La coliva reinterpretada
Ovidiu Logican es el propietario de un local situado en el casco antiguo de Bucarest, donde organiza diversos eventos de maridaje de vinos con todo tipo de productos alimenticios. Uno de los eventos más exitosos es el que reinventa la coliva cada 40 días.
Ana-Maria Cononovici, 09.06.2026, 12:16
La coliva es un plato ritual muy importante en la cultura y la espiritualidad rumanas. Elaborada con trigo hervido, endulzado y decorado, es un elemento imprescindible en los funerales y misas de difuntos, y simboliza el vínculo entre la vida y la muerte desde la perspectiva cristiana.
Los orígenes de la coliva se remontan a los primeros siglos del cristianismo y están ligados a un milagro de san Teodoro Tiro, registrado en el siglo IV, cuando salvó a los cristianos al instarles a comer trigo hervido con miel en lugar de los manjares que acababan de ser rociados con sangre en las plazas.
August Scriban la definía en su Diccionario de la lengua rumana (1939) como «un plato dulce elaborado con trigo hervido, nueces molidas, azúcar molido, canela, etc., que se ofrece sobre todo «por el alma de los difuntos» en los funerales y en los días conmemorativos de los muertos».
Con el tiempo, en el ámbito ortodoxo, la coliva también se ha convertido en un postre que se consume en ocasiones distintas a las conmemorativas. Así surgieron otros usos del grano de trigo o del arpacaş (producto alimenticio obtenido mediante el descascarillado y el pulido de los granos de trigo, cebada o mijo), siendo el trigo uno de los principales cereales cultivados en Rumanía.
En su local del Casco Antiguo de Bucarest, Ovidiu Logican repite cada 40 días un evento que siempre tiene éxito: «La gran degustación de coliva / Wine».
Preguntamos a Ovidiu Logican por qué había elegido la coliva y cómo se puede reinventar:
«Creemos que todo puede reinterpretarse y reinventarse en estos momentos. Partimos de su contenido: tenemos el arpacaş, que es un carbohidrato, así que, en teoría, podemos sustituir el arroz, la pasta u otros platos elaborados con harina blanca o sémola por arpacaş. Podemos reinterpretar cualquier cosa sustituyendo el carbohidrato por el arpacaş y, luego, en la parte dulce, podemos añadir frutas exóticas, chocolate, nata, nata montada, helado, barquillos de éclair o de choux-à-la-crème. Hay muchísimas variantes; sólo la imaginación pone límites a lo que se puede hacer con la clásica coliva. Evidentemente, siempre servimos también la coliva tradicional, pero contamos con una amplia gama de reinterpretaciones, a las que llamamos „colivas saladas” y „colivas dulces”».
Ovidiu Logican detalló el menú de una velada de este tipo:
«Tuvimos sushi de coliva, coliva con cuatro quesos, albóndigas marinadas de coliva; otras veces tuvimos sarmales de coliva, ensalada de ternera con coliva y cozonac con coliva. Los tres que les he mencionado eran de „coliva salada”. Después, en la „coliva dulce”, tuvimos la coliva tradicional, luego una mousse de coliva con caramelo salado y, para terminar, una tarta de bizcocho y crema de coliva».
Al ser un evento con una temática tan atrevida, nos preguntamos quién participaría en él. Ovidiu Logican nos contó:
«Solo rumanos, muchos jóvenes, un poco desconfiados al principio, pero al final felices y satisfechos de haber probado una experiencia diferente. ¡Es nuestro evento más exitoso y siempre se llena! Retomamos otros eventos clásicos nuestros, como la „Degustación de salchichón” y la „Gran Degustación de sarmales”, con recetas de sarmales de todos los continentes, además de todo tipo de incursiones temáticas en zonas vinícolas del mundo: Sicilia, Toscana, Burdeos… Muchas experiencias basadas en el vino y todo tipo de maridajes inéditos y reinterpretaciones de recetas clásicas. Tenemos champán y caviar, tenemos muchos eventos interesantes».
El consejo para los curiosos es que entren en la página web, echen un vistazo a los múltiples eventos y reserven el que mejor se adapte a ellos.
Ovidiu Logican también nos habló de la importancia de maridar un vino adecuado con la coliva que se ofrece para degustar:
«En cuanto a las colivas saladas, siempre empezamos con un espumoso, que combina de maravilla, sobre todo porque marida muy bien con la grasa. Si la coliva salada es menos aromática, optamos por variedades más neutras y sencillas, como un Pinot Grigio o una Crâmpoşie rumana. Si es más aromática, proponemos un vino más aromático, como un Sauvignon Blanc, una Tămâioasă rumana o un Busuioacă rosado. Cuando pasamos a las colivas dulces, nos decantamos por la Fetească Neagră, por vinos tintos italianos del tipo Primitivo o Amarone y, para terminar, casi siempre un vino muy aromático, un vino de Oporto».
Y, como en estos viajes culinarios también se conserva la receta tradicional, os recordamos que se prepara en todas las familias rumanas siguiendo una receta heredada de los antepasados y probada a lo largo del tiempo.
La receta más sencilla se elabora con arpacaş (trigo descascarillado), ya que se cuece muy rápido. Una colivă bien hecha tiene los granos «florecidos», es decir, abiertos. El arpacaş se cuece en 15-20 minutos, igual que el arroz. El trigo, en cambio, se cuece en más de 40 o 50 minutos. La proporción de arpacaş y agua es de 1:3; es decir, por cada 1 kg de arpacaş se añaden 3 litros de agua fría con un poco de sal, que potencia el aroma del producto final. A la mezcla final se le añaden azúcar o miel, canela, galletas ralladas y nueces molidas, y se decora con bombones pequeños, cacao en polvo o granos de café.
Quien guste del trigo cocido y endulzado puede prepararlo en cualquier momento en forma de bombones rellenos de cerezas.
Versión en español: Victoria Sepciu