La miscelánea: Cómo se celebra la Pascua católica en un país ortodoxo
En la edición de hoy de la Miscelánea hablamos de una celebración con un profundo significado religioso y cultural: la Pascua católica en Rumanía. Aunque se trata de un país mayoritariamente ortodoxo, las comunidades católicas mantienen vivas tradiciones propias, marcadas por la fe, la familia y el simbolismo de la resurrección.
Brigitta Pana, 06.04.2026, 14:00
Para entender la Pascua católica en Rumanía, primero debemos comprender el contexto religioso del país. Aproximadamente el 80% de la población rumana pertenece a la Iglesia Ortodoxa Rumana. Esta iglesia forma parte del cristianismo oriental y sigue el rito bizantino. La ortodoxia ha sido, durante siglos, un elemento central de la identidad nacional. Sin embargo, Rumanía no es un país homogéneo desde el punto de vista religioso. Existe una comunidad católica significativa, que representa alrededor del 5% de la población. Aunque minoritaria, esta comunidad tiene una presencia histórica sólida y visible. Dentro del catolicismo en Rumanía encontramos dos realidades distintas: los católicos de rito latino, vinculados directamente a Roma y que celebran la liturgia según el rito romano y los greco-católicos, que reconocen la autoridad del Papa, pero mantienen el rito bizantino, similar al ortodoxo. Esta diversidad interna ya refleja la posición particular de Rumanía: un espacio donde Oriente y Occidente no se excluyen, sino que conviven. Con este contexto en mente, podemos preguntarnos: ¿cómo se celebra la Pascua católica en este entorno mayoritariamente ortodoxo? ¿Se vive de manera aislada o integrada en la cultura general del país?
La Iglesia Católica en Rumanía celebra la Semana Santa siguiendo el calendario litúrgico romano. Esto implica que, en algunos años, la Pascua católica coincide con la ortodoxa, pero en otros se celebra en fechas distintas, debido a la diferencia entre el calendario gregoriano y el juliano revisado utilizado por la Iglesia Ortodoxa. Cuando las fechas no coinciden, como es el caso este año, el país vive dos celebraciones pascuales en semanas diferentes. Esta situación no genera tensiones, sino que forma parte de la normalidad religiosa rumana. La Semana Santa católica incluye el Domingo de Ramos, que conmemora la entrada de Jesús en Jerusalén, el Jueves Santo, con la Misa de la Cena del Señor, el Viernes Santo, dedicado a la Pasión y muerte de Cristo, la Vigilia Pascual, celebrada en la noche del sábado y el Domingo de Resurrección. La Vigilia Pascual es el momento más solemne. En las iglesias católicas de Bucarest, Cluj-Napoca, Iași o Timișoara, los fieles participan en la bendición del fuego y el encendido del cirio pascual, símbolo de Cristo resucitado. Aunque el rito es romano, la atmósfera no es muy distinta de la ortodoxa: iglesias llenas, silencio, recogimiento y una fuerte dimensión comunitaria.
Uno de los aspectos más interesantes de la Pascua en Rumanía es que muchas tradiciones culturales son compartidas por católicos y ortodoxos. Por ejemplo, los huevos rojos. Pintar huevos de color rojo es una práctica extendida en todo el país. El rojo simboliza la sangre de Cristo y la vida nueva. Esta tradición no es exclusiva de una confesión, sino parte del patrimonio cultural común. Otro elemento compartido es la bendición de los alimentos. En muchas comunidades católicas, especialmente en Transilvania, los fieles llevan a la iglesia una cesta con alimentos tradicionales para que sean bendecidos antes de la comida pascual. Entre estos alimentos encontramos pan o cozonac (un bizcocho tradicional), carne de cordero, huevos y vino. La comida del Domingo de Pascua tiene un fuerte valor familiar. Es un momento de reunión, similar a lo que ocurre en otros países europeos. En Transilvania, donde vive una importante población de origen húngaro y alemán, las tradiciones pueden variar ligeramente, pero mantienen el mismo núcleo simbólico: renovación, esperanza y comunidad.
Desde el punto de vista religioso y cultural, el país ha estado profundamente influido por Bizancio y el mundo eslavo. Esta combinación ha dado lugar a una identidad compleja: occidental en lengua y en parte de su herencia histórica, oriental en espiritualidad dominante, centroeuropea en regiones como Transilvania. La Pascua católica se sitúa precisamente en este cruce. No es una celebración extranjera ni marginal, sino una expresión legítima de una de las tradiciones históricas del país. En ciudades como Cluj o Timișoara, la arquitectura de las iglesias católicas refleja influencias góticas y barrocas centroeuropeas. En cambio, las iglesias ortodoxas presentan cúpulas y frescos de inspiración bizantina. Ambas realidades coexisten en el mismo espacio urbano. A diferencia de otras regiones del mundo donde las diferencias confesionales han provocado conflictos, en la Rumanía contemporánea la convivencia entre ortodoxos y católicos es, en general, pacífica. Las familias mixtas no son raras. En algunos hogares, un miembro puede ser ortodoxo y otro católico. Cuando las fechas de Pascua no coinciden, algunas familias celebran dos veces. Esta realidad práctica demuestra que, más allá de las diferencias teológicas, el mensaje central de la Pascua —la Resurrección— es compartido.
Hoy, la Pascua es una de las celebraciones más importantes del calendario nacional. Incluso para quienes no son practicantes, tiene un significado cultural. En las ciudades, las iglesias católicas organizan celebraciones abiertas, a menudo en varios idiomas: rumano, húngaro o alemán, dependiendo de la comunidad local. En el ámbito rural, la dimensión tradicional sigue siendo fuerte. Las costumbres familiares, la comida y la reunión intergeneracional mantienen un peso significativo. Rumanía, como otros países europeos, también experimenta procesos de secularización. Sin embargo, la Pascua continúa siendo una referencia cultural estable.
La coexistencia entre rito latino y rito bizantino dentro del mismo país puede interpretarse como una metáfora de la historia europea: diversidad dentro de una tradición común. En este sentido, la Pascua no solo es una celebración religiosa, sino también un recordatorio de que Europa no es homogénea. Está formada por múltiples tradiciones que dialogan entre sí. Rumanía encarna esa pluralidad. La Pascua católica en Rumanía no es simplemente la celebración de una minoría religiosa. Es parte de una realidad más amplia: la de un país situado entre Oriente y Occidente. Un país de lengua latina y mayoría ortodoxa, donde el calendario puede marcar dos Pascuas distintas, pero el mensaje es el mismo. Un país donde la diversidad confesional forma parte de la normalidad cotidiana. En un contexto internacional donde las diferencias culturales a menudo se perciben como divisiones, el caso rumano muestra otra posibilidad: la convivencia.
La Resurrección, celebrada por católicos y ortodoxos, expresa una idea común de renovación y esperanza. Y esa esperanza atraviesa fronteras, calendarios y ritos.