Club Cultura: Cristian Mungiu aboga por recuperar las salas de cine
De regreso al país tras su éxito en Cannes, Cristian Mungiu aprovechó la atención generada por su nuevo premio para volver a poner de relieve los problemas crónicos del cine rumano. El director afirma que, si bien las películas rumanas siguen ganando premios internacionales, la infraestructura y la financiación del sector se han mantenido prácticamente inalteradas en las últimas dos décadas.
Corina Sabău, 06.06.2026, 15:16
El éxito obtenido en Cannes ha vuelto a situar a Cristian Mungiu en el foco de la atención internacional, después de conquistar la segunda Palma de Oro de su carrera con Fjord, película escrita y dirigida por él. Sin embargo, a su regreso a Rumanía, el cineasta optó por hablar menos de los premios recibidos y más de los problemas que, a su juicio, frenan el desarrollo de la cinematografía rumana.
La rueda de prensa ofrecida por Cristian Mungiu se celebró en un espacio de gran valor simbólico para el mundo del cine: Cinema Studio, en Bucarest. La sala, que durante años fue uno de los principales escenarios de festivales, estrenos y encuentros con el público, permanece cerrada desde hace mucho tiempo.
Mungiu afirma que en los últimos años no solo han desaparecido edificios, sino también todo un hábito de ir al cine. En numerosas ciudades ya no existen salas operativas y generaciones enteras han crecido sin un acceso constante a proyecciones cinematográficas. El director subraya que, sin inversiones, el público pierde el vínculo con la experiencia colectiva de ver una película en una sala de cine.
«Es necesario que ahora, cuando disfrutamos de este momento de atención, intentemos hacer algo. Porque lo peor que ha ocurrido tras la pérdida de las salas de cine no es que hayan desaparecido espacios donde se proyectaban películas, sino que se ha perdido un hábito de consumo. La gente ha dejado de pensar que todavía puede salir en su ciudad, ver una película junto a otras personas, socializar y comentarla después. Es cierto que las plataformas y todos los cambios de los últimos años han contribuido a ello, pero es importante hacer un esfuerzo para recuperar estas costumbres, en la medida de lo posible y adaptándolas a las condiciones actuales.»
Los problemas, sin embargo, no se limitan a la falta de salas de cine. Cristian Mungiu sostiene que todo el sistema de financiación de la cinematografía necesita reformas. El director volvió a referirse a los fondos que, según la legislación vigente, deberían alimentar el Fondo Cinematográfico y que nunca llegaron a su destino. En su opinión, esta es una de las medidas más rápidas para que el sector disponga de recursos adicionales.
Al mismo tiempo, el cineasta considera que el Estado debe apoyar de forma más concreta al sector cultural mediante la actualización de la Ley de Cinematografía y su adaptación a las nuevas formas de consumo audiovisual, como las plataformas de streaming y la publicidad digital. Mungiu aboga por normas claras y previsibles en la concesión de ayudas y por un marco que permita el desarrollo a largo plazo de la industria.
El director también se refirió a la ausencia de una sala adecuada para grandes estrenos en la capital. En la actualidad, organizar una premiere importante implica costes elevados y soluciones improvisadas. A su juicio, Rumanía necesita una estrategia cultural a largo plazo y mecanismos previsibles de financiación, no medidas excepcionales adoptadas únicamente cuando una película obtiene reconocimiento internacional.
Tras este llamamiento a las autoridades, Cristian Mungiu habló también del proyecto que lo ha devuelto a los principales festivales internacionales. Su nueva película, Fjord, iniciará próximamente un amplio circuito internacional de promoción. Antes de su estreno oficial en Rumanía, el público rumano tendrá la oportunidad de verla en una proyección especial.
Según explica el director, Fjord parte de una realidad contemporánea marcada por las tensiones y por la falta de diálogo entre distintos grupos sociales.
«No soy ingenuo y no imagino que, después de proyectar esta película, que en cierto modo es una invitación a la tolerancia, la gente vaya a salir a la calle abrazándose unos a otros, personas con simpatías políticas diferentes. No. Pero es una película sobre el pensamiento fundamentalista. Y el fundamentalismo no es ni de izquierdas ni de derechas. Es una forma de pensar en la que uno cree que tiene razón y que el otro está equivocado. Esa es precisamente la actitud contra la que me posiciono y de eso trata la película. Es una invitación a que cada uno haga su propio análisis y reflexione sobre cuál es su posición. No espero que una película pueda provocar, de forma estadísticamente relevante, un cambio en la sociedad; evidentemente no. Pero, por otra parte, resulta muy decepcionante comprobar que una película que invita a la tolerancia sea recibida con hostilidad antes incluso de que la gente la haya visto.»
En la visión del director, la película no ofrece respuestas definitivas, sino que abre un espacio de reflexión sobre la forma en que funciona la sociedad actual.
Al término de la conferencia, el mensaje de Cristian Mungiu fue sencillo: los premios internacionales aportan visibilidad, pero no pueden sustituir las inversiones ni las reformas. Y si el cine rumano sigue cosechando reconocimiento en el mundo, sostiene el director, ha llegado el momento de que la infraestructura cinematográfica del país esté a la altura del prestigio que esas películas aportan a Rumanía.
Versión en español: Valeriu Radulian