El desperdicio alimentario – efectos económicos, ambientales y sociales
Los rumanos tiran cada año más de 3,4 millones de toneladas de alimentos, el equivalente a un camión lleno de comida por minuto. Al mismo tiempo, más del 27% de la población del país se encuentra en riesgo de pobreza y exclusión social, con dificultades para asegurarse una comida completa al día.
Roxana Vasile, 18.03.2026, 13:29
Los rumanos tiran cada año más de 3,4 millones de toneladas de alimentos, el equivalente a un camión lleno de comida por minuto. Al mismo tiempo, más del 27% de la población del país se encuentra en riesgo de pobreza y exclusión social, con dificultades para asegurarse una comida completa al día.
Este contraste es señalado por la Federación de Bancos de Alimentos de Rumanía, que advierte sobre varias ideas erróneas que favorecen el desperdicio. Una de las más extendidas es que el problema proviene sobre todo de los supermercados, mientras que en los hogares sería menor. La realidad es distinta, como explica la representante de la Federación, Andreea Bobiș:
«Probablemente los cambios sociales por los que hemos pasado como sociedad nos han llevado en esta dirección, pero no es el único motivo. Estamos rodeados de ofertas, el consumo se estimula desde todas partes, vivimos con prisa y eso influye también en nuestras decisiones de compra. Todo esto hace que el desperdicio alcance niveles muy altos, realmente preocupantes. Además, ocurre otro fenómeno: cuando hablamos de desperdicio alimentario, muchos piensan en supermercados o restaurantes, pero lo cierto es que en casa generamos aproximadamente la mitad de esta cantidad. Solo que en casa tiramos medio yogur, un cuarto de paquete de mantequilla, dos rebanadas de pan, y no nos damos cuenta de que, si sumamos, al final del mes o del año se alcanzan cifras importantes.»
Dado que los hogares son responsables de una parte significativa del desperdicio, los especialistas recomiendan un ejercicio sencillo: guardar en un frasco el equivalente en dinero de los alimentos tirados. Así se puede ver, al final del mes, cuánto cuesta la falta de organización.
¿Qué soluciones se pueden aplicar? Andreea Bobiș señala:
«La primera es hacer una lista antes de ir a comprar. Revisar lo que ya tenemos en casa y aplicar el principio “first in, first out”, es decir, consumir primero lo que entró antes. También ayuda crear una zona de “consúmeme primero” en el frigorífico y congelar los restos para utilizarlos más adelante. Son hábitos pequeños, pero con un impacto muy grande.»
Muchos alimentos se tiran también por confusión con las etiquetas. Es importante distinguir entre “consumir hasta”, que indica seguridad alimentaria y se usa, por ejemplo, para carne o lácteos, y “consumir preferentemente antes de”, que se refiere a la calidad. Productos como pasta, arroz, conservas o café pueden consumirse después de esa fecha si el envase está intacto.
A esto se suman los estándares estéticos estrictos, que hacen que frutas y verduras aptas para el consumo sean descartadas por no tener un aspecto “perfecto”. O el hecho de que parte del pan en panaderías se tira porque los consumidores lo prefieren recién hecho.
Una vez en el vertedero, los alimentos se descomponen y liberan metano, un gas de efecto invernadero muy potente. Además, al tirar comida se desperdician también los recursos utilizados para producirla, envasarla y transportarla, como el agua, la energía y el trabajo humano.
El desperdicio alimentario implica pérdidas económicas, impacto ambiental y reduce la capacidad de los bancos de alimentos para ayudar a quienes lo necesitan. Sobre su labor, Andreea Bobiș explica:
«Desde el principio, donde otros veían exceso o productos difíciles de gestionar, nosotros vimos un recurso que podía salvarse y ayudar a devolver dignidad y apoyo a las personas. Lo que hacemos es recoger estos alimentos y redistribuirlos rápidamente, dado que suelen tener un plazo corto de consumo, hacia personas necesitadas. A nivel nacional, esto significa que apoyamos a más de 800 ONG con programas sociales y alimentamos semanalmente a más de 300.000 personas. La red de bancos de alimentos de Rumanía cuenta con nueve centros, cada uno cubriendo cuatro o cinco provincias. Estamos presentes en Bucarest, Cluj, Roman, Brașov, Oradea, Timișoara, Craiova, Constanța y Galați, cubriendo casi todo el país.»
¿Qué significaría que esos 3,4 millones de toneladas de alimentos no se desperdiciaran cada año? La respuesta es clara:
«Significaría cubrir la alimentación diaria de quienes la necesitan. Actualmente no llegamos a todos, probablemente a menos del 10% de las personas que requieren apoyo. Y no sabemos cómo evolucionará la situación en el futuro.»
Desde su creación en 2016 hasta finales de 2025, la Federación de Bancos de Alimentos de Rumanía ha recogido más de 41.000 toneladas de productos, de las cuales más de 37.000 toneladas han sido alimentos salvados del desperdicio. Esto se ha traducido en más de 76 millones de raciones de comida.
Versión en español: Valeriu Radulian