En la lengua de los murciélagos
Georgiana Mărginean Crețu nos adentra en el mundo invisible de los murciélagos, enseñándonos a escucharlos, a comprender su comportamiento y la función esencial que desempeñan en los ecosistemas. En la sección de esta semana, descubrimos su trabajo de investigación de campo y la importancia de la conservación de los murciélagos en Rumanía.
Ana-Maria Cononovici, 10.02.2026, 11:11
Más allá de las creencias de que los murciélagos hacen daño, que se enredan en el pelo de las personas, que son vampiros, estos animales son una especie protegida, está prohibido capturarlos, son especies silvestres y no se les puede alimentar con cualquier cosa. Es más, los murciélagos pueden ser incluso útiles, ya que en su gran mayoría son herbívoros y reducen el número de insectos que podrían destruir las cosechas o propagar enfermedades. Georgiana Mărginean Crețu, bióloga e investigadora originaria de Sibiu, lleva más de 20 años explorando el mundo invisible de los murciélagos, aprendiendo a escucharlos. Como resultado de sus investigaciones, escribe historias sobre la naturaleza, el equilibrio y la empatía. Con la ayuda de la tecnología, concretamente de un sonógrafo, los sonidos de los murciélagos se convierten en historias, transcritas en texto en la página de Facebook dedicada a los murciélagos, «Despre lilieci» («Sobre los murciélagos»).
Georgiana Mărginean Crețu se graduó en la Facultad de Ecología y Protección del Medio Ambiente, trabajó en los montes Făgăraș, en los bosques de la meseta de Hârtibaci, descubrió colonias poco frecuentes y quiere convertir el miedo de la gente en curiosidad:
«Debo mencionar que los murciélagos se orientan en la oscuridad mediante ultrasonidos, un fenómeno denominado ecolocalización. Utilizan esta ecolocalización para evitar obstáculos, para evitar a las personas y su cabello, porque la gente cree que los murciélagos se enredan en el cabello, pero no es así, evitan los obstáculos y capturan su alimento gracias a este fenómeno de ecolocalización. Todos los murciélagos de Europa y de nuestro país se alimentan exclusivamente de insectos. He querido mencionar esto porque hay muchas supersticiones sobre ellos y yo intento acercar a la gente a los murciélagos, para que los comprendan mejor y conozcan su utilidad, para que sean vistos y conocidos».
¿Cómo se lleva a cabo la investigación sobre los murciélagos y qué han descubierto los investigadores? Georgiana Mărginean Crețu:
«Allí donde no hay cuevas, debemos buscarlos en zonas donde puedan alimentarse. Y como es de noche y no los vemos, utilizamos unos reflectores llamados reflectores de murciélagos, o reflectores de ultrasonidos, con los que intentamos detectarlos, grabarlos y, a continuación, mediante un software especial, vemos cómo son esos sonidos y qué quería hacer el murciélago en el momento de la grabación y qué sonidos utilizaba. Porque utilizan varios tipos de sonidos, no solo para orientarse, sino también para comunicarse entre ellos. Por ejemplo, si nos encontramos en una zona donde hay pocos insectos y hay un murciélago que ha llegado primero y viene otro a alimentarse, empiezan a advertirse. Algo así como: ¨Yo llegué primero aquí, estos son mis insectos, están en mi territorio, son de mi propiedad, por favor, vete¨. Y si el murciélago no quiere irse, la comunicación se vuelve un poco más agresiva, pero es muy interesante cómo se ve en un sonograma».
Nuestra interlocutora ha entrado en detalles:
«Son diferentes de los sonidos que emiten normalmente. Me gusta decir que se persiguen, de hecho, el primero en llegar intenta alejar al otro y lo que al principio me parecía un juego entre murciélagos, era una actividad un poco agresiva. Algunos incluso llegan a morderse en pleno vuelo si son muy obstinados. Es interesante, porque hay especies que en otoño tienen lo que se denomina un campo, en el que los machos intentan atraer a las hembras. Se colocan en las rutas de vuelo de las hembras, se posan en una rama y comienzan a emitir cantos más largos. Los sonidos que normalmente duran unos milisegundos, ahora los oímos durante decenas de segundos. O tal vez solo oímos a esa especie, porque ocupa una amplia gama de frecuencias. Hay especies que atraen a las hembras a cuevas u otros refugios para reproducirse. Y allí, del mismo modo, hay unos sonidos que parecen burlas o discusiones entre parejas, que son muy interesantes».
Georgiana Mărginean Crețu ha destacado que a los murciélagos no les gusta el cautiverio, pero que entienden si alguien quiere ayudarlos:
«Como cualquier animal, si lo capturan, intenta defenderse. Y muerde. Pero lo que me pareció muy interesante de estos animales es que, cuando están en libertad, intentan defenderse con todas sus fuerzas, pero hemos tenido casos de murciélagos heridos que, como si supieran que iban a ser ayudados, no mordían en absoluto, a pesar del dolor que sentían, y se dejaban ayudar. Y tuvimos un murciélago durante unos tres años y medio al cuidado de la Asociación para la Protección de los Murciélagos de Sibiu, que se acostumbró mucho a las personas y lo llevábamos con nosotros a actividades educativas en las escuelas».
Sin embargo, al tratarse de una ciencia relativamente nueva, aún quedan muchas cosas por descubrir: Georgiana Mărginean Crețu:
«Los detectores de murciélagos comenzaron a desarrollarse en los años 90, hace relativamente poco tiempo, y aún nos queda mucho por aprender sobre la ecolocalización de los murciélagos, siempre descubrimos algo nuevo. Es bastante desafiante, pero al mismo tiempo fascinante para mí, porque los murciélagos no tienen una forma estándar de emitir ciertos sonidos y nosotros no podemos identificar la especie a partir del sonido. Emiten sonidos en función del hábitat en el que vuelan y los modifican en función de los obstáculos, por lo que estos sonidos están en constante cambio y es bastante desafiante. Tenemos que prestar atención a las frecuencias para no confundir sus voces».
Nuestra interlocutora precisó que tenemos ciertos tipos de frutas gracias a los murciélagos, como el mango y el aguacate, e incluso los plátanos y el cacao.
Versión en español: Monica Tarău