Un análisis de la pobreza en Rumanía
En Rumanía, más de una cuarta parte de la población se enfrenta a la pobreza y a la exclusión social.
Roxana Vasile, 20.05.2026, 12:25
Más de una cuarta parte de los rumanos se encuentra en riesgo de pobreza y exclusión social, siendo, junto con los búlgaros y los griegos, de los más expuestos de la Unión Europea. Recientemente, el Gobierno de Bucarest, a través del Ministerio de Desarrollo, Obras Públicas y Administración, publicó un análisis detallado de cada unidad administrativo-territorial, una de las radiografías más completas realizadas hasta ahora a nivel local. Según el documento, los niveles más altos de pobreza se encuentran en Moldavia, el sur de Muntenia, Oltenia y el centro de Transilvania, donde la falta de infraestructura, la movilidad reducida y el bajo nivel educativo contribuyen a profundizar la vulnerabilidad social. En estas zonas, las personas se enfrentan simultáneamente a carreteras en mal estado que las aíslan, a escuelas y hospitales de difícil acceso, y a pocos empleos, además de mal remunerados. Cada uno de estos factores amplifica a los demás, creando una espiral de la que es difícil salir sin apoyo. Además, el contraste entre las zonas rurales y los grandes centros urbanos es sorprendente. En otras palabras, si un rumano nace o vive cerca de una gran ciudad, sus posibilidades de tener una vida digna son incomparablemente mayores que si vive en una aldea aislada, por ejemplo, en el noreste del país. Con explicaciones, el sociólogo Vladimir Ionaş:
“Hay países como Rumanía en los que las inversiones y todas las políticas públicas de los últimos 35 años han tenido como principal objetivo a la población de las grandes zonas urbanas. El medio rural y las pequeñas ciudades han sido olvidados. Con la desindustrialización posterior a 1990, estos pequeños centros urbanos no hicieron más que dirigirse hacia la pobreza. La migración de la población hacia otros países de la Unión Europea hizo que en estas zonas permanecieran, sobre todo, personas mayores y niños. De ahí también los porcentajes muy elevados de niños en Rumanía que viven en riesgo de pobreza, mientras que las políticas públicas de los Gobiernos de los últimos 30 años destinadas a mejorar sus condiciones de vida han tendido prácticamente a cero. Si observamos la situación, lamentablemente, en Rumanía los debates serios sobre cómo podemos ofrecer un apoyo real del Estado a los niños, fomentar la natalidad, resolver el problema demográfico y ayudar a las personas en riesgo de pobreza no han logrado producir resultados concretos.”
Aunque más de una cuarta parte de la población se encuentra en riesgo de pobreza o exclusión social, Rumanía tiene, al menos sobre el papel, un desempleo relativamente bajo. Así explica también Vladimir Ionaş esta paradoja:
“Cuando observamos los datos oficiales y vemos esa tasa de desempleo extremadamente baja, debemos tener en cuenta que en ella se incluyen únicamente las personas que realmente están registradas en las estadísticas oficiales como beneficiarias del subsidio de desempleo o que se encuentran en el período inmediatamente posterior a recibirlo. Sin embargo, en las zonas rurales y en las pequeñas ciudades tenemos un número enorme de personas que, en realidad, no tienen ocupación, pero se autoabastecen. De ahí también el número, por ejemplo, muy elevado de microgranjas y pequeños agricultores que tiene Rumanía, en comparación con todos los demás países europeos. Es una cuestión cultural heredada de antes de 1990, que todavía está muy arraigada en el medio rural rumano.”
Además de la pobreza general, el informe gubernamental analiza también un fenómeno menos debatido en el espacio público: la pobreza energética, es decir, la proporción de la población que no puede garantizarse un consumo mínimo de energía, especialmente durante el invierno. Pues bien, el análisis pone de relieve un alto grado de pobreza energética, sobre todo en las zonas rurales del arco carpático. Allí, decenas de miles de rumanos pasan los inviernos en viviendas mal calefaccionadas, destinando gran parte de sus ingresos a la compra de leña u otras fuentes de energía, o simplemente soportando el frío.
El principal programa nacional de asistencia social destinado a las personas y familias con dificultades económicas es el Ingreso Mínimo de Inclusión. Muchas familias en Rumanía complementan sus ingresos mensuales con esta ayuda social, de por sí modesta, pero allí donde la pobreza es muy elevada, llegan a depender exclusivamente del apoyo del Estado para sobrevivir de un mes a otro. La existencia de localidades sin ningún beneficiario de este Ingreso Mínimo de Inclusión no es una señal de que las cosas vayan bien, sino, en algunos casos, de que personas que tendrían derecho a esta ayuda no la reciben porque no saben que existe, no tienen cómo acudir a las instituciones competentes o las autoridades locales no las orientan. De hecho, las políticas públicas en Rumanía destinadas a apoyar a las personas vulnerables por la pobreza, cualquiera que sea su edad, han sido a menudo reducidas precisamente en períodos difíciles, de austeridad, e incluso eliminadas en nombre del ahorro para el presupuesto del país.
El sociólogo Vladimir Ionaș ofrece algunos ejemplos:
“Rumanía nunca ha sabido o no ha querido —la clase política, las personas que han tenido el poder de decisión— vincular de alguna manera la asistencia a la escuela con la concesión de las ayudas familiares o con cualquier otro apoyo que ofrece el Estado, precisamente para incentivar que los niños acudan a clases todos los días. La ayuda que se ofrecía mediante una comida caliente tenía un impacto muy grande para muchos habitantes de las zonas rurales y de las pequeñas ciudades, pero también aquí, en muchas ocasiones, el Estado consideró que era un ámbito en el que podía recortar cuando tenía problemas económicos o financieros. Creo que los debates —y he visto que también la Comisión Europea insiste mucho en estos dos capítulos— deberían orientarse en el próximo período exactamente hacia todo lo relacionado con el apoyo que los Estados pueden ofrecer a los niños, porque, por un lado, somos conscientes de que uno de los mayores problemas a nivel europeo es el problema demográfico, especialmente la natalidad. Por lo tanto, deben impulsarse políticas públicas que fomenten este aspecto y ayuden a los niños. Y, en segundo lugar, las personas con discapacidad, porque también aquí existe un gran problema.”
En una palabra, el panorama en Rumanía es bastante sombrío: despoblación y envejecimiento acelerado; alta movilidad geográfica y concentración de la población alrededor de los grandes centros urbanos o engrosamiento de las filas de la diáspora; grandes disparidades en el empleo y en la vulnerabilidad social. Los que quedan atrás —niños, ancianos, personas en edad laboral pero con escasa formación educativa o personas con discapacidad— entran en un círculo vicioso de pobreza del que cada vez es más difícil salir sin políticas sociales bien diseñadas.
Versión en español: Brigitta Pană