Retos al mañana: El presupuesto europeo, entre crisis y reformas
El presupuesto de la UE para el periodo 2028-2034 se está configurando en un contexto marcado por crisis geopolíticas, presiones económicas y nuevas prioridades estratégicas, que complican las negociaciones entre los Estados miembros. El principal reto: encontrar un equilibrio entre la financiación de sectores tradicionales, como la agricultura y la cohesión, y la asignación de recursos a la defensa, la competitividad y la transición ecológica.
Corina Cristea, 23.10.2026, 13:39
El presupuesto de la Unión Europea para el período 2028-2034 va tomando forma en un contexto marcado por crisis geopolíticas, presiones económicas y nuevas prioridades estratégicas que complican las negociaciones entre los Estados miembros. Los debates llegan en un momento en que Europa necesita invertir más en defensa y seguridad, reducir sus dependencias estratégicas, recortar la brecha de competitividad con Estados Unidos y China y acelerar la innovación y la transición energética.
Al mismo tiempo, debe seguir apoyando la agricultura, el desarrollo de las regiones menos prósperas y la convergencia económica entre los Estados miembros. Las negociaciones llevan ya varios meses en marcha, pero están lejos de concluir.
La propuesta inicial de la Comisión Europea, un presupuesto de casi 2 billones de euros para el período 2028-2034, es rechazada por los países contribuyentes netos, encabezados por Alemania, que aporta una cuarta parte del presupuesto de la Unión, los Países Bajos, Suecia y otros países nórdicos. Sobre la mesa está también la propuesta de la presidencia irlandesa del Consejo de la UE, que contempla una reducción del 8 %, es decir, un presupuesto de 1,62 billones de euros. Sin embargo, los Estados contribuyentes netos consideran insuficiente esta reducción y exigen medidas de austeridad más severas.
Por su parte, el Parlamento Europeo y los Estados beneficiarios netos, entre ellos Rumanía, junto con Italia, Polonia o Grecia, rechazan tajantemente esta propuesta, alegando que una reducción del 8 % perjudicaría gravemente a los fondos de cohesión y a la política agrícola común. Lo que está en juego en las negociaciones no es solo fijar una cantidad y repartirla entre los 27 Estados miembros. Según los analistas, está en juego también la visión del futuro de la Unión: qué tipo de Europa queremos construir, qué prioridades financiamos y, sobre todo, cómo repartimos los costes y los beneficios de la integración europea.
El politólogo Marius Ghincea:
«Tenemos, por una parte, una dimensión relativa a la asignación de más o menos dinero. Evidentemente, algunos Estados quieren más dinero y otros quieren menos; los que tienen que contribuir, los contribuyentes netos, quieren destinar menos fondos, teniendo en cuenta que las prioridades internas en países como Alemania son cada vez más apremiantes. Y, por otra parte, hablamos también de la distribución según las prioridades. Los Estados del noroeste de Europa tienen como prioridad evidente la competitividad y las cuestiones relacionadas con el desarrollo tecnológico y económico, porque están en la frontera del conocimiento y del desarrollo económico y tecnológico y, por tanto, quieren mantener su competitividad frente a Estados Unidos y China en aquellos ámbitos en los que todavía pueden conservarla. En cambio, los Estados de Europa Central y Oriental y los del sur de Europa tienen otras prioridades, relacionadas con el cierre de brechas y con el gasto agrícola (como en el caso de Rumanía, Polonia y Francia), pero también con el gasto en cohesión. Porque países como Rumanía no han hecho demasiado en los últimos 20 años para reducir las enormes diferencias existentes entre las regiones pobres y las ricas. Si observamos lo ocurrido en las últimas dos décadas en Rumanía, en realidad las diferencias entre las regiones ricas y pobres se han ampliado; nos hemos concentrado en polos de desarrollo y hemos abandonado en buena medida las regiones periféricas de nuestras sociedades. Y, por tanto, esto también se traduce en prioridades y objetivos diferentes a escala europea.»
Uno de los cambios de perspectiva más importantes a escala comunitaria es el creciente papel de la competitividad. Europa necesita invertir en investigación, inteligencia artificial, tecnologías limpias, infraestructuras energéticas, digitalización y capacidades industriales estratégicas. Esta orientación responde a un problema real: la Unión corre el riesgo de perder terreno en la competencia económica mundial si las empresas europeas no tienen acceso a financiación, energía a precios competitivos, infraestructuras modernas y un entorno favorable a la innovación.
Leonard Orban, excomisario europeo, habla sobre el planteamiento de Rumanía respecto al presupuesto plurianual europeo:
«Para nosotros es esencial que se mantengan cantidades importantes destinadas a las dos políticas: la política de cohesión y la política agrícola común. La mayor parte del dinero que hemos absorbido, y hemos absorbido muchísimo dinero desde nuestra adhesión hasta ahora, corresponde a estas dos políticas. Por supuesto, también nos interesa la competitividad, pero sabemos muy bien una cosa: accedemos más bien a fondos para cohesión y para la política agrícola común, y a muchos menos de los vinculados a la competitividad. Precisamente por eso insistimos en las dos políticas. Y quiero decirles algo más. Al final se aprobará el presupuesto y, aunque haya una reducción de 200.000 millones, Rumanía seguirá beneficiándose de cantidades considerables para el período 2028-2034. Según la propuesta de la Comisión, Rumanía recibiría aproximadamente 60.000 millones. Incluso con una reducción total de 200.000 millones respecto a la propuesta de la Comisión, Rumanía recibiría más de 50.000 millones, es decir, más de lo que recibe del presupuesto plurianual en el período 2021-2027. Desde mi punto de vista, es realmente el último tren, la última cantidad muy considerable, muy importante, muy elevada que recibe Rumanía. Posteriormente, por supuesto, Rumanía tendrá que beneficiarse de fondos en otros ámbitos, y menos en las políticas clásicas.»
Los datos muestran que, en los casi 20 años transcurridos desde su adhesión a la Unión Europea, Rumanía ha recibido 110.000 millones de euros y ha aportado 36.000 millones de euros.
Versión en español: Valeriu Radulian