La meseta de Mehedinți, «Cultura, personas y naturaleza»
La meseta de Mehedinți, situada en el suroeste de Rumanía, destaca por una fusión armoniosa entre la cultura tradicional y la naturaleza. Con el fin de valorar y promover este patrimonio, la Asociación Sinaptica, el Museo ASTRA y el municipio de Izverna llevan a cabo el proyecto «Cultura, gente y naturaleza». La iniciativa, cofinanciada por la Administración del Fondo Cultural Nacional, utiliza por primera vez en el país el concepto de «paisaje cultural». A través de campamentos de voluntariado, el proyecto ha atraído a jóvenes extranjeros en busca de una experiencia auténtica. El objetivo es conservar las tradiciones y promover un turismo sostenible, en armonía con la naturaleza.
Daniel Onea, 01.10.2026, 14:42
La meseta de Mehedinți, en el suroeste de Rumanía, destaca por una armoniosa fusión entre la cultura tradicional y la naturaleza. Para evaluar y promover este patrimonio, la Asociación Sinaptica, el Museo ASTRA y la localidad de Izverna, en el distrito de Mehedinți (suroeste de Rumanía), desarrollan el proyecto «Cultura, personas y naturaleza». La iniciativa, cofinanciada por la Administración del Fondo Cultural Nacional, utiliza por primera vez en Rumanía el concepto de «paisaje cultural».
A través de campamentos de voluntariado, el proyecto ha atraído a jóvenes extranjeros en busca de una experiencia auténtica. El objetivo es conservar las tradiciones y promover un turismo sostenible, en armonía con la naturaleza. Ionică Pârvu, coordinador del proyecto «Cultura, personas y naturaleza» por parte de la Asociación Sinaptica, presenta los objetivos de esta iniciativa y las particularidades de la región.
«Tenemos como socios al Complejo Nacional de Museos ASTRA de Sibiu y a la localidad de Izverna. El proyecto está cofinanciado por la Administración del Fondo Cultural Nacional. Ya hemos desarrollado otros proyectos dedicados al patrimonio cultural de Mehedinți. Esta vez decidimos abordar un tema nuevo para Rumanía, concretamente el paisaje cultural. El proyecto está casi finalizado y sus actividades se han dedicado a la meseta de Mehedinți. Esta zona posee una riqueza extraordinaria desde el punto de vista de la cultura tradicional. Aquí existe una combinación entre la naturaleza y las actividades de las personas a lo largo de la historia, elementos que hacen que la región sea especial. La zona no destaca por panorámicas extraordinariamente amplias, ya que la meseta tiene solo unos cientos de metros de altitud. La región es especial porque aquí la cultura tradicional todavía no ha sufrido los daños que constatamos y conocemos en Maramureș o en muchos lugares de Transilvania, regiones, por lo demás, reconocidas por su valor cultural.»
Para la documentación sobre el terreno, el equipo del proyecto organizó dos campamentos de voluntariado en la localidad de Izverna. En estas actividades participaron también ciudadanos extranjeros interesados en el patrimonio tradicional rumano. En el primer campamento estuvieron presentes un joven de Francia y una experta de Lituania, mientras que en la segunda edición participó una joven urbanista de China que estudia en Turín, Italia. Junto con los voluntarios, los especialistas analizaron las estructuras tradicionales de la zona, como explica Ionică Pârvu, coordinador del proyecto.
«Identificamos los elementos fundamentales que distinguen la meseta de Mehedinți. Lo primero son las casas de temporada dispersas fuera de los pueblos. Otro elemento es el cobertizo para animales. Es un refugio de estructura y técnica de construcción extremadamente antiguas, que puede reconocerse ya desde la prehistoria. También es importante la manera en que están hechos los huertos en la meseta, los destinados a hortalizas, al maíz y a la vid. Todo ello forma un paisaje cultural. Desde la perspectiva de la clasificación de la UNESCO, esta zona es un paisaje cultural evolutivo (desarrollado orgánicamente). Nadie planificó nunca que el lugar tuviera un aspecto u otro. El paisaje se formó mediante la adaptación de la acción humana al medio ambiente, tanto desde el punto de vista arquitectónico como desde la perspectiva de los materiales utilizados a lo largo de la historia, hasta hace 50 o 60 años.»
