¿2026, el año de la paz en Ucrania?
Desde hace casi cuatro años, el conflicto militar en Ucrania causa sufrimiento y pérdidas significativas de vidas humanas, y las sanciones y negociaciones aún esperan un resultado que ponga fin al enfrentamiento.
Corina Cristea, 23.01.2026, 14:35
Desde hace casi cuatro años, la guerra en Ucrania deja sufrimiento y un elevado número de víctimas mortales, mientras las sanciones y las negociaciones siguen sin ofrecer un resultado que ponga fin a la confrontación. El conflicto ha cambiado destinos, pero también el mapa de la seguridad europea, con repercusiones en las relaciones internacionales. Ya no es solo una guerra en el frente: implica cadenas de suministro alteradas, inseguridad energética, fatiga política y una presión creciente sobre el orden internacional. ¿Puede ser 2026 el año de la paz en Ucrania? Por ahora, el conflicto parece haber entrado en una fase de desgaste, en la que los costes humanos, económicos y políticos son enormes. Los datos indican que ambas partes se encuentran en un estado avanzado de agotamiento, aunque no del mismo tipo ni con las mismas consecuencias estratégicas, afirma el profesor universitario Ștefan Ciochinaru, analista de política exterior, quien explica en qué punto se sitúa hoy la guerra en esta dinámica de desgaste:
“Ucrania se encuentra en un agotamiento crítico, pero no en colapso. Sigue adaptándose, resiste, pero el coste humano es cada vez más difícil de sostener. ¿En qué punto está Rusia? Rusia atraviesa un desgaste lento, pero vive con la convicción de que puede ganar una guerra de desgaste. Así, pese a las sanciones y a las pérdidas, el Kremlin considera que la guerra es sostenible a medio plazo y cree que puede derrotar a Ucrania en un conflicto prolongado. El agotamiento existe, pero no se percibe como una amenaza estratégica inmediata. Observen, por favor, que hablo de percepciones, y no de Rusia como país, sino del Kremlin. En realidad, se trata de Putin, de la percepción de Putin y de su convicción de que puede ganar una guerra de desgaste. En estas condiciones, lo más probable es que la guerra no termine en 2026, pero su intensidad se desplace hacia una fase de menor intensidad y más prolongada, el síntoma de un conflicto que ha entrado en una etapa de desgaste estructural. Aunque ambas partes están agotadas, ninguna lo está lo suficiente como para aceptar concesiones de calado. Es probable, por tanto, que en 2026 no asistamos a una ruptura, sino más bien a una convergencia peligrosa entre presiones militares, financieras y políticas. Porque Ucrania no puede ceder sin garantías existenciales, Rusia no quiere negociar sin ganancias territoriales significativas y Occidente todavía no está dispuesto a forzar una solución. Mi conclusión es que la guerra se encuentra en una fase avanzada de desgaste, pero no en una fase terminal.”
Si observamos con atención lo que ocurre, vemos muchas señales de que 2026 es más bien un hito dentro de un conflicto global prolongado, añade el profesor universitario Ștefan Ciochinaru. Pero ¿cómo cambiaría una eventual paz en 2026 la arquitectura de seguridad de Europa y las relaciones internacionales en su conjunto? A grandes rasgos, existen tres tipos de escenarios: una paz con fuertes garantías para Ucrania; segundo, un alto el fuego, un conflicto congelado; y tercero, un acuerdo impuesto, dictado a Ucrania o, dicho de otro modo, favorable a Rusia, explica Ștefan Ciochinaru:
“Cómo se reconfigure la arquitectura de seguridad depende enormemente de cuál de estos tres escenarios se haga realidad. Está claro que Europa ya no puede permitirse la ambigüedad. O integra a Ucrania en sus estructuras, la Unión Europea, eventualmente la OTAN o algo muy cercano, o se queda con una zona gris, extremadamente inestable en su frontera. Si la paz aportara garantías sólidas para Ucrania, probablemente veríamos un bloque oriental mucho más influyente dentro de la UE y mecanismos en los que un grupo de Estados europeos asuma compromisos de defensa, asistencia militar y reconstrucción a largo plazo. En cualquier caso, la OTAN sigue siendo el pilar central de la seguridad europea. En un escenario de paz con garantías serias para Kiev, la propia OTAN tendrá que decidir si Ucrania entra formalmente en la Alianza o si recibe garantías bilaterales, además de un despliegue adelantado de capacidades. Otro plano de análisis es el divorcio estratégico del mundo occidental respecto a Rusia y el nuevo orden en Eurasia. Incluso en un escenario de paz relativamente favorable a Ucrania, es evidente que las relaciones entre Europa y Rusia están dañadas de forma irreversible a largo plazo. La pregunta es: ¿puede seguir existiendo una arquitectura de seguridad común entre Europa y Rusia? Porque muchos sostienen que, tras esta guerra, cualquier orden compartido en Eurasia será sustituido por dos bloques de seguridad rivales, con una Ucrania fortificada como avanzadilla de Europa.”
En los escenarios más sombríos, una paz débil o impuesta a Ucrania, añade Ștefan Ciochinaru, el orden posterior a 1945 y a 1991 sería percibido como erosionado, la agresión quedaría recompensada y la seguridad europea se transformaría en una preparación permanente para el próximo choque, para la próxima guerra, y en ningún caso en un marco estable. La conclusión, sostiene el analista político, es que 2026 no parece un año de paz, sino un año de posibilidades frágiles.
Versión en español: Valeriu Radulian