Los jóvenes rumanos y el mercado laboral
El 23 % de los rumanos de entre 18 y 24 años no tiene empleo ni cursa ningún tipo de estudios ni formación profesional, lo que - según la OCDE- constituye una preocupación importante en materia de políticas públicas.
Roxana Vasile, 28.10.2026, 12:35
Los datos de Eurostat muestran que, en la actualidad, Rumanía tiene el mayor porcentaje de la Unión Europea de jóvenes que ni trabajan ni estudian. Y en lo que respecta al desempleo juvenil, Rumanía ostenta el récord de la Unión, ya que aproximadamente una cuarta parte de los menores de 24 años están en paro. Es más, el desempleo juvenil es hasta ocho veces superior al desempleo a nivel nacional en todas las franjas de edad en edad de trabajar.
Un informe de la OCDE —«Education at a Glance 2026»— también da la voz de alarma: el 23 % de los jóvenes rumanos de entre 18 y 24 años no tiene empleo ni cursa ningún tipo de educación o formación profesional. Se trata de la denominada «categoría NEET» (neither in employment nor in education and training, «ninis», en español) cuyo porcentaje supera considerablemente la media de la OCDE, que es de solo el 14 %.
«Los jóvenes adultos que no tienen empleo y no cursan ningún tipo de educación ni formación profesional constituyen una preocupación fundamental en materia de políticas públicas, ya que los períodos prolongados de inactividad a una edad temprana pueden tener efectos negativos duraderos en su trayectoria socioeconómica posterior», señala la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico.
Y, en opinión del sociólogo Mihai Dumitru, investigador en el ámbito de los problemas relacionados con la juventud, para Rumanía este es uno de los problemas sociales más graves:
«La juventud es un periodo de transición de la adolescencia a la edad adulta, en el que los jóvenes se integran en las relaciones sociales. Eligen o buscan tener el mayor número posible de contactos sociales o, por el contrario, se aíslan. Ahora bien, el hecho de que no estén ni en el sistema educativo ni en el mercado laboral, es decir, que no sean activos, significa que se aíslan socialmente, lo que tiene consecuencias para su desarrollo individual, pero, atención, también para la sociedad. Estamos atravesando ahora un periodo de cambios no muy visibles, pero extremadamente profundos, relacionados con la revolución tecnológica que transformará el mercado laboral y, a primera vista, los jóvenes tendrían una oportunidad, ya que manejan las herramientas de la inteligencia artificial mejor o en mayor medida que otras generaciones. Por desgracia, siguen existiendo barreras sociales. Lo primero que les hace fracasar en el mercado laboral es la educación. Como es sabido, muchos jóvenes abandonan los estudios en proporciones mucho mayores que en cualquier otro país de la Unión Europea, en distintas etapas: una quinta parte abandona la universidad tras el primer año de estudios por motivos económicos, problemas personales, matrimonio, hijos, etcétera. Pero sin una educación adecuada no pueden hacerse un hueco en el mercado laboral. En segundo lugar, es interesante que, en Rumanía, los empleadores busquen personas con experiencia. Ahora bien, un joven que haya terminado los estudios o no los haya terminado, que se haya quedado en la etapa de secundaria, no tiene precisamente eso: experiencia».
El porcentaje general de rumanos con estudios superiores es de solo el 19 %, y su proporción es muy inferior a la de quienes tienen estudios de bachillerato o postbachillerato, que alcanza el 56 %. Además, según datos de Eurostat, solo el 23 % de los jóvenes rumanos de entre 25 y 34 años ha completado estudios superiores.
De entre los jóvenes que terminan la carrera universitaria, algunos acaban trabajando en un ámbito totalmente distinto al que les habían preparado. ¿Dónde se rompe el vínculo entre la educación y las exigencias del mercado laboral? De nuevo, el investigador Mihai Dumitru:
«Se trata de una cuestión de planificación del sistema educativo. Siempre ha existido la necesidad de que la escuela se adapte a las exigencias del mercado laboral. Muchos empresarios dicen: “Señor, vienen, saben mucha teoría, pero no se ajustan a lo que les pido en el trabajo”. Así pues, la adaptación en las escuelas: ¡ahí es donde hay que trabajar en el sistema educativo! ¿Para qué profesiones los preparamos? ¿Para qué mundo los preparamos? Porque, lo repito una vez más, el mundo en el que vivimos cambia en diez años; el mercado laboral será totalmente diferente al actual».
Sin una estrategia nacional a largo plazo que les respalde, los jóvenes de hoy pueden perderse fácilmente y, si se les deja que se las arreglen por sí mismos, se encontrarán con grandes problemas, añade Mihai Dumitru:
«¡Seguro que hay soluciones! Pero, para ello, necesitamos una estrategia dirigida a la juventud a largo plazo. ¿Qué hacemos con las generaciones venideras? Dejo de lado el hecho de que su número está disminuyendo, al igual que su porcentaje en la población. Por cierto, la población de Rumanía está envejeciendo. En 1992, la edad media era de casi 35 años. Ahora supera los 40 años. Así pues, la población está envejeciendo. Será la generación joven la que impulse esta transición hacia la revolución tecnológica. Y para ello necesitaríamos una estrategia general sobre la juventud, centrada, sin duda, en la educación, en primer lugar, y, en segundo lugar, en cómo eliminar las barreras del mercado laboral o cómo fomentar la contratación de los jóvenes».
De los cientos de miles de jóvenes de Rumanía que ni trabajan ni estudian, alrededor del 70 % no encuentra un empleo a la altura de sus expectativas. Y es que las personas sin una profesión y sin trabajo quedan marginadas en la sociedad. «¿Quién soy? ¿Y qué hago?» son preguntas que cualquier joven se plantea al inicio de su camino en la vida. Ahora bien, no tener una profesión ni un empleo supone, a largo plazo, un mayor riesgo de exclusión social, pobreza material y dependencia económica de la familia. Además, desde un punto de vista técnico, cuanto más tarde se incorpore una generación al mercado laboral, más tarde contribuirá al sistema de la seguridad social, a la economía y a la sociedad en general. Además, una generación que aún está buscando su camino y se incorpora tarde al mercado laboral supondrá un coste muy elevado, ya que, mientras tanto, la economía necesita recursos que, al no encontrarlos a nivel interno, se verá obligada a importarlos del exterior.
Versión en español: Monica Tarău