¿Hay vida después de las drogas?
Por muy grave que sea la adicción a las drogas, con un tratamiento especializado, fuerza de voluntad y la ayuda adecuada, las personas dependientes pueden lograr la abstinencia y tener una vida estable y plena.
Roxana Vasile, 24.06.2026, 12:47
El comisario europeo de Asuntos Internos y Migración, Magnus Brunner, y la Agencia de la Unión Europea para las Drogas (EUDA) presentaron, a principios de junio, el Informe Europeo sobre Drogas 2026. Basándose en datos de 29 países —los 27 de la Unión Europea, además de Noruega y Turquía—, el documento señala que las drogas tienen un impacto cada vez más perjudicial sobre la salud de los consumidores, ya que se han vuelto más accesibles, más diversas y más potentes. Al mismo tiempo, el tráfico de drogas constituye una grave amenaza para la seguridad del continente. Las redes de delincuencia organizada diversifican sus rutas de tráfico y sus métodos para eludir los controles, recurren a la intimidación y la violencia, y reclutan y explotan a jóvenes vulnerables.
El experto en lucha contra las drogas Cătălin Țone ha dado más detalles sobre el Informe Europeo en Radio Rumanía:
«En mi opinión, son datos que suscitan preocupación. Prácticamente, se ha comunicado oficialmente que en Europa aparece una nueva droga casi cada semana. En el mercado hay drogas cada vez más potentes y más difíciles de controlar. La diversidad de sustancias es grande y la posibilidad de que provoquen efectos graves está presente prácticamente a cada paso. Asimismo, el informe llama la atención sobre los opioides sintéticos, que constituyen el principal motivo de preocupación, ya que son muy concentrados: a partir de un solo gramo de determinadas sustancias se pueden generar miles de dosis letales».
Georgiana Drăgan fue adicta a las drogas durante ocho años.
«Empecé a consumir marihuana a los 17 años, una droga que consumí de forma ocasional durante tres años. Tras ese periodo, por desgracia, al empezar una relación con un chico adicto a la heroína, empecé a consumir esta droga y se produjo una terrible adicción a la heroína que duró cinco años; una droga que me inyectaba y que, por supuesto, trajo consigo consecuencias en todos los ámbitos de mi vida —desde el deterioro de todas las relaciones que tenía, pasando por la incapacidad de mantener un trabajo, hasta actos ilegales, robos, atracos, préstamos con documentos falsos, etcétera. Pero lo más doloroso fueron los problemas que causé a mi familia, especialmente a mi madre, y la situación de impotencia en la que acabé».
En 2009, cuando se dio cuenta de que ya no podía controlar su consumo y de que tenía que dejarlo, Georgiana ingresó en un programa de rehabilitación:
«El momento más bajo y lo que me llevó a tomar la decisión fue el hecho de que lo había perdido todo. De ser una chica con aspiraciones de futuro, una chica con potencial, una estudiante brillante, una olímpica en el colegio, había acabado durmiendo sobre cartones en las escaleras de los bloques de pisos y sin tener absolutamente nada por lo que luchar. Ese fue el momento en el que me di cuenta de que, si no tomaba una decisión, acabaría en la cárcel o bajo tierra. Y, de alguna manera, darme cuenta de eso me hizo pensar en mí misma, en la persona que había sido en el pasado, en la niña y la adolescente con sueños y aspiraciones y, al final, tomar una decisión. Pero la decisión no habría bastado si no hubiera existido un lugar donde recuperarme, porque ya antes había tenido el deseo de dejarlo, pero el hecho de que hubiera algo concreto que me ayudara fue de una importancia enorme».
Georgiana Drăgan no solo dejó las drogas, sino que se convirtió en directora del centro para chicas Teen Challenge, situado a las afueras de Bucarest. En la actualidad, nueve chicas siguen el programa de recuperación y reinserción social que, en el caso de los adultos, dura entre nueve meses y un año. Y el enfoque es holístico.
«Recomendamos un periodo de desintoxicación antes de incorporarse a nuestro programa, ya que estas personas necesitan ayuda para hacer frente a los síntomas de la abstinencia. Pero, más allá de eso, también se necesita un enfoque que les ayude a reconstruir su vida desde cero, y eso se consigue estableciendo nuevos principios de vida y cambiando los valores —pasando de ser personas que mentían, han manipulado y que estaban acostumbradas a recurrir a todo tipo de artimañas para conseguir dinero, a que adopten ahora principios sanos que les ayuden no solo durante el periodo de recuperación, sino también después. Nuestro programa está bien estructurado: desde la hora de levantarse hasta la hora de acostarse, hay actividades variadas a lo largo de todo el día, de modo que no haya ni aburrimiento, ni sobrecarga, ni cansancio. Contamos con un sistema de mentoría —una forma de asesoramiento—, impartimos cursos, es decir, abordamos también esta vertiente educativa y, algo muy importante desde nuestro punto de vista, es abordar el aspecto más profundo, porque cada uno tiene su propio universo interior, su propia identidad… La primera fase es, por tanto, la fase de recuperación, y después viene un periodo de prácticas en el que aumentan las responsabilidades y también los privilegios, es decir, tienen teléfono, interactúan más con la vida exterior, pero también tienen la oportunidad de ayudar, a su vez, a otras chicas —y, en el centro de chicos, a otros chicos que participan en el programa—, convirtiéndose, a su vez, en modelos a seguir y en una fuente de esperanza».
«La tasa de éxito —afirma Georgiana Drăgan, directora del centro para chicas Teen Challenge— es muy alta, ya que muchas de las personas que han decidido seguir este programa —chicas o chicos— lo completan». Esto demuestra que, por muy grave que sea la adicción a las drogas, mediante un tratamiento especializado, fuerza de voluntad y la ayuda adecuada, las personas dependientes pueden lograr la abstinencia y tener una vida estable y plena.
Versión en español: Monica Tarău