La campaña «Los temporeros» y los trabajadores de las granjas de Austria
Según datos oficiales, a principios de 2025 residían en Austria aproximadamente 155.000 ciudadanos rumanos, siendo Rumanía uno de los principales países de origen de los inmigrantes, en segundo lugar tras Alemania y por delante de Bosnia y Herzegovina.
Iulia Hau, 06.05.2026, 13:12
Según datos oficiales, a principios de 2025 residían en Austria aproximadamente 155.000 ciudadanos rumanos, siendo Rumanía uno de los principales países de origen de los inmigrantes, en segundo lugar tras Alemania y por delante de Bosnia y Herzegovina. Para algunos de estos rumanos, el trabajo agrícola estacional es una de las principales fuentes de ingresos, especialmente en la recolección de espárragos, fresas, lechuga, pepinos o albaricoques.
Ioana Popescu es estudiante de doctorado en Austria y voluntaria en «Los temporeros» («Sezonierii»), una campaña que se puso en marcha hace más de una década y que defiende los derechos legales y laborales de los trabajadores temporeros en Austria. La joven habla de las dificultades a las que se enfrentan los rumanos allí y de los esfuerzos del grupo de activistas con el que colabora. Ioana Popescu afirma que a los trabajadores se les suele pagar entre 5 y 6 euros por hora y que trabajan mucho más de lo que establece la ley, que es un máximo de 12 horas al día y 60 horas a la semana. Además, no se respeta la pausa mínima de 30 minutos, y a veces la gente acaba trabajando incluso los domingos, siendo el trabajo los sábados casi una norma.
«A lo largo de los años hemos probado varias actividades. Yo llevo casi dos años participando en esta iniciativa. En general, lo que ocurre y lo que observamos son los siguientes problemas: en primer lugar, se les paga menos del salario mínimo legal. El salario mínimo legal, si quieres que te dé una cifra aproximada, es, por ejemplo, en Viena, unos nueve euros netos por hora. Y, en general, ese es el salario que todo el mundo debería recibir, es decir, el mínimo; puedes recibir incluso más dependiendo de lo que negocies o de lo que te ofrezca el empleador. Uno de los mayores problemas es que a la gente no se le paga lo que debería».
Otro problema que señala la doctoranda es el estrés térmico al que se ven sometidos estos trabajadores, tanto por el calentamiento global como por el hecho de que las jornadas laborales no están organizadas de manera que las personas no se vean expuestas al sol en las horas de mayor intensidad. Muchos trabajadores relatan que sufren hipertensión, vómitos y que no se les proporciona equipo de protección en los invernaderos, donde hace mucho calor, ni en el campo, donde están directamente expuestos al sol.
Una tendencia que se ha ido perfilando es el recurso cada vez mayor a trabajadores de países no pertenecientes a la UE. Ioana Popescu:
«En el último año he observado esta tendencia a empezar a contratar a personas de Asia —por ejemplo, de Nepal, Vietnam o la India— y, en cierto modo, a sustituir, entre comillas, a la mano de obra barata de Europa del Este, en la que solían basarse hasta ahora, por una mano de obra aún más barata, que no solo es barata, sino que también resulta algo más fácil de controlar».
Según Ioana Popescu, el elevado nivel de vulnerabilidad de las personas procedentes de fuera de la Unión Europea se debe a su precaria situación legal. Los ciudadanos de la UE no necesitan visado y pueden cambiar de empleador en cualquier momento, mientras que los trabajadores que llegan con un visado de trabajo dependen por completo del empleador que los ha traído a Austria. Además, la doctoranda cuenta que, para llegar a Austria, los trabajadores asiáticos pagan costes exorbitantes, que deben ir amortizando, poco a poco, con los salarios que reciben.
«Nosotros, como grupo, hemos llevado a cabo varias actividades. Nuestro objetivo es informar al mayor número posible de trabajadores sobre sus derechos y, con esta idea, salimos al terreno y repartimos folletos; vamos, prácticamente, durante las horas de trabajo al campo, porque en los invernaderos no podemos entrar, solo que en el campo, literalmente, nos plantamos allí y empezamos a hablar con la gente y a darles folletos. Además, organizamos un curso de alemán en un barrio concreto de Viena, que está cerca de los invernaderos donde se cultivan muchísimas hortalizas. Se llama Semmering y allí trabajan muchísimos trabajadores. Allí intentamos, además de ofrecerles la oportunidad de aprender alemán, crear un espacio comunitario. No funcionó muy bien, pero esa era la idea y, de alguna manera, eso es lo que queremos seguir haciendo: dedicarnos más a la organización comunitaria, más allá de la mera información, porque nos hemos dado cuenta de que a la gente le cuesta actuar directamente con la información que tiene».
Cuando se le pregunta cuáles son las principales dificultades en la organización comunitaria, Ioana Popescu afirma que, en primer lugar, los trabajadores temporeros de Austria están muy aislados. Muchos viven en granjas, cerca de granjas o junto al bosque. Además, algunos se quedan tres meses, luego se marchan y quizá no vuelvan nunca más. En otros casos, hay personas que, aunque llevan años viviendo allí, viven con la convicción permanente de que esta es la última temporada.
«Es decir, nunca te das cuenta, y esa fue precisamente una de las dificultades del curso de alemán, porque la gente decía: “¿Para qué me sirve el alemán, si de todos modos no me voy a quedar aquí?”. Y, sin embargo, llevaban allí tres años. O llevaban cinco años».
Cuando se le pregunta cómo definiría a un trabajador temporal, la doctoranda reconoce que no tiene una respuesta válida en general.
«Esa es una pregunta muy buena, porque, en general, yo también creía que la temporada solo se refería al verano o al otoño, o al tiempo que hay que dedicar a la recolección de hortalizas. Y sí, para algunas personas hay diferentes temporadas, es decir, hay una temporada más productiva o en la que hay más trabajo, por ejemplo, el verano o el otoño. Pero hay personas que vienen y se quedan casi todo el año. De nuevo, no todos los trabajadores son así, y el empleador prefiere que los trabajadores sean muy flexibles, para poder prescindir de ellos en los momentos en los que no tiene tanto trabajo».
Versión en español: Monica Tarău