La ciudad de Oradea, museo al aire libre
Con un impresionante patrimonio de 89 edificios de época y una fascinante mezcla arquitectónica entre los estilos barroco y secesionista, Oradea se ha convertido en un destino de referencia para el concepto de «slow living». Más allá de las fachadas espectacularmente restauradas, los visitantes están invitados a descubrir un universo de relajación, respaldado por los generosos recursos de aguas termales y un moderno parque acuático.
Daniel Onea, 08.01.2026, 14:55
Oradea se ha consolidado en los últimos años como uno de los destinos más atractivos de Rumanía, gracias a una sorprendente mezcla arquitectónica que reúne estilos como el Art Nouveau, el Secession, el barroco y la arquitectura medieval de tipo bastionar. Con 89 edificios Art Nouveau y 26 monumentos históricos clasificados, la ciudad del noroeste del país, atravesada por el río Crișul Repede, es también un destino asociado al descanso y a la salud. Aquí se encuentran aguas termales reconocidas por sus propiedades curativas.
Alexandru Chira, director de la Asociación para la Promoción del Turismo de Oradea y la Región, explica por qué la ciudad merece una atención especial.
«Desde mi punto de vista, Oradea es un museo al aire libre que se puede recorrer cómodamente en unos tres días. Pero si alguien dispone de poco tiempo y necesita centrarse en los edificios y lugares más representativos, sin duda la primera recomendación es la Plaza de la Unión. La Plaza de la Unión de Oradea es el epicentro arquitectónico y cultural de la ciudad y alberga el edificio más representativo e imponente del Art Nouveau: el Palacio del Águila Negra. Su nombre procede de las dos vidrieras situadas en las entradas desde la calle Independenței y desde la propia plaza. Es un edificio verdaderamente impresionante, con un pasaje construido siguiendo el modelo de las galerías Vittorio Emanuele de Italia».
En las inmediaciones del Palacio del Águila Negra se alza uno de los lugares de culto más fascinantes de Europa Central y Oriental: la Catedral de la Asunción de la Virgen, conocida como la Iglesia de la Luna. Construida entre 1784 y 1790, esta joya arquitectónica destaca por la armonía entre el barroco tardío y las influencias neoclásicas. El verdadero tesoro se esconde bajo la esfera del reloj de la torre. Allí se encuentra un mecanismo astronómico único, instalado en 1793 por el relojero Georg Rueppe, que acciona una esfera de un metro de diámetro, pintada mitad de negro y mitad de dorado. Mediante un sistema de engranajes de gran precisión, la esfera gira sobre su eje según el movimiento de la Luna alrededor de la Tierra, reproduciendo con extraordinaria exactitud todas sus fases. Es una rara simbiosis entre ciencia y espiritualidad, que convierte al templo en un referente no solo religioso, sino también astronómico. El interior de la catedral sigue sorprendiendo por su iconostasio dorado y sus pinturas murales de alto valor artístico, realizadas en tonos cálidos que invitan a la contemplación. La luz que entra por los altos ventanales realza los detalles esculpidos y transmite al visitante una profunda sensación de calma, en contraste con el bullicio del centro histórico. La Iglesia de la Luna se mantiene así como un símbolo de la ingeniosidad humana puesta al servicio de lo divino, una parada obligatoria para quien quiera sentir el pulso de la historia de Oradea.
«Si los visitantes llegan a la Plaza de la Unión, aunque no estemos hablando de Art Nouveau, allí se puede visitar, tanto por fuera como por dentro, la Iglesia de la Luna. Debe su nombre al mecanismo que muestra las fases de la luna; es un mecanismo con más de tres siglos de antigüedad y que sigue funcionando perfectamente. Desde la Plaza de la Unión se puede continuar hacia la Plaza Ferdinand, donde se concentran varios edificios de gran relevancia para este movimiento. Asimismo, la calle peatonal Republicii alberga tres palacios especialmente importantes, que con el tiempo se han convertido en el punto más “instagramable” de la zona, ya que todos se encuentran en la intersección de dos calles. Se trata del Palacio Apollo, el Palacio Moskovits Miksa y el Palacio Stern, en estilos Art Nouveau y Secession, pero con enfoques cromáticos y arquitectónicos completamente distintos».
Además de su riqueza cultural, Oradea y su vecina Băile Felix forman un polo de bienestar reconocido a escala europea, donde los turistas pueden disfrutar de un moderno parque acuático o de centros contemporáneos de spa y recuperación. La ciudad impulsa un turismo activo que se extiende a todo el distrito de Bihor, con opciones para todos los gustos, desde el descanso termal hasta las exploraciones de montaña. Alexandru Chira recomienda combinar estas experiencias.
«Mi propuesta es combinar la dimensión museística y arquitectónica con una visita al mayor parque acuático de la zona. Después, hay numerosos centros de wellness, spa y recuperación, tanto en Oradea como en Băile Felix. Recomiendo a los turistas aventurarse hasta una hora en coche, donde pueden descubrir maravillas en cualquier estación del año. Hay opciones para los aficionados a la espeleología, el senderismo o el cicloturismo. El distrito de Bihor ofrece una extensión natural de la visita urbana, con el contraste perfecto entre la elegancia de la ciudad y la naturaleza salvaje. Ya se trate de cuevas espectaculares o de rutas de montaña, la proximidad de estos recursos convierte a Oradea en una base ideal para quienes buscan unas vacaciones activas».
La identidad de la región se completa con una sólida tradición gastronómica y con oficios artesanales preservados con cuidado en los pueblos del distrito de Bihor. Desde las comunidades eslovacas de Șinteu hasta los artesanos de la cerámica blanca de Vadu Crișului, Bihor ofrece una inmersión en tradiciones rumanas y multiculturales auténticas. Alexandru Chira describe estos referentes locales.
«En la comuna de Colești hay un establecimiento apreciado por su cocina regional auténtica. En la comuna de Briheni, un grupo de mujeres sigue elaborando hoy, según la receta original, la célebre empanada de Briheni, que solo se encuentra en esta región. En la zona de Șinteu, la comunidad eslovaca ha construido un complejo impresionante donde se pueden degustar platos de la cocina eslovaca, una comunidad importante en Oradea y en el distrito de Bihor. Para los apasionados de la cerámica blanca, existe una familia en Vadu Crișului que produce este tipo de cerámica original. Otras tradiciones incluyen los abrigos de piel de Bihor, los baúles de ajuar de la zona de Budureasa y el pueblo de Dragoteni, donde hay especialistas en el arte de decorar huevos. Estos artesanos son llevados cada año a Oradea con motivo de la feria de Pascua».
Oradea consigue ofrecer un paquete turístico completo, donde la estética refinada de la arquitectura de comienzos del siglo XX se encuentra con la hospitalidad moderna y las tradiciones vivas de Bihor. Gracias a inversiones constantes en la restauración del patrimonio y a estrategias de promoción centradas en la calidad de la experiencia del visitante, la ciudad se ha transformado de un punto de paso en un destino urbano de primer nivel.
Versión en español: Valeriu Radulian