¿Qué ha cambiado en la lucha contra la violencia doméstica?
Desde principios de año se han producido 116 000 intervenciones policiales y 31 feminicidios. Cristina Praz, del Centro Filia, nos explica qué ha aportado la ley sobre el feminicidio y qué es lo que aún falta.
Iulia Hau, 04.11.2026, 12:27
La violencia doméstica ha vuelto a ser objeto de atención pública tras la publicación de las últimas estadísticas por parte de la Policía rumana. En los primeros nueve meses del año, la Policía intervino en más de 116 000 casos de violencia doméstica, lo que supone un aumento del 27 % con respecto al mismo período del año pasado. Además, este mismo año se han denunciado 31 feminicidios.
Cristina Praz, experta en comunicación estratégica e igualdad de género del Centro Filia, señala que el Ministerio de Justicia ha superado el plazo de seis meses que se había marcado para comenzar a desarrollar una herramienta de evaluación de riesgos en casos de violencia doméstica. Dicha herramienta contribuiría a prevenir los feminicidios.
«Lo destaco porque es una de las medidas más importantes a las que el Estado rumano se ha comprometido con la implementación y promulgación de la ley para la prevención de los feminicidios. Esta herramienta contribuiría de forma real a comprender mejor la gravedad de una situación de violencia doméstica y las probabilidades de que una mujer sea asesinada por su expareja o por otra persona que la haya agredido en el pasado. Es un instrumento que, lamentablemente, tarda en aparecer».
El Centro Filia, junto con más de 190 organizaciones de la sociedad civil, ha enviado una carta abierta al Ministerio de Justicia y a las autoridades rumanas para subrayar una vez más la urgencia de adoptar esta medida, sobre todo en situaciones de violencia extrema.
Cristina Praz también recuerda los recientes debates sobre el acoso sexual, sobre todo en el ámbito universitario, y considera que las instituciones públicas no ofrecen una respuesta adecuada.
«En Filia llevamos muchos años trabajando en el tema del acoso sexual en el ámbito universitario y sabemos que, en la mayoría de los casos, se oculta y se pasa por alto por parte de las instituciones educativas, ya que no quieren dañar la imagen pública de la universidad. Sin embargo, este fenómeno es muy frecuente, por lo que es necesario que se adopten medidas».
La organización ha contabilizado las denuncias oficiales por casos de acoso sexual en el ámbito universitario y ha constatado que, en cinco años, se han registrado unas quince denuncias. Este número reducido se debe a que las universidades no cuentan con mecanismos suficientemente eficaces para animar a las estudiantes a denunciar los abusos.
«Por otra parte, también hemos analizado cómo se regula este fenómeno en los documentos internos que deberían proteger a las estudiantes, es decir, los códigos éticos. Y entonces observamos que la mayoría de las universidades ni siquiera mencionaban el término «acoso sexual». Muchas de ellas carecían de procedimientos específicos para las personas que se enfrentan a este tipo de situaciones. De hecho, elaboramos una guía muy fácil de entender que explica los pasos a seguir y regula muy bien el acoso sexual y la discriminación de género, y la enviamos a todas las universidades de Rumanía. Pero, por desgracia, creo que en aquel momento solo dos o tres universidades lo publicaron en su página web; del resto, no recibimos ninguna respuesta».
Cristina Praz también destaca un paso adelante. En abril de este año tuvo lugar un hecho histórico, según la experta: la promulgación de la Ley de Prevención de los Feminicidios. Es la primera vez que el concepto de feminicidio se reconoce en la legislación rumana y, a raíz de ello, el Estado rumano se ha comprometido a adoptar una serie de medidas. Entre ellas, se encuentra la introducción de la educación para la igualdad de género y las relaciones no violentas en los colegios, la centralización de los datos sobre violencia doméstica y de género, y penas más severas para los delitos contra las mujeres.
Volviendo a las estadísticas sobre violencia doméstica, las cifras policiales revelan otro dato: la proporción de denuncias en el medio rural y en el urbano es aproximadamente igual.
«Es una de las ideas más extendidas que oímos a nuestro alrededor: que la violencia doméstica se da más en el medio rural. Sin embargo, nosotros analizamos las cifras cada año y es una constante que el número de denuncias e intervenciones en el medio rural y en el urbano es más o menos el mismo año tras año. Esto nos habla de los prejuicios que tenemos, de que la violencia solo existe en un entorno o categoría social determinados. En realidad, la violencia puede ocurrir y ocurre en todas partes, independientemente de si hablamos del medio rural o urbano, de mujeres con un nivel educativo más bajo o más alto, etc.»
En octubre de 2024, el sistema de vigilancia electrónica de los agresores en casos de violencia doméstica se amplió a nivel nacional, abarcando todos los distritos. Cristina Praz afirma que, si bien la implantación de estos dispositivos ha aumentado la seguridad de las mujeres y ha disuadido a los agresores, la forma en que las autoridades han comunicado estas medidas ha dejado mucho que desear.
«Por nuestra experiencia, sabemos que las víctimas siguen teniendo miedo de recurrir a esta medida porque no la han entendido muy bien. Ha habido mucha información falsa sobre el sistema de seguimiento, como que si pierdes el dispositivo tendrás que pagarlo o que las autoridades tienen acceso a más información de la que te gustaría. Creo que aquí es donde debería intervenir el Estado: llevar a cabo campañas informativas a nivel nacional sobre lo que realmente significa esta medida de protección y por qué es importante, algo que, hasta ahora no se ha comunicado adecuadamente».
Por último, pero no por ello menos importante, según los datos publicados por el Instituto Europeo de la Igualdad de Género, Rumanía ocupa sistemáticamente los últimos puestos. En la última edición, nuestro país obtuvo una puntuación de 57 puntos sobre 100, por debajo de la media europea. En 2024 ocupó incluso el último puesto, con 57,5 puntos, frente a una media de la UE de 71 puntos.
Versión en español: Victoria Sepciu