Más de la mitad de las personas mayores que viven en zonas urbanas se sienten solas
La asociación Niciodată Singur (Nunca solo), en colaboración con Kantar, realizó en agosto de 2025 un estudio que pone de manifiesto una profunda crisis de soledad entre las personas mayores de las zonas urbanas de Rumanía, agravada por los cambios demográficos y los factores socioeconómicos.
Ion Puican, 14.01.2026, 13:25
Más de tres de cada cinco personas mayores afirman sentirse solas, una realidad que tiene un impacto directo en su salud y esperanza de vida.
Los datos del Instituto Nacional de Estadística confirman, a su vez, el acelerado proceso de envejecimiento de la población rumana. Concretamente, más de la mitad de las personas mayores que viven en ciudades se enfrentan a la soledad, 310.000 la sufren en un grado elevado y una de cada cuatro habla, como mucho, con una persona al mes. Uno de cada cinco sufre dificultades físicas o psíquicas importantes, y un tercio recibe muy poco apoyo de su entorno.
Sin embargo, también hay señales alentadoras: el 60% de las personas mayores se muestran dispuestas a participar en programas de socialización, y quienes utilizan plataformas digitales como WhatsApp (86%), Facebook (78%) o YouTube (63%) afirman sentirse menos solas.
El director de la asociación Nunca solo, Valentin Georgescu, declaró lo siguiente:
«Tres de cada cinco personas mayores de las ciudades de Rumanía se enfrentan a la soledad y una de cada siete la sufre de forma grave. Una de cada cuatro habla con una persona como máximo al mes y un tercio no recibe apoyo práctico ni moral. A nivel nacional, hay 300.000 personas mayores que están solas durante las fiestas. La soledad conduce sin duda a la depresión. Sabemos claramente que también conduce al deterioro de la salud física y, como consecuencia social, personalmente no me parece normal que nos olvidemos de quienes nos han criado y no les ofrezcamos la vejez que se merecen».
Los últimos datos estadísticos dibujan un panorama cada vez más preocupante. A 1 de enero de 2025, la población residente en Rumanía era de aproximadamente 19 millones de personas, y la proporción de personas mayores de 65 años alcanzaba el 20,3%, lo que supone un aumento de 0,3 puntos porcentuales con respecto al año anterior. El índice de envejecimiento demográfico ascendió a 132,4 personas mayores por cada 100 jóvenes, lo que acentúa la presión sobre los sistemas sociales.
En noviembre de 2025 había aproximadamente 4,7 millones de jubilados, y la pensión media de jubilación era de 3107 leus. Desde el punto de vista económico, las personas mayores siguen siendo las más expuestas al riesgo de pobreza: el 32,9% de las personas mayores de 65 años se enfrenta a una privación material grave, la segunda tasa más alta de la UE. En este contexto, 2,2 millones de jubilados con pensiones inferiores a 2740 leus recibirán ayudas de hasta 800 leus en 2026, pero la supresión del incremento del 7% por inflación previsto para las pensiones en enero de 2026 ha acentuado la pérdida de capacidad adquisitiva.
Rumanía ocupa, además, el último lugar de la Unión Europea en cuanto al número de años de vida saludable después de los 65 años, con menos de 4 años. Entre las principales preocupaciones de las personas mayores se encuentran el cáncer (53%) y el estrés (38%). A nivel nacional, existen aproximadamente 800 centros y servicios sociales para personas mayores, concentrados principalmente en las zonas urbanas, mientras que las zonas rurales siguen estando poco cubiertas, con solo 1,86 centros por cada 100.000 habitantes. En este contexto, organizaciones no gubernamentales como Nunca solo prestan apoyo a más de 600 personas mayores a través de centros de socialización y voluntarios en nueve ciudades.
La soledad de las personas mayores viene dada principalmente por problemas de salud, el alejamiento de la familia, la pérdida de la pareja y la falta de apoyo social, factores que pueden llevar a un aislamiento grave a uno de cada siete mayores que viven en zonas urbanas. La pérdida de la pareja, a menudo asociada a la depresión, junto con la jubilación y la desaparición de las relaciones profesionales, contribuye a un estado de aislamiento continuo que experimenta el 32% de las personas mayores.
En las zonas urbanas, uno de cada cinco ancianos sufre dificultades físicas o psíquicas importantes que limitan su movilidad y sus posibilidades de socialización. Para el 28% de las personas mayores, los problemas de salud reducen sus contactos mensuales a un máximo de cuatro personas. Casi un tercio de los ancianos no tiene hijos cerca y el 8% no tiene hijos. En las épocas festivas, 286.000 personas mayores pasan las fiestas solas y un tercio recibe muy poca ayuda de su entorno.
La vulnerabilidad económica, la emigración de los hijos y la falta de servicios comunitarios, sobre todo en las zonas rurales, aumentan el aislamiento, ya que uno de cada cuatro ancianos habla poco con alguien. Así, la soledad se convierte en un problema estructural, no solo individual.
La familia sigue siendo el principal apoyo, pero muchos carecen de ella. Aunque el Estado ofrece servicios como la asistencia a domicilio y más de 1700 centros residenciales autorizados, la colaboración con el sector privado y las ONG es esencial para responder realmente a las necesidades de las personas mayores.
La soledad de las personas mayores en Rumanía es una crisis social a menudo invisible, alimentada por el envejecimiento acelerado de la población, el distanciamiento familiar y los problemas de salud o de ingresos. Sin embargo, los datos también muestran el potencial real de cambio: el hecho de que 6 de cada 10 personas mayores estén abiertas a programas de socialización demuestra que el aislamiento no es una situación definitiva, sino que se puede prevenir y reducir.
Iniciativas como las de la asociación Nunca solo, los centros sociales, el voluntariado y el uso de la tecnología demuestran que hay soluciones que funcionan. Cuando el Estado, las ONG, las comunidades y el sector privado colaboran, la soledad puede transformarse en inclusión. Esto no solo significa apoyo social, sino una inversión real en la calidad y la esperanza de vida de las personas mayores en Rumanía.
Versión en español: Antonio Madrid