiene una economía muy desequilibrada macroeconómicamente, como es la economía de Rumanía en este momento, a lo que se suma la posibilidad de una recesión o de un crecimiento económico cercano al 0%, cualquier evento negativo a nivel internacional que ocurra tendrá un impacto mucho mayor.
Versión en español: Mihaela Stoian