Retos del mañana: ¿Está preparada Rumanía para adoptar el euro?
La transición al euro podría convertirse en el nuevo proyecto del país, declaró recientemente el gobernador del Banco Nacional de Rumanía, Mugur Isărescu, añadiendo que esto ocurriría después de que Rumanía se uniera a la OCDE, redujera su importante déficit fiscal y tuviera una economía equilibrada.
Corina Cristea, 08.05.2026, 12:40
La reciente declaración del gobernador del Banco Nacional de Rumanía, Mugur Isărescu, según la cual la adopción del euro podría convertirse en el nuevo «proyecto de país», marca un giro importante en el discurso económico de Bucarest. Durante una conferencia especializada, el gobernador del banco central señaló que este paso podría darse después de completar el actual proyecto estratégico del país, es decir, la adhesión a la OCDE, la organización que reúne a las economías más desarrolladas del mundo. El proceso se encuentra en su fase final, aunque antes será necesario equilibrar la economía y reducir el elevado déficit fiscal.
La idea de adoptar el euro no es nueva. Sin embargo, fue pospuesta en varias ocasiones en los años posteriores a la entrada de Rumanía en la Unión Europea, por distintos motivos y en diferentes contextos. En el Banco Nacional hubo preparativos intensos en este ámbito, que continuaron incluso después de que Rumanía comenzara a alejarse del cumplimiento de los criterios macroeconómicos necesarios para entrar en la zona euro, explica Eugen Rădulescu, asesor del gobernador del BNR.
«Hacia 2015 estábamos muy cerca de cumplir los criterios nominales de convergencia previstos en el Tratado de Maastricht, incluida la reducción del déficit presupuestario, y todavía no teníamos una deuda pública muy elevada.
Sin embargo, hay algo de lo que se habla demasiado poco: la economía rumana estaba mucho menos desarrollada. En 2015, el PIB de Rumanía rondaba los 175.000 millones de dólares; en este momento se sitúa cerca de los 400.000 millones. Hablamos de otra economía, mucho más desarrollada y más eficiente.
El gran problema es que, al menos en parte, este desarrollo se produjo al precio de un desequilibrio cada vez más pronunciado de las finanzas públicas. Y actualmente no cumplimos ninguno de los criterios de Maastricht necesarios para entrar en la zona euro. Y el más difícil de cumplir será, en mi opinión, el de reducir el déficit público a un nivel que no supere el 3% anual y volver a situar la deuda pública dentro del límite del 60%, un umbral que precisamente superaremos este año.»
Desde hace varios años, Rumanía supera el límite del 3% mencionado en los criterios europeos y actualmente realiza esfuerzos importantes para reducir el déficit fiscal al 6,2% este año, frente al más del 9% alcanzado anteriormente. Los economistas señalan que esta reducción no es solo una exigencia formal, sino una condición esencial para la estabilidad económica.
¿Qué significa un déficit elevado? Refleja desequilibrios estructurales, desde un gasto público muy alto, especialmente en salarios y pensiones, hasta una recaudación fiscal insuficiente o una fuerte dependencia de los préstamos.
Otro criterio esencial para adoptar el euro es la estabilidad de precios. El Banco Nacional ha conseguido, en líneas generales, mantener la inflación bajo control a largo plazo, aunque los últimos años estuvieron marcados por aumentos significativos. En la actualidad, Rumanía registra la inflación más alta de la Unión Europea.
Hay además otro aspecto importante: entrar en la zona euro implica renunciar a una política monetaria propia. En otras palabras, una vez adoptada la moneda única, Rumanía ya no podría ajustar los tipos de interés ni el tipo de cambio en función de sus necesidades internas. Y eso solo resulta sostenible en una economía suficientemente estable y flexible.
Más allá de los criterios técnicos, la adopción del euro también depende de la llamada convergencia real. Así lo explica Daniel Dăianu, profesor universitario y presidente del Consejo Fiscal.
«Se necesitan estructuras económicas e incluso sociales más acordes con el funcionamiento de la Unión Europea y, especialmente, de la zona euro.
Pero la adhesión al euro tiene hoy una importancia geopolítica mayor que hace veinte años. Y vale la pena formar parte de la zona euro.
Sin embargo, esto no puede lograrse en unos pocos años. Hay que acercarse a déficits presupuestarios en torno a ese objetivo del 3% del PIB y es esencial estabilizar la deuda pública en algún momento, es decir, evitar que supere, digamos, el 67-68% del PIB. Porque seguirá creciendo. Debemos estabilizarla e incluso reducirla para volver hacia el umbral del 60% del PIB.»
A pesar de las dificultades, los beneficios de adoptar el euro podrían ser considerables. Van desde la eliminación del riesgo cambiario, ya que empresas, inversores y ciudadanos dejarían de estar expuestos a las fluctuaciones entre el leu y el euro, hasta tipos de interés más bajos, lo que se traduciría en un acceso más barato a la financiación tanto para el Estado como para el sector privado. A ello se suman un posible aumento de las inversiones extranjeras, gracias a un entorno más estable y previsible, y una integración económica más profunda, que convertiría a Rumanía en parte del núcleo económico europeo.
Por ahora, la realidad muestra que, aunque Rumanía haya registrado avances importantes en las últimas décadas, las diferencias respecto a las economías desarrolladas siguen siendo significativas en términos de productividad, nivel salarial, infraestructuras y calidad institucional.
Además, adoptar el euro en una economía insuficientemente convergente puede generar tensiones, como ocurrió en otros países del sur de Europa. Los especialistas advierten de que precipitar el proceso podría tener consecuencias como la pérdida de flexibilidad económica, dificultades para gestionar crisis, posibles aumentos de precios percibidos por la población o presiones sobre la competitividad.
¿Está preparada Rumanía? Todavía no. Pero la dirección está clara y la declaración del gobernador del Banco Nacional no debe interpretarse como un objetivo inmediato, sino más bien como una señal de hacia dónde debería avanzar la economía rumana.
Versión en español: Valeriu Radulian