El nombre popular Gustar, dado al mes de agosto, proviene de la tradición rumana de "probar" las frutas. En este mes, las frutas y verduras maduran, y la gente comienza a saborear las primeras cosechas de verano que la tierra les ha brindado. Es el período en que maduran las uvas, las manzanas tempranas, las peras y el maíz.
El aire de octubre huele a hojas secas, a tierra húmeda, y a mosto recién prensado. Las colinas se tiñen de dorado y rojo, como si el sol hubiese decidido dormirse en los viñedos. Estamos en otoño, y en Rumanía, eso solo puede significar una cosa: ha llegado la vendimia.
La gastronomía tradicional rumana en otoño es una celebración de sabores, historia y comunidad. Entre septiembre y noviembre, los mercados se llenan de productos frescos, y las familias se reúnen para cocinar, conservar y compartir.
En 2015, el director Șerban Georgescu inició una incursión única en la realidad rural local, encarnada en un documental que tuvo mucho éxito: «Repollo, patatas y otros demonios». La película narra los esfuerzos de los habitantes de un pueblo cercano a Bucarest, Lungulețu, para salir de un círculo vicioso del que nadie salía ganando. Transcurridos diez años del inicio de su experimento, Șerban Georgescu regresó a Lungulețu y realizó una segunda parte del documental, que plantea más preguntas
Hoy hablaremos sobre una estación realmente especial: el otoño en Rumanía. Es la época del año en la que la naturaleza se transforma de manera espectacular y el ambiente de nuestras ciudades y pueblos nos invita a disfrutar de la belleza simple de la vida.