La miscelánea: Un Año Nuevo entre creencias y costumbres rumanas
Cada enero, cuando el año nuevo apenas da sus primeros pasos, Rumanía parece despertar con un aire diferente: más puro, más lento, más humano. Hoy les invito a descubrir cómo empieza el año en un país donde las tradiciones, las creencias, la esperanza y la alegría se entrelazan bajo el mismo cielo helado.
Brigitta Pana, 05.01.2026, 13:30
Cada casa y cada pueblo de Rumanía tiene su propio modo de decir “Feliz Año Nuevo”, pero en todos se respira lo mismo: gratitud por lo vivido y fe en lo que vendrá. Así que, dondequiera que estén, reciban desde Rumanía un saludo lleno de nieve y fe en los nuevos comienzos.
El primer amanecer del año tiene un significado especial. Muchas familias lo esperan en silencio, observando cómo el sol se levanta sobre los tejados cubiertos de nieve. Se enciende una vela, se hace una oración, se colocan pan y sal sobre la mesa, símbolos de abundancia y protección. En los pueblos aún se cree que no hay que limpiar la casa el 1 de enero, para no ahuyentar la suerte. Es un día de calma, de introspección, de abrazos y promesas. Pero el Año Nuevo también tiene sonido y movimiento. La noche del 31 de diciembre, niños y jóvenes recorren las casas recitando el Plugușorul, versos antiguos que desean buenas cosechas y prosperidad. Campanas y látigos rompen el silencio para alejar la mala suerte. Las calles nevadas se llenan de voces que anuncian que un año termina y otro comienza. Al amanecer del 1 de enero llega la Sorcova. Los niños visitan vecinos y familiares, tocando suavemente con varitas decoradas mientras desean salud, amor y fortuna. A cambio reciben dulces o monedas, y el invierno se ilumina con sonrisas. La transición entre años se convierte así en un ritual colectivo de esperanza. La mesa también juega un papel central. Sarmale, ciorbă, ensalada de boeuf y cozonac reúnen a las familias y las conversaciones se alargan mientras afuera la nieve sigue cayendo.
Cada cultura tiene sus supersticiones para el nuevo año y Rumanía no es la excepción. Aquí, el destino del año que empieza se “lee” en los pequeños detalles. Las creencias acompañan cada gesto. Se dice que si el primer visitante del año es un hombre, traerá fuerza; que la nieve en Año Nuevo anuncia abundancia; y que incluso un gato negro puede ser señal de buena suerte. En algunas regiones se lanzan monedas al agua o al fuego, pidiendo prosperidad. Y luego, claro, están las predicciones campesinas. Los campesinos observan el cielo, el viento y los animales para “leer” cómo será el año. Es una sabiduría antigua, nacida del contacto profundo con la tierra.
Si algo define a Rumanía en estos días, es la familia. Los que viven lejos vuelven a casa, aunque sea por unos días. Las madres preparan la mesa, los padres abren el vino, los niños corren entre risas. Es un momento en que el país parece más pequeño, más unido. Y para los millones de rumanos que viven en el extranjero, el Año Nuevo se vive entre llamadas, recuerdos y nostalgia. Desde España, Italia o América Latina, muchos llaman a casa a medianoche, buscando las voces que los formaron. Ser rumano fuera de Rumanía no es olvidar, es llevar consigo un pedazo de invierno y una manera particular de empezar de nuevo. Porque los comienzos no dependen del lugar, sino del corazón que los sueña.
Las ciudades, como Bucarest o Cluj, comienzan el año con conciertos, ferias de invierno y luces que adornan las calles hasta mediados de enero. Los jóvenes brindan en cafés pequeños, los ancianos pasean despacio, y el país entero parece respirar esperanza. Rumanía ha pasado por muchas transformaciones, pero conserva algo que no cambia: su calidez. Esa capacidad de mirar hacia adelante sin olvidar de dónde viene.
Quizás eso es lo que todos necesitamos al comenzar un nuevo año: recordar nuestras raíces, agradecer lo que tenemos y abrir el corazón a lo que viene. Así comienza el año en Rumanía: con nieve y fuego, con silencio y canto, con memoria y esperanza. Un país que sabe mirar el invierno sin miedo, porque dentro de cada copo de nieve ve una promesa: la de un nuevo comienzo.
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