Los rumanos utilizan cada vez más la inteligencia artificial
La implementación y el uso de la inteligencia artificial están aumentando en Rumanía, al igual que en el resto del mundo. Sin embargo, aún se sitúan por debajo de la media mundial.
Roxana Vasile, 28.01.2026, 12:22
Le hemos pedido a la IA que nos explique cómo funciona. En resumen, esto es lo que nos ha respondido: la IA aprende de grandes volúmenes de datos mediante el uso de métodos matemáticos y estadísticos complejos (algoritmos) y redes neuronales, y es capaz de detectar patrones e imitar habilidades humanas como el razonamiento, la resolución de problemas y la generación de contenido. Al igual que los seres humanos, la IA también aprende de su propia experiencia, ajustando automáticamente sus parámetros para minimizar sus errores y ser cada vez más eficaz con el tiempo.
Hoy en día, la inteligencia artificial está en todas partes. En el ámbito tecnológico, disponemos de asistentes virtuales como Siri y Alexa. Gracias a la IA, se pueden crear textos, imágenes, producciones de audio o vídeo; se puede realizar el reconocimiento facial, y se puede garantizar la ciberseguridad. En el ámbito de la salud, la IA permite realizar diagnósticos médicos, avanzar en la investigación farmacéutica y hacer un seguimiento de los pacientes. En el sector del transporte, tenemos coches autónomos, optimización del tráfico y drones. En marketing y ventas: personalización de contenidos, chatbots, predicción del comportamiento de los compradores… En finanzas, permite detectar fraudes. En educación, por ejemplo, se pueden utilizar plataformas de aprendizaje electrónico y sistemas de evaluación automática. ¡Y la lista de aplicaciones de la IA no es ni mucho menos exhaustiva!
Mircea Şcheau, presidente de la Asociación de Seguridad Cibernética para la Nube de Rumanía, habla sobre la complejidad de la inteligencia artificial y sus efectos en diferentes ámbitos.
«La inteligencia artificial no tiene color. El color lo pone la naturaleza de quien la utiliza, explota y actúa con su ayuda. Al final, volvemos a ese paradigma: ¿queremos que la inteligencia artificial ayude al ser humano? Sin duda, sí. Depende de los „padres” cómo educarán a esos „hijos” llamados módulos de inteligencia artificial y si los dejarán sin supervisión en el espacio público. Considero que la inteligencia artificial es uno de los pasos más importantes que ha dado la humanidad y confío tanto en el pensamiento colectivo como en el pensamiento crítico de cada uno de nosotros. Tenemos escrito en nuestro ADN que debemos evolucionar y, sin duda, lo haremos en el buen sentido».
Sin embargo, ¿cuál sería el escenario negativo del uso malintencionado de la inteligencia artificial?
«El escenario negativo sería aquel que pudiera llevar a la extinción de la raza humana. Repito: si se utiliza de forma imprudente y con fines destructivos por parte de grupos que escapan al control de la inteligencia artificial, podría ocurrir. En sentido positivo, imaginen poder diagnosticar cualquier enfermedad en cualquier persona en pocos minutos mediante un simple escáner realizado por un módulo de inteligencia artificial y que, en caso necesario, se le inyectara el tratamiento adecuado para erradicar dicha enfermedad. ¡Todo es un ejercicio de imaginación!».
En Bucarest, los estudiantes de la Universidad Politécnica estudian, prueban y desarrollan aplicaciones de IA.
Mihnea Alexandru Moisescu, decano de la Facultad de Automática y Computación, lo explica con más detalle:
«El interés es enorme, ya que las aplicaciones basadas en algoritmos de inteligencia artificial han demostrado que pueden ofrecer soluciones a problemas existentes y que pueden integrarse en muchos campos. En la actualidad, no creo que haya ningún ámbito en el que no se haya planteado la necesidad y la posibilidad de utilizar una aplicación de IA. Nuestros estudiantes están interesados y cautivados por estas oportunidades. Algunos se dedican a integrar este tipo de aplicaciones en otras, mientras que otros se centran en crearlas en el ámbito de la IA y en crear esa base, ese núcleo en torno a las aplicaciones de inteligencia artificial».
Con el desarrollo de la inteligencia artificial, la humanidad da un paso más en la escala de la revolución industrial, ya que, en efecto, estamos asistiendo a una revolución industrial, afirma el decano de la Facultad de Automática y Computación, quien recuerda que la Politécnica y el Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo en Informática (ICI) de Bucarest están construyendo, a través de un programa de la Unión Europea, una «Fábrica de IA», la primera infraestructura nacional de inteligencia artificial.
Mihnea Alexandru Moisescu:
«Ya hay algunas iniciativas en el ámbito de la IA que se han desarrollado en Rumanía. Se está trabajando intensamente en ellas. En la Universidad Politécnica hay un centro de inteligencia artificial rumano que colabora con muchas universidades y que tiene un alto potencial en este campo. Ahora tenemos un nuevo proyecto llamado „AI Factory”, cuyo objetivo es precisamente ese: crear, en torno a un superordenador con capacidades de IA, un ecosistema de empresas y startups, con la participación de agentes del ámbito de la investigación que desarrollen aplicaciones basadas en IA o, ¿por qué no?, IA competitivas creadas en Rumanía».
El objetivo de la «Fábrica de IA» es desarrollar servicios e infraestructuras avanzadas dedicadas a la investigación, el entorno empresarial y el sector público. Entre los ámbitos prioritarios en los que se aplicarán se encuentran la producción y la industria, la ciberseguridad, las ciencias de la vida, los servicios públicos digitales y los sistemas autónomos.
En resumen, la implementación y el uso de la inteligencia artificial están aumentando en Rumanía, al igual que en el resto del mundo. No obstante, hay que reconocer que todavía se sitúa por debajo de la media mundial. Según la encuesta de PwC «Workforce Hopes and Fears 2025», solo el 44 % de los empleados rumanos ha utilizado la inteligencia artificial en el último año, frente al 57 % de media mundial.
Los que más la utilizan son los jóvenes de la Generación Z, es decir, los nacidos entre 1996 y 2012, la primera generación de auténticos nativos digitales, caracterizada por su conexión permanente a internet y el uso intensivo de las redes sociales. Les siguen los millennials, nacidos entre 1981 y 1995, que crecieron con la llegada de Internet. Quienes menos la utilizan son los representantes de la Generación X: los padres de los millennials, es decir, las personas nacidas aproximadamente entre 1961 y 1980.
Para los empleados que la han utilizado, el impacto es claramente positivo: la calidad de su trabajo ha mejorado y han experimentado un aumento de la creatividad y la productividad.
Versión en español: Victoria Sepciu