La reina María en América
Hace 100 años, la reina María, segunda soberana de Rumanía y figura clave que, junto a su esposo, el rey Fernando I, contribuyó a la creación de la Gran Rumanía, visitaba los Estados Unidos de América. Aunque se trataba de una visita privada, esta trascendió los límites de un viaje personal convencional. La reina recibió una amplia cobertura mediática y su visita cosechó un éxito extraordinario entre la opinión pública estadounidense, lo que contribuyó a situar a Rumanía en el mapa mental de la geopolítica internacional.
Steliu Lambru, 26.10.2026, 14:09
La reina María de Rumanía, esposa del rey Fernando I, fue una de las grandes personalidades que crearon la Rumanía actual. María creó Rumanía con su firme voluntad, inteligencia, formación, sentido de la historia, entrega, heroísmo, habilidad diplomática y presencia. María de Rumanía es uno de los grandes referentes que Rumanía ofrece a la humanidad, un modelo válido para siempre. Porque María, por todo lo que hizo por su país, es un ejemplo universal.
En el otoño de 1926, el 18 de octubre, la soberana de Rumanía, acompañada de dos de sus cinco hijos, la princesa Ileana y el príncipe Nicolás, partió hacia el continente norteamericano en una visita privada que acabaría convirtiéndose en legendaria. La visita, denominada también por la prensa «gira americana», duraría más de un mes, hasta el 24 de noviembre. Ștefania Dinu, historiadora de la Casa Real de Rumanía, se refirió a la visita de la reina en 1926 como a un sueño que esta acariciaba desde hacía tiempo:
«Fue una visita que, en cierto modo, ella deseaba realizar. La idea de viajar a América se la habían inculcado desde 1919 aquellos dos amigos suyos, aventureros y soñadores, Loie Fuller y Samuel Hill, a quienes había conocido en París, así como sus amigos estadounidenses con los que había trabajado durante la Primera Guerra Mundial, los coroneles Henry W. Anderson y Lytton Ament. Y el momento en que aquel sueño pudo hacerse realidad llegó en 1926. Por supuesto, la visita se preparó, no se dejó nada al azar. Se firmaron varios contratos con publicaciones estadounidenses en las que aparecía una sección especial titulada “Los consejos de la reina”, publicada en distintos periódicos de todo el territorio de Estados Unidos. Así, los estadounidenses leyeron aquellos textos escritos por la reina María sobre la familia real y sobre Rumanía, y empezaron a conocerla.»
La soberana de Rumanía volvía a hacer historia, esta vez en el Nuevo Mundo, gracias a la excelente impresión que causaba. Ștefania Dinu:
«La reina, que también era una buena escritora, firmó asimismo un contrato con la North American Newspaper Alliance (NANA), que agrupaba casi 70 publicaciones distribuidas también en América y que tenían la exclusiva. Para esas publicaciones tuvo que escribir 24 artículos a lo largo de toda la gira. Así que, cuando se retiraba a su habitación de hotel, tenía que ponerse a escribir y compartir sus impresiones. El recibimiento que le dispensaron en América fue colosal; ni ella misma esperaba algo semejante. Fue como un sueño, decía, algo difícil de imaginar, con toda la avenida Broadway cerrada al tráfico, ella y el séquito real en automóviles descapotables, con aquel confeti que caía del cielo y aquellas serpentinas de papel que caían desde los rascacielos, cuya cima, según contaba, no alcanzaba a ver. Y el recibimiento en el Ayuntamiento de Nueva York fue también extraordinario.»
América había quedado cautivada por una reina procedente de un país de Europa del Este poco conocido, una reina llena de encanto, empatía y humanismo. Ștefania Dinu:
«La mayoría de los discursos que pronunció fueron improvisados. Habló en francés, en inglés y en rumano, pero lo que más la impresionó fue tener que hablar por la radio. Eran discursos radiofónicos que podían escuchar muchísimos estadounidenses, tanto en el territorio de Estados Unidos como en Canadá. Fue recibida con gran solemnidad y entusiasmo. Se reunió con gobernadores, alcaldes, vicealcaldes, presidentes de cámaras de comercio, fotógrafos y periodistas. Por ejemplo, cuando desembarcó en Nueva York, un periodista le preguntó cuántas galletas comía por la mañana en el desayuno. Eran preguntas típicamente estadounidenses, según decían los periodistas del diario rumano Universul, que tenía la exclusiva. También le preguntaron por qué la multitud la adoraba tanto, por qué tenía tanto éxito. Y ella respondió que veía los árboles antes de ver el bosque. Es decir, cuando contemplaba a la multitud, escogía un rostro y miraba directamente a los ojos de aquella persona. Para ella no era una multitud de gente, sino una mujer, un hombre, un niño, una persona con discapacidad, un policía. Respondió que sonreía a todos y así dejaba de ser la extranjera y la soberana distante, que supuestamente debía mantenerse muy alejada de las multitudes que la aclamaban. Era una persona cálida, una persona empática.»
María de Rumanía dejó también constancia en los archivos de su encuentro con los descendientes de los habitantes más antiguos de América, los pueblos originarios. Ștefania Dinu:
«Quiso reunirse con los indígenas, con los siux, con Red Tomahawk, de quien recibió una corona de plumas de águila. La llamaron “Mujer guerrera” porque a aquel jefe tribal indígena le habían contado que ella había realizado una contribución extraordinaria durante la Primera Guerra Mundial. Y Red Tomahawk consideró que la reina merecía aquella corona de plumas de águila. También recibió un nombre, Winyan Kipanpi Win, que significaría “La mujer a la que llamo”. La explicación de aquel nombre era que los rumanos necesitaban a la reina María y la llamaban. Ella, en realidad, se encontraba lejos, muy lejos de su país. Dijo que había dudado durante mucho tiempo antes de ir a América, porque le parecía terrible estar tan lejos de Rumanía durante tanto tiempo.»
Hace cien años, la reina María de Rumanía conquistaba América. Lo hacía gracias a lo que era y a lo que ofrecía a quienes la rodeaban.
Versión en español: Valeriu Radulian