La miscelánea: Los rumanos redefinen su relación con los animales
En la Miscelánea de hoy, les propongo una mirada amplia y reflexiva sobre la relación entre los rumanos y los animales de compañía, una relación que ha evolucionado de manera notable en las últimas décadas y que dice mucho sobre la transformación social del país.
Brigitta Pana, 23.03.2026, 17:35
Rumanía, situada en el sureste de Europa y miembro de la Unión Europea desde 2007, ha atravesado en los últimos treinta años un proceso intenso de transición política, económica y social. Tras la caída del régimen comunista en 1989, el país inició un camino complejo hacia la economía de mercado y la integración europea. Este proceso no solo transformó las instituciones y la infraestructura, sino también la mentalidad colectiva. La manera en que los rumanos se relacionan hoy con los animales es uno de los reflejos más visibles de esta transformación. Durante gran parte del siglo XX, especialmente en el período comunista, la relación con los animales tenía un carácter predominantemente funcional. Rumanía era, y en buena medida sigue siendo, un país con fuerte tradición rural. En el campo, los perros cumplían funciones de guardia, los gatos controlaban plagas y los animales de granja representaban recursos económicos esenciales. En las ciudades, el concepto de mascota como miembro emocional del núcleo familiar no estaba tan extendido como en Europa Occidental. Las prioridades sociales y económicas eran otras, y el bienestar animal no ocupaba un lugar central en el debate público. Tras 1989, la rápida urbanización y los cambios estructurales generaron también problemas visibles, como el aumento significativo del número de perros callejeros, especialmente en Bucarest. Durante años, esta situación se convirtió en un tema sensible tanto a nivel nacional como internacional. Sin embargo, en paralelo a estas dificultades, comenzó a desarrollarse una nueva sensibilidad. A medida que el país avanzaba hacia la estabilidad económica y la integración europea, crecía también la influencia de estándares occidentales en materia de protección y bienestar animal. En las últimas dos décadas, la percepción social de las mascotas ha cambiado de manera evidente. Cada vez más rumanos consideran a sus perros y gatos como miembros de la familia. Este fenómeno, conocido como humanización de las mascotas, se manifiesta en múltiples aspectos de la vida cotidiana. Las visitas periódicas al veterinario, la elección de alimentos premium, la compra de accesorios especializados y la contratación de servicios de peluquería o adiestramiento ya no son prácticas excepcionales en los grandes centros urbanos. Ciudades como Bucarest, Cluj-Napoca o Timișoara muestran una cultura urbana cada vez más pet-friendly. Han aparecido parques especialmente diseñados para perros, cafeterías que permiten la entrada de animales y servicios de guardería canina. Este cambio no solo responde a una mejora del nivel de vida, sino también a una evolución emocional. En un contexto demográfico marcado por la disminución de la natalidad y la migración significativa hacia otros países de la Unión Europea, muchas personas encuentran en las mascotas una fuente de compañía, estabilidad y afecto. El crecimiento del mercado de productos y servicios para animales de compañía confirma esta tendencia.
En los últimos años se han intensificado las campañas de esterilización y adopción responsable, promovidas por organizaciones no gubernamentales y autoridades locales. Las redes sociales han amplificado la visibilidad de casos de rescate y han facilitado la formación de comunidades activas en defensa del bienestar animal. Esta movilización ciudadana demuestra que la cuestión ya no se percibe como marginal, sino como parte integrante del debate social contemporáneo. No obstante, la evolución no es uniforme en todo el territorio. En zonas rurales persisten prácticas tradicionales donde el componente utilitario sigue predominando. Esta dualidad refleja la coexistencia de diferentes ritmos de modernización dentro del país. Rumanía se encuentra en una fase intermedia, donde tradición y modernidad conviven y dialogan. Precisamente por eso, el análisis de la relación con los animales resulta tan revelador: permite observar tensiones, avances y resistencias dentro del mismo tejido social. La integración en la Unión Europea ha contribuido también a la armonización legislativa en materia de protección animal. Las normativas sobre identificación, vacunación y control poblacional se han alineado progresivamente con los estándares comunitarios. Aunque los desafíos persisten, especialmente en lo relativo a la gestión de animales sin hogar en ciertas regiones, la dirección general apunta hacia una mayor profesionalización y responsabilidad institucional.
La manera en que una sociedad trata a sus animales suele considerarse un indicador de su desarrollo ético y cultural. En el caso de Rumanía, el tránsito desde una relación mayoritariamente funcional hacia un vínculo afectivo y responsable simboliza la consolidación de una identidad europea moderna. No se trata únicamente de consumo o de tendencias comerciales; se trata de empatía, de educación y de responsabilidad compartida.
En la última década, la relación de los rumanos con los animales de compañía ha experimentado un crecimiento significativo y se refleja en estadísticas recientes. Según un estudio de 2025, el 57,1 % de los rumanos posee al menos una mascota, de los cuales 35,2 % tiene un solo animal, 23,7 % dos, 12,9 % tres y 28,2 % más de tres. Esto muestra que la presencia de mascotas en los hogares rumanos es cada vez más común y se está consolidando como un fenómeno social estable. En cuanto a las especies preferidas, los perros lideran con un 47,6 %, seguidos por los gatos con un 21,2 %, mientras que otras mascotas, como aves (3,3 %), roedores (0,5 %), peces (0,4 %) y reptiles (0,4 %), ocupan porcentajes mucho menores. Estos datos reflejan claramente que los rumanos priorizan animales que ofrecen compañía afectiva y conexión emocional con la familia. Los motivos principales para tener una mascota incluyen la compañía y el afecto (40,4 %), la seguridad y protección (12,8 %), la educación de los niños en responsabilidad (12,5 %) y la pasión por una especie en particular (10,6 %). Esto evidencia que los animales ya no son vistos solo como guardianes o utilitarios, sino como integrantes emocionales de la familia. Existen también diferencias sociales y demográficas: los perros son más comunes en áreas rurales y entre adultos jóvenes, mientras que los gatos predominan en mujeres, jóvenes y residentes urbanos. Además, entre los rumanos que actualmente no tienen mascotas, el 24,5 % planea adquirir una en el futuro, lo que indica que la tendencia seguirá creciendo.
En comparación con otros países europeos, Rumanía se sitúa entre los que tienen mayor porcentaje de hogares con mascotas, especialmente con gatos, alcanzando casi el 48 % de las viviendas en 2022. Este crecimiento refleja no solo un cambio en los hábitos de consumo, sino también una transformación cultural profunda, donde los animales de compañía representan afecto, responsabilidad y bienestar emocional.