La población musulmana en el Reino de Rumanía
En 1878, Rumanía se hizo con la región de Dobruja tras el Tratado de Paz de Berlín, que puso fin a la guerra ruso-rumano-turca de 1877-1878. Con una importante población musulmana, la Dobruja costera se convirtió en la puerta de Rumanía al mundo. Tras haber sido súbditos del Imperio otomano durante cientos de años, los musulmanes de Dobruja pasaron a ser ciudadanos de un Estado cristiano.
Steliu Lambru, 12.10.2026, 12:29
Desde 1878, Rumanía cuenta con una minoría musulmana entre sus ciudadanos, cuyo número ha variado a lo largo del tiempo, tras la incorporación de Dobruja al Reino de Rumanía. Desde entonces, los musulmanes de Rumanía, tanto turcos como tártaros, han compartido su historia con la mayoría de la población y con otras minorías étnicas y religiosas.
La literatura romántica del siglo XIX creó una imagen negativa del turco y del tártaro.
El historiador Metin Omer afirma que se trató de una imagen circunstancial.
«Es, sin duda, una imagen negativa, pero creo que debemos ser cautelosos. Se trata de una imagen negativa cuando se refiere al periodo medieval, como en las obras „Preda Buzescu” o „El roble de Borzești”. Fue una imagen fruto de la corriente nacionalista, en la que tenía que existir un enemigo externo. La imagen se refiere más bien al periodo de las relaciones con el Imperio otomano y con el Kanato de Crimea. Sin embargo, cuando la literatura y la opinión pública se refieren al periodo posterior a 1878, la imagen es, en general, positiva e incluso melancólica. Tenemos una comunidad que, en definitiva, es vista con simpatía por la opinión pública rumana y por las autoridades rumanas, aunque, por supuesto, con ciertas excepciones. Esta imagen puede explicarse por el hecho de que esta comunidad se parece mucho a la mayoría rumana en lo que respecta a su estatus social y económico».
En 1878, cuando Dobruja se unió a Rumanía, esto tuvo un gran impacto entre los turcos y los tártaros de la zona.
«Fue, sin duda, un shock para la comunidad musulmana de Rumanía, tanto para los turcos como para los tártaros, pasar a formar parte de un Estado cristiano después de tantos años. Y el impacto fue aún mayor porque en el caso de los tártaros, los traumas eran recientes. Nos referimos al año 1783, cuando se anexionó el Kanato de Crimea, y al periodo posterior a la guerra de Crimea (1853-1856), cuando, debido a las políticas zaristas contra la comunidad tártara, muchos tártaros de la península de Crimea se vieron obligados a abandonar su territorio natal. Lo mismo ocurrió en los Balcanes, en las regiones de las que el Imperio otomano se vio obligado a retirarse, donde las poblaciones musulmanas que quedaron no fueron muy bien acogidas».
No obstante, las percepciones de los musulmanes pasaron a ser positivas una vez que se alcanzaron los objetivos políticos.
Metin Omer aporta más detalles:
«En el período posterior a 1878 y, en especial, en el período de entreguerras, en el contexto demográfico de Dobruja, la comunidad turca y tártara también era considerada aliada del Estado rumano en lo que respecta a las reivindicaciones territoriales que Bulgaria tenía entonces sobre el sur de Dobruja. También estaba la relación con la República de Turquía y el hecho de que, en el fondo, esta comunidad nunca tuvo pretensiones territoriales sobre el Estado rumano. En cuanto a la imagen que tiene la sociedad rumana y las élites rumanas de la comunidad, en general ha sido positiva y puedo dar algunos ejemplos. El poeta nacional de los tártaros, Mehmet Niyazi, es uno de los poetas más importantes de la comunidad tártara y escribió no solo en tártaro, sino también en turco otomano. Tiene un volumen de poemas titulado “Dedicatorias” y el primer poema de este volumen, que además aparece ilustrado en la portada, está dedicado a la reina Isabel, Carmen Sylva. Esta admiración por la sociedad y la cultura rumanas también se ha materializado en traducciones de escritores rumanos al turco y al tártaro. Por ejemplo, el poema “Luceafărul”, de Eminescu, traducido al turco y al tártaro por escritores de la comunidad».
Parte de la comunidad musulmana ha optado por la solución radical de emigrar. Pero otra parte ha decidido quedarse.
Metin Omer añade:
«El primer impulso fue el de emigrar; en aquel entonces se hablaba de ello en la comunidad. Uno de los mayores problemas era que los jóvenes musulmanes tuvieran que hacer el servicio militar en un ejército cristiano, algo que resultaba inaceptable para muchos. Sin embargo, al poco tiempo surgieron élites en la comunidad que se opusieron al proceso de emigración. Y aquí influyó mucho la actitud de las élites políticas rumanas, en especial la del soberano Carol I, que intentaron convencer a la población musulmana de que se quedara y trataron de crear un marco institucional y cultural que respetara los deseos de esta comunidad. En el periodo de entreguerras también fue muy importante la figura de Atatürk. No obstante, el fenómeno de la emigración fue de gran envergadura: entre 1878 y 1940 emigraron aproximadamente 200 000 turcos y tártaros».
El comunismo también afectó profundamente a los musulmanes de Rumanía.
Metin Omer señala:
«El régimen comunista fue traumático, al igual que para el resto de la sociedad. En el caso de las comunidades turca y tártara, también hablamos de un legado que, en cierto modo, se remontaba al periodo de entreguerras, lo que las colocó en una situación delicada ante las autoridades comunistas. Tanto en el caso de los tártaros como en el de los turcos, nos referimos a su relación con Turquía, un espacio con el que se identificaban. Y, en el caso de los tártaros, la situación se debió también al hecho de que, en el periodo de entreguerras, una parte de las élites tártaras tenía un proyecto inicialmente cultural que, durante la Segunda Guerra Mundial, se convirtió en político: el de crear un Estado tártaro en la península de Crimea. Hacia el final de la Segunda Guerra Mundial, las autoridades de Moscú decidieron deportar a toda la población tártara. El 18 de mayo de 1944 es una fecha que se considera un genocidio tanto por parte de la comunidad tártara como por parte de varios parlamentos del mundo».
Según el censo de 2021, en la Rumanía actual viven aproximadamente 39 000 turcos y tártaros, lo que representa el 2 % de la población.
Versión en español: Victoria Sepciu