Ayuda occidental en tiempos de guerra
Las armas, el dinero y el apoyo de Occidente sostienen a Ucrania en su lucha contra la Federación Rusa. ¿Cómo ha evolucionado esta ayuda, cuánto tiempo más puede durar y qué está en juego para Europa?
Corina Cristea, 18.09.2026, 13:00
El apoyo de Estados Unidos y Europa ha permitido a Kiev resistir durante más de cuatro años y medio frente a un ejército ruso mucho mayor. La pregunta que se plantea ahora es hasta qué punto sigue siendo sólido este apoyo y en qué medida puede cambiar realmente el curso de la guerra.
En el frente se libra ahora no solo una batalla por el territorio, sino también una competición tecnológica sin precedentes. Drones, inteligencia artificial, guerra electrónica, misiles de largo alcance: todos ellos influyen en las reglas del enfrentamiento. Y, en esta carrera, Ucrania intenta convertir el apoyo occidental en una ventaja decisiva. Todo ello mientras el país está sometido simultáneamente a la presión en el frente, los bombardeos sobre las ciudades y una guerra sistemática contra sus infraestructuras energéticas.
El analista militar Radu Tudor, sobre el apoyo occidental:
«Es un apoyo militar, financiero, logístico y económico, 100 % a favor de Ucrania. Tenemos la prueba clara de que el heroísmo de los ucranianos que defienden su país, que defienden su integridad territorial, no habría podido materializarse de la manera en que lo ha hecho sin el apoyo masivo de Occidente. Varios cientos de miles de millones de euros y dólares han llegado a Ucrania, un país duramente castigado por esta sangrienta guerra de invasión de Rusia en territorio ucraniano. Cuando Vladimir Putin desencadenó esta guerra ilegal, imaginaba que conquistaría e invadiría Ucrania en tres días. Pues bien, han pasado más de cuatro años y medio y Ucrania no solo resiste, sino que empieza a dar alguna que otra dura lección a Rusia y a poner a punto sistemas de armamento modernos. Y Occidente ha tenido que dar un paso adelante, porque hasta ahora el apoyo prestado ha tenido en cuenta un principio que puede ponerse en duda, digamos, concretamente el de no provocar a Rusia. Rusia ya ha causado daños inmensos, de cientos de miles de millones, a Ucrania, ya ha desencadenado una guerra que sacude a toda Europa, y los occidentales dijeron: no suministraremos misiles de mayor alcance, misiles muy eficaces, capaces de alcanzar objetivos en el territorio de la Federación Rusa. Pues bien, esta vacilación de Occidente también ha contribuido a prolongar la guerra, porque está claro que Putin no va a detenerla, pero si Ucrania dispone de capacidades de defensa más potentes y tiene la capacidad de alcanzar objetivos estratégicos en el territorio de la Federación Rusa, una operación absolutamente permitida y legal según los convenios internacionales – un país invadido y atacado tiene derecho a defenderse-, entonces podríamos recibir muy buenas noticias de Ucrania en muy poco tiempo.»
En la reunión celebrada en Kiev de la denominada Coalición de Voluntarios, organizada en agosto, precisamente el Día de la Independencia de Ucrania, se prometió transformar el apoyo a Kiev, pasando de una política basada predominantemente en el suministro de armamento a una asociación industrial y tecnológica a largo plazo.
Londres permitirá incluso el acceso a tecnología clasificada necesaria para producir en Ucrania misiles de crucero Storm Shadow, mientras que París podrá facilitar información técnica sobre el misil SCALP, un arma con un alcance superior a 250 km.
Creo que esta iniciativa debería haberse tomado antes, afirma el analista militar Radu Tudor:
«Los Estados occidentales deberían haber incluido también la transferencia de tecnología en los cientos de miles de millones de ayuda que han proporcionado a Ucrania. “Tú, Ucrania, produces tus propias armas para defenderte, pero nosotros te proporcionamos la tecnología más avanzada”; eso es también lo que ellos pidieron. Creo que una transferencia de tecnología occidental a Ucrania no llevaría a prolongar la guerra, sino, al contrario, a acortarla. Si Ucrania, tal como está ahora, consigue alcanzar objetivos estratégicos, cuando disponga de tecnología y misiles occidentales avanzados podría poner a Rusia en su sitio en muy poco tiempo. Y Putin, por desgracia, solo entiende el lenguaje de la fuerza y entonces, al ver la enorme diferencia y la capacidad de Ucrania, podría verse obligado a buscar una solución de paz, una paz que todos deseamos. La desean ante todo los ucranianos, pero, junto a ellos, también nosotros, los que formamos parte del espacio euroatlántico.»
Si durante los dos primeros años de la invasión Estados Unidos fue el principal proveedor de armamento avanzado para Ucrania, en 2026 el panorama es diferente. Europa se ha convertido en el principal pilar del apoyo a Kiev, mientras que el acceso de Ucrania a determinados sistemas estadounidenses sigue siendo esencial, especialmente en el ámbito de la defensa antiaérea.
Y precisamente en este ámbito se encuentra una de las principales vulnerabilidades, advierte Radu Tudor:
«Creo que la mayor vulnerabilidad de los ucranianos en estos momentos son los sistemas antimisiles. Lo que vemos cada día, es decir, la increíble matanza de civiles que los rusos llevan a cabo en Kiev, pero también en muchas otras ciudades, se debe también a que Ucrania ha agotado el armamento y la munición para la defensa antimisiles. De ahí la insistente petición de Volodímir Zelenski a Estados Unidos, pero también a otros países: dennos sistemas Patriot. Con 30 sistemas Patriot, Ucrania podría defender todo su territorio frente a los misiles de crucero y los misiles hipersónicos lanzados por Rusia. Al no existir esta capacidad ni una voluntad suficientemente clara por parte de los Estados occidentales de proporcionar estos sistemas, estos permanecen en existencias. Rumanía ha dado un ejemplo en este sentido: de los siete sistemas adquiridos, donamos uno a Ucrania. Evidentemente, hay otros Estados, con economías mucho más fuertes que la de nuestro país, que podrían hacer este gesto. Alemania entregó tres sistemas, Países Bajos entregó uno; fueron gestos muy bienvenidos, pero si cada Estado miembro de la OTAN pudiera hacer un gesto de este tipo, Ucrania estaría protegida al 100 %.»
Por otra parte, en esta ecuación Ucrania ofrece a Occidente algo que no puede simularse en un campo de maniobras: la experiencia de una guerra real y de alta intensidad, y las lecciones aprendidas por los militares ucranianos se enseñan ahora en los Estados miembros de la OTAN.
Versión en español: Valeriu Radulian