La miscelánea: Ecos y recuerdos del 24 de enero de 1859
El 24 de enero es una fecha especial en Rumanía: se conmemora la unión de los Principados de Moldavia y Valaquia en 1859 bajo el liderazgo de Alexandru Ioan Cuza. Exploraremos historias menos conocidas, lugares escondidos y símbolos que aún resuenan en la vida cotidiana.
Brigitta Pana, 26.01.2026, 13:30
En 1859, Europa vivía un período de cambios: movimientos liberales, reformas políticas y la idea de naciones unidas comenzaba a tomar fuerza. Moldavia y Valaquia eran principados autónomos bajo influencia extranjera, pero compartían lengua, costumbres y aspiraciones de independencia. La unión se logró de manera estratégica, cuando los electores de ambos principados eligieron al mismo príncipe, Alexandru Ioan Cuza, como líder común. Lo interesante es que esta unión no se celebró de la misma manera en todo el país. En ciudades como Bucarest y Iași, hubo celebraciones oficiales. Pero en los pueblos pequeños de Moldavia, la gente se enteró de la noticia por medio de mensajeros o cuando sonaban las campanas de la iglesia. Esto causó una mezcla de sorpresa, felicidad y dudas.
Cuando pensamos en la unión de 1859, normalmente imaginamos edificios grandes y monumentos en las ciudades importantes. Sin embargo, más allá de los grandes monumentos y de los relatos oficiales, existen lugares y gestos discretos donde la historia de la Unión sigue viva de una manera especial. En el Monasterio de Neamț, por ejemplo, la unión no fue solo un acontecimiento político. Aquí se conservan documentos que muestran cómo los monjes seguían atentamente las noticias del momento y cómo incorporaron la idea de la unión en oraciones dedicadas a la prosperidad de los nuevos principados. En Moldavia, espacios como el histórico Hanu Ancuței funcionaban como verdaderos centros de información. En esta antigua posada se reunían viajeros y comerciantes que compartían noticias políticas y debatían sobre la elección de Alexandru Ioan Cuza. Muchos de esos relatos han sobrevivido hasta hoy en la memoria oral de la región. También los antiguos caminos y puentes, construidos en el siglo XVIII, desempeñaron un papel esencial. Por ellos viajaban los emisarios que llevaban las noticias de Iași a Bucarest.
Hoy en día, recorrer estas rutas nos permite acercarnos a un pasado que no siempre está a la vista, pero que es muy importante para entender cómo se formó la unión. Además de los lugares que se pueden visitar, hay símbolos muy simples, pero que tienen un gran significado. Por ejemplo, en muchas aldeas, el 24 de enero, las campanas de las iglesias suenan de una manera especial para recordar la unión espiritual de Valaquia y Moldavia. En algunas zonas rurales, las familias suelen preparar un pan especial para esta ocasión. Este pan está decorado con cosas que representan a ambos principados. Lo comparten en la mesa como un deseo de paz y prosperidad. Finalmente, la unión también vive en las historias transmitidas de generación en generación. En muchos hogares, la elección de Cuza se mezcla con relatos de encuentros inesperados, decisiones valientes y pequeños milagros cotidianos, reflejando cómo aquel momento histórico influyó en la vida de la gente común, mucho más allá de la política.
Alexandru Ioan Cuza es recordado, ante todo, como el primer príncipe de la unión de Moldavia y Valaquia. Sin embargo, más allá de su papel político, existe una dimensión humana y cotidiana que suele quedar en segundo plano. Cuza estaba profundamente interesado en modernizar el país, especialmente en los ámbitos de la educación y la administración. Por eso viajaba constantemente por pueblos y ciudades, visitando escuelas, inspeccionando caminos y observando el funcionamiento de los mercados. Era conocido por su sencillez. En Iași, por ejemplo, solía pasear por los mercados sin ninguna protección. Hablaba directamente con los comerciantes y campesinos. Escuchaba sus problemas y preocupaciones antes de tomar decisiones importantes. Esto no era normal entre los líderes de su tiempo. Esta cercanía con la gente ayudó a generar la confianza necesaria para un proyecto complicado como la unión. La elección de Cuza en ambos principados al mismo tiempo fue, sin duda, una decisión política inteligente. Pero también fue un acto de gran importancia para la historia. La unión se logró sin que hubiera peleas ni problemas graves, lo que es algo muy especial en la historia de Europa en el siglo XIX. Esto muestra que hablar y encontrar soluciones pacíficas pueden cambiar el futuro de un país.
Hoy en día, la gente celebra la unión con desfiles y actos oficiales. Pero también lo hace de maneras más sencillas y verdaderas. En algunas aldeas, los jóvenes caminan por las calles con antorchas y cantan canciones tradicionales. Esto recuerda cómo la noticia de la unión se supo en todo el país, poco a poco. En las escuelas y museos, la gente se reúne para leer cartas que escribieron personas que vivieron ese momento importante. Estas cartas expresan sentimientos, miedos y esperanzas verdaderos, más allá de lo que se dice oficialmente. La comida también es especial en estos días. En algunas partes del mundo, en enero, la gente prepara platos especiales que nos recuerdan la unión y la prosperidad. La comida es una forma de recordar juntos.
Han pasado 167 años, pero para los rumanos, la unión es muy importante. Cuando Moldavia y Valaquia se unieron, crearon la Rumanía que conocemos hoy. Esto muestra que cuando trabajamos juntos y pensamos en el futuro, podemos lograr cosas que duran mucho tiempo. Cada 24 de enero, incluso en los pueblos más pequeños, las familias recuerdan historias de los antepasados que fueron testigos directos o indirectos de aquel acontecimiento. Las familias transmiten la memoria de este acontecimiento de generación en generación. Recorrer hoy los antiguos caminos, visitar monasterios apartados o simplemente escuchar los relatos locales nos recuerda que la historia no vive solo en los libros, sino también en los gestos cotidianos y en las tradiciones que mantienen viva la identidad de un pueblo.
La unión de 1859 no se recuerda solo a través de monumentos o ceremonias oficiales. Con el paso del tiempo, también se convirtió en una fuente de inspiración para artistas y escritores rumanos. Ya en el siglo XIX, pintores y grabadores representaron la unión en escenas de Bucarest y de Iași, combinando la solemnidad del acontecimiento con aspectos de la vida cotidiana. Muchas de estas obras se conservan hoy en museos. La huella de la unión está presente también en la creación popular. Se compusieron poemas y canciones que celebraban aquel momento histórico, y algunos todavía se interpretan en festivales rurales. Estas obras transmiten emociones, orgullo colectivo y esperanza, acercando la historia al corazón de la gente. En la literatura contemporánea, varios autores han abordado la unificación desde una perspectiva más íntima, mezclando ficción y hechos reales para contar la vida de familias comunes.
Todo ello demuestra que la unión de 1859 no fue solo un hecho político, sino un acontecimiento que sigue vivo en la cultura y en la memoria colectiva de Rumanía.