Algunas de estas casas de temporada siguen utilizándose en la actualidad. En la meseta de Mehedinți, la casa de temporada es una vivienda temporal, utilizada especialmente durante el verano, alrededor de la cual los habitantes criaban sus animales. Mientras el rebaño principal era llevado a pastar a la montaña, las familias mantenían junto a la casa una o dos reses y algunas ovejas para el consumo diario de leche y queso. Allí mismo cuidaban una huerta, un huerto de árboles frutales o viñas. Ionică Pârvu ofrece detalles sobre la arquitectura de estas construcciones.
«Descubrimos allí decenas de estas casas. Van desde una construcción con dos pequeñas habitaciones hasta construcciones extremadamente amplias, desarrolladas en tres niveles debido a la configuración del terreno. Los habitantes no nivelaron el suelo, sino que levantaron la construcción de forma escalonada, sobre la pendiente de la colina. Todavía hay personas, por lo general mayores, que viven allí durante el verano. Utilizan el hogar abierto, un antiguo sistema de calefacción y preparación de alimentos. La construcción más antigua que pudimos identificar visualmente, sin realizar pruebas exhaustivas, tiene unos 200 años. El edificio estuvo habitado desde el principio y hasta hace cinco, seis o, como máximo, diez años. La gente vivió exactamente así, sin que allí llegara siquiera la electricidad. Todavía hay habitantes, mayores o no tan mayores, que en otoño transportan la cosecha en un carro tirado por vacas. Ya no tienen bueyes, pero las vacas tiran del carro.»
El modo de vida tradicional y la forma en que los habitantes han modelado el terreno a lo largo de generaciones hacen de la meseta de Mehedinți un destino apropiado para realizar rutas de senderismo fáciles. Ionică Pârvu, coordinador del proyecto «Cultura, personas y naturaleza», describe la experiencia de los turistas que recorren los itinerarios de esta región.
«Desde esta perspectiva, hablamos del paisaje cultural que combina el trabajo humano con la cima de una montaña, con una arboleda y con un “cucui”, palabra que designa una colina más elevada. Las terrazas permitían, por una parte, determinados cultivos agrícolas y, al mismo tiempo, frenaban las crecidas. Esta combinación entre naturaleza y personas nos llevó a pensar que se trata de cultura y naturaleza. Forma un paisaje cultural excepcionalmente bello y especial, sobre todo porque es un paisaje que se puede contemplar a pie. No necesitas asfalto. Los recorridos no duran más de cinco o seis horas de paseo. No hablamos de agotadoras ascensiones a la montaña ni de rutas de decenas de kilómetros. Sales de un pueblo, llegas al otro y recorres 6 kilómetros en un pequeño circuito. Sea cual sea la ruta que sigas, llegas a un “cucui”, esa colina que se eleva sobre el resto, desde donde se abre ante ti una vista extraordinaria. En cuatro horas de paseo tranquilo tienes tiempo de detenerte a comer una fruta si es verano. Puedes hacer fotografías o, sencillamente, sentarte en la hierba y escuchar el viento en un silencio especial. En cuatro horas puedes salir de una zona de llanura o de vega y subir una colina. Allí compruebas que estás casi a la misma altura que los montes Parâng y que ves a lo lejos los montes Retezat, a la altura de los ojos.»
A través del proyecto «Cultura, personas y naturaleza», la meseta de Mehedinți se pone en valor como modelo de convivencia entre el ser humano y el medio ambiente. La protección de las casas de temporada, de las técnicas agrícolas tradicionales y de los senderos entre pueblos ofrece a la comunidad de Izverna la oportunidad de desarrollar un turismo sostenible basado en la naturaleza y en la identidad cultural del lugar.
Versión en español: Valeriu Radulian