De la inflación a los precios
La bajada de la inflación en los últimos dos meses no supondrá necesariamente que la vida sea más barata en Rumanía, ya que algunos gastos corrientes son difíciles de reducir o aplazar.
Corina Cristea, 23.09.2026, 11:21
Rumanía encabeza la lista de países europeos con la inflación anual más alta, según datos de Eurostat, pero las cifras están bajando: del 9,7 % en mayo al 8,2 % en julio y al 6,3 % en agosto. Sin embargo, el descenso significativo de los últimos dos meses no se traduce necesariamente en una bajada de los precios, ya que algunos gastos corrientes son difíciles de reducir o aplazar. Los servicios ocupan ahora el primer puesto en la lista de los productos que más se han encarecido, con un aumento cuatro veces mayor que el de los alimentos y el doble que el de los productos no alimentarios. Las cifras muestran que los servicios se han encarecido casi un 11,3 % en un año, los productos no alimentarios han registrado un aumento de alrededor del 6,4 %, y los alimentos, algo más del 2,6 %.
Por otro lado, por ejemplo, el encarecimiento de los servicios en restaurantes y cafeterías, del 6,7 % en el último año, se produce en un momento en el que el sector ya se enfrenta a una reducción del volumen de consumo.
Flavius Jakubowicz, presidente de la Asociación de Analistas Financieros y Bancarios en Rumanía, explica por qué los precios de los servicios suben de forma más persistente:
«Los servicios son, en esencia, trabajo. En una peluquería, un taller mecánico o una consulta médica, el principal coste es el salario. La productividad en el sector de los servicios aumenta con bastante dificultad, pero los salarios se alinean de alguna manera con el nivel del conjunto de la economía. Podríamos decir que el precio relativo de los servicios aumenta de forma estructural. Además, en una economía en proceso de convergencia, los servicios son el componente que más recupera la brecha con respecto a la UE. El nivel de precios en Rumanía se sitúa en torno al 65,1 % de la media europea».
El efecto es más significativo en los hogares con bajos ingresos, ya que los gastos en servicios públicos, transporte o asistencia sanitaria representan una parte mayor de su presupuesto. Mientras que para un hogar con ingresos elevados, un aumento en el coste de una reparación o de una factura puede suponer una reducción de los ahorros, para una familia con ingresos bajos, ese mismo encarecimiento puede significar tener que renunciar a otros gastos necesarios. Flavius Jakubowicz:
«El poder adquisitivo está disminuyendo. El salario medio neto alcanzó en julio los 5.820 leus (nota del editor: unos 1.160 euros), lo que supone un aumento interanual del 5,5 %, pero por debajo de la inflación, que se sitúa en el 8,2 %. Se trata de un efecto regresivo, en el que los servicios públicos, el transporte y la asistencia sanitaria son gastos ineludibles. Para los hogares con bajos ingresos, estos gastos ocupan una parte mayor del presupuesto y, en la práctica, la inflación que perciben es superior a la media oficial».
Y para las empresas, el aumento de los costes y la reducción de la demanda suponen una combinación difícil: no todos los costes pueden repercutirse íntegramente al cliente sin correr el riesgo de perder aún más consumidores. Según las estimaciones del Banco Nacional de Rumanía, la inflación debería descender hasta el 6,1 % a finales de 2026 y seguir bajando el año que viene. Sin embargo, en el caso de los servicios, la recuperación puede ser más lenta.
Versión en español: Monica Tarău