Los perros no son mercancía
Un enorme escándalo y una investigación periodística han revelado que, en algunos refugios privados para perros de Rumanía, la eutanasia de los animales se ha convertido en un negocio millonario financiado con dinero público.
Roxana Vasile, 25.02.2026, 11:08
En Rumanía hay refugios públicos y privados para perros sin dueño. Los privados son propiedad, por un lado, de ONG que se esfuerzan por ofrecer a los animales las mejores condiciones de vida posibles y, por otro, de personas que los crean y luego firman contratos con las autoridades locales para gestionar los animales sin dueño.
A mediados de febrero, un gran escándalo volvió a poner sobre la mesa el debate sobre la conciencia, la moralidad y la legislación. En la localidad de Suraia (este), en el distrito de Vrancea, un refugio privado firmó más de 100 contratos con ciudades y municipios de todo el país para recoger perros de las calles. Para hacer sitio a otros nuevos, el 80 % de los perros capturados eran sacrificados. Cámaras ocultas grabaron al propietario del refugio mientras sacrificaba de forma brutal a perros sin dueño, incluidos algunos sanos. En las imágenes se podía ver cómo los golpeaban, arrastraban e inyectaban, y luego los tiraban y los dejaban agonizar. Las autoridades habían recibido anteriormente quejas relacionadas con este refugio, pero la reacción fue mínima: se realizaron controles, pero sin sanciones graves, y la actividad allí continuó. Esta vez, tras la publicación en la prensa de las imágenes, difíciles de ver, se suspendió temporalmente la actividad del refugio, todos los perros que se encontraron con vida fueron reubicados gracias a las ONG y se abrieron causas penales. El propietario, ¡veterinario de profesión!, fue puesto bajo control judicial.
Emma Stratulat, también veterinaria y fundadora de la asociación Save Our Paws, es la persona gracias a la cual las imágenes de las atrocidades cometidas en Suraia llegaron al conocimiento de la opinión pública:
«Empezamos la lucha más dura e importante hasta ahora, una lucha contra un sistema que, durante años, ha hecho daño, ha ocultado y se ha aprovechado de los animales. Hablamos de empresas privadas que se encargan de los perros sin dueño. Ya no podemos callarnos, ya no podemos mirar para otro lado. Tenemos indicios, tenemos datos, tenemos pruebas que plantean serias dudas sobre cómo se utiliza el dinero público y sobre lo que ocurre con estos animales. Y sí, comenzamos la lucha por la verdad, por la transparencia, porque cada alma cuenta».
Partiendo del caso Suraia, una investigación realizada por la publicación Snoop.ro muestra que, para algunos refugios privados de Rumanía, la eutanasia de perros se ha convertido en un negocio extenso y rentable. Según la investigación, en los últimos tres años se habrían sacrificado ilegalmente más de 64.000 perros, la mitad de ellos —es decir, unos 30 al día— en solo cuatro refugios del país. Los cuatro habrían recaudado 9 millones de euros de fondos recibidos de los ayuntamientos, gracias, entre otras cosas, a las redes de amistad o parentesco entre los operadores de los refugios, los alcaldes y las autoridades locales del ámbito veterinario.
La presidenta de la Federación Nacional para la Protección de los Animales, Carmen Arsene, confirma la información publicada en la prensa:
«En 25 años se han capturado en todo el territorio de Rumanía 2,7 millones de perros, de los cuales 1,3 millones han sido sacrificados o han muerto en refugios. Y todo ello ha supuesto un gasto de 1.000 millones de euros de los presupuestos públicos. Es una estadística que hemos elaborado junto con la organización Peta de Alemania. La hemos realizado a partir de la información que hemos recopilado durante un año de instituciones públicas».
Inmediatamente después de que estallara el escándalo de Suraia, se organizó una protesta en Bucarest contra un sistema que condena a los perros sin dueño al sufrimiento y a una muerte agonizante a cambio de una gran cantidad de dinero público. Incluso estrellas del mundo artístico apoyaron la protesta. Mencionemos aquí a las actrices Oana Pellea y Carmen Tănase o a la cantante de música ligera Monica Anghel. Con la voz temblorosa por la emoción, esta última confesó:
«Todos saben que soy una amante de los animales. Así crecí, así lo vi en mi familia y deseo de todo corazón que todos nosotros, todos los seres humanos, seamos conscientes de que cada vida cuenta. Estoy muy enojada por todo lo que pasó en Suraia. Deseo que vivamos en un mundo bueno y equilibrado y que no hagamos daño a ninguna forma de vida. Es muy importante que eduquemos a nuestros hijos en el amor por la vida, por cualquier forma de vida. Estoy totalmente en contra de estas atrocidades que se han cometido con todos los seres vivos de allí, es inimaginable y es hora de que todos tomemos medidas».
Aprobada en 2013, la ley que actualmente regula la gestión de los perros sin dueño no impone explícitamente su eutanasia, pero la permite si no son adoptados o reclamados en un plazo de 14 días desde su llegada al refugio. Sin embargo, esta disposición ha convertido la eutanasia de una solución de último recurso en un instrumento utilizado con frecuencia, aunque ineficaz, para combatir el gran número de perros sin dueño. En algunos casos, según los periodistas de Snoop.ro, el propio sistema de financiación fomentaría la eutanasia: el pago de los servicios se realiza en función del número de animales gestionados, y mantenerlos con vida implica costes más elevados que sacrificarlos.
Los defensores de los animales piden que se cierren todos los refugios donde se les maltrata. Además, se han presentado dos proyectos de ley en el Parlamento para cambiar el marco legal actual. Uno de ellos estipula que los animales no son objetos, sino seres con derechos y libertades. El otro establece que debe ponerse fin a la eutanasia masiva, ya que una alternativa mucho más eficaz y menos costosa es la esterilización, también masiva, de los perros con y sin dueño, el microchip y la aplicación de sanciones por abandono.
La ley actual, según la conocida asociación Kola Kariola, aplicada sin discernimiento, no resuelve nada, ya que el sistema está diseñado para gestionar el flujo, no para detener la fuente. Y el diputado liberal Andrei Baciu, también defensor de la causa de los perros sin dueño, cree que estamos ante un problema de interés nacional que afecta a la imagen del país y a los valores humanos en los que creen sus habitantes. Una sociedad que tolera la crueldad se convierte en cómplice, mientras que una que reacciona se hace más fuerte, afirma el parlamentario.
Versión en español: Monica Tarău