El distrito de Arad, patrimonio arquitectónico y multiculturalidad
Hoy descubrimos una parte del distrito de Arad. Situada en el valle del río Mureș, esta región es un fascinante ejemplo de multiculturalidad e historia europea. Nuestra primera parada será en la ciudad de Arad, reconocida por su impresionante patrimonio arquitectónico. Aquí conoceremos el Palacio de la Cultura, un edificio emblemático construido a principios del siglo XX gracias a las donaciones de los ciudadanos. Descubriremos cómo el diálogo entre las distintas etnias y confesiones religiosas contribuyó al espectacular desarrollo urbanístico de la zona. Posteriormente, nuestro recorrido turístico nos llevará hasta la ciudad de Lipova.
Daniel Onea, 24.09.2026, 13:28
Hoy descubrimos una parte del distrito de Arad. Situada en el valle del Mureș, esta región constituye un fascinante ejemplo de multiculturalidad e historia europea. Nuestro viaje comienza en el municipio de Arad, denominado a menudo «la Pequeña Viena» por sus edificios patrimoniales construidos en los estilos Secession, neoclásico y barroco. Situada en la encrucijada de importantes vías de comunicación que conectan el norte con el sur de Europa y el este con el oeste del continente, la ciudad ha aprovechado plenamente su posición estratégica. En el pasado, la frontera entre el Imperio austrohúngaro y el Bajalato turco se encontraba justo al otro lado del río Mureș, una circunstancia que supuso una importante ventaja para los habitantes de la zona. Este legado se completa hoy con atractivos turísticos únicos, como la Ciudadela de Arad, una impresionante fortaleza en forma de estrella construida según el sistema Vauban, y con la fama de la «Flecha Verde», el primer ferrocarril local electrificado del actual territorio de Rumanía.
Nuestro guía de hoy, Dorin Frandeș, director de orquesta de la Filarmónica Estatal de Arad y pedagogo, nos ofrece detalles sobre la concepción que subyace a los principales edificios emblemáticos de la ciudad.
«Un aspecto menos conocido, incluso para sus habitantes, es la concepción arquitectónica absolutamente emblemática de Arad. Los edificios de mayor importancia están dispuestos de una manera singular. El Palacio Cultural, situado en el mismo paseo del Mureș, está separado por un parque del Palacio de Justicia, otro impresionante edificio levantado entre finales del siglo XIX y comienzos del XX. Junto con la sede administrativa del Ayuntamiento, estos edificios forman un triángulo arquitectónico. A la izquierda de la Filarmónica se encuentra el «Camino de las Escuelas», una vía en la que se concentran las instituciones educativas más importantes de Arad. No lejos de esta concentración de los principales edificios públicos se encuentra el teatro que hoy lleva el nombre de «Ioan Slavici». Fue construido en torno al año 1800 y, aunque sufrió dos incendios, renació de sus propias cenizas en ambas ocasiones. Cerca se encuentra también el Teatro Viejo, el primer edificio de mampostería de la región utilizado como teatro, conocido en la terminología especializada por haber contado con un «telar de tramoya».»
Uno de los puntos centrales de este triángulo arquitectónico es el edificio de la Filarmónica, que sigue atrayendo las miradas e impresionando a los oyentes. El director de orquesta Dorin Frandeș explica la historia y el simbolismo de este espacio único.
«El edificio que alberga hoy la Filarmónica Estatal tiene una historia y una funcionalidad particulares. Representaba todo lo que entonces se concebía como una casa de cultura, razón por la que aún hoy lleva el nombre de Palacio Cultural. Desde el punto de vista arquitectónico, el edificio destaca por su forma pentagonal – un pentágono dedicado a la cultura -, y cada fachada fue concebida y decorada en un estilo diferente: clasicista, gótico y ecléctico, propios de comienzos del siglo XX. La decoración interior, con pan de oro y vidrieras, refleja los estilos Art Nouveau y Secession, característicos de los años 1900, y se conserva en su forma original. La sala de conciertos, con una capacidad inicial de casi 700 localidades, es famosa por su excepcional acústica, considerada por los especialistas entre las mejores de esta parte de Europa. En la bóveda del vestíbulo principal del palacio puede admirarse un fresco único. A diferencia de las pinturas religiosas habituales, que representan al Pantocrátor, este ilustra el universo, los planetas y el sistema solar. Un detalle singular es la presencia de un cometa, el cometa Halley. Este elemento representa un vínculo simbólico de Arad con América, ya que el cometa fue visible en el cielo precisamente en el año en que concluyó la construcción, 1912, año en el que también murió el célebre escritor Mark Twain.»
A poca distancia del municipio de Arad se encuentra la ciudad de Lipova, un destino turístico de visita obligada. Aquí, las influencias históricas son visibles a cada paso: desde el Bazar Turco del centro histórico, el único monumento de este tipo que se conserva en Rumanía del periodo del bajalato otomano, hasta la imponente Ciudadela de Șoimoș o la Basílica Papal de Maria Radna, un importante lugar de peregrinación católica para el sureste de Europa. La museóloga Corina Dubeștean pone de relieve la importancia de este espacio cargado de historia.
«Por su rico pasado histórico, Lipova aboga por la idea de la afirmación, mediante la unidad y la continuidad, de la población rumana de esta zona a lo largo de los siglos. La localidad fue un verdadero centro comercial y económico y, a partir del siglo XIX, adquirió también una marcada dimensión cultural. La ciudad destacó por la constancia con la que promovió los valores y las iniciativas culturales rumanas. Gracias a las personalidades, sociedades y asociaciones culturales que desarrollaron aquí su actividad, Lipova figura entre las localidades transilvanas más importantes de la orilla izquierda del Mureș. Sobre la base de esta rica tradición, en 1958 se creó el Museo de la Ciudad de Lipova.»
Esta institución cultural alberga un impresionante tesoro, cuyo valor ha aumentado considerablemente a lo largo de las décadas, especialmente gracias a las donaciones. La museóloga Corina Dubeștean detalla la composición de esta exposición.
«La colección reúne obras de artes plásticas y decorativas, tanto rumanas como universales. En la exposición permanente figuran obras de los pintores rumanos más importantes: Nicolae Grigorescu, Ioan Andreescu, Ștefan Luchian, Nicolae Tonitza, Theodor Pallady, Theodor Aman, Dumitru Ghiață, Gheorghe Petrașcu y Camil Ressu. También están presentes creaciones de artistas reconocidos de generaciones más jóvenes, como Ion Țuculescu, Samuel Mützner y muchos otros. En las salas del museo de Lipova pueden admirarse asimismo obras de conocidos pintores y artistas gráficos pertenecientes a distintas escuelas europeas: la italiana – Carlo Maratti -, la flamenco-neerlandesa – Ludolf Bakhuizen -, así como las escuelas húngara, inglesa y francesa.»
Así, gracias a su excepcional patrimonio arquitectónico y a sus colecciones de arte de relevancia europea, el eje Arad-Lipova demuestra plenamente su valor y constituye un punto de referencia en el mapa cultural y turístico de Rumanía.
Versión en español: Valeriu Radulian