La miscelánea: El „dor” y la manera rumana de vivir el amor
En esta emisión, exploraremos cómo el folclore rumano refleja el amor a través del "dor", cómo se transmite de generación en generación y qué lecciones puede ofrecer al público internacional sobre la profundidad emocional y cultural de Rumanía.
Brigitta Pana, 16.02.2026, 17:30
En la cultura rumana, „dor” es un concepto muy importante, presente en la música, la poesía y la identidad emocional del país. Muchos rumanos dicen que no tiene una traducción perfecta en otros idiomas. El dor es un sentimiento que combina amor, ausencia, nostalgia y esperanza. No es simplemente la tristeza por alguien que está lejos. Es una experiencia emocional compleja que conecta al individuo con su entorno, su comunidad y su historia. A diferencia de otros folclores donde el amor se manifiesta con pasión o dramatismo, en el folclore rumano se aprecia la paciencia, la espera y la conexión espiritual. El dor se siente cuando un ser querido está lejos: un esposo o esposa que trabaja en otra región, un joven que migra temporalmente por estudios o trabajo, o incluso un ser querido que ya no está vivo. Pero más allá de la separación, el dor incluye la esperanza de reencuentro y la fidelidad emocional, lo que lo convierte en un rasgo distintivo de la identidad cultural rumana.
Una característica única del dor es su estrecha relación con la naturaleza. En muchas canciones populares, el sentimiento se compara con elementos naturales: el viento que recorre los campos, el agua de los ríos que fluye constantemente, las hojas que caen en otoño, símbolo de lo efímero y de la pérdida. En estas canciones, la naturaleza no es solo un fondo poético, sino un testigo activo del amor y de la ausencia. Cuando las palabras no alcanzan, los paisajes rumanos, los montes, los ríos y los bosques reflejan la intensidad del sentimiento y acompañan al ser humano en su espera. Este vínculo con la naturaleza refuerza la idea de que el amor y el dor no son solo asuntos privados; son parte de la vida social, colectiva y cultural. Se comparte, se transmite y se recuerda en canciones, historias y rituales.
El dor aparece con frecuencia en canciones tradicionales llamadas doine y en baladas populares, donde el amor se expresa de manera contenida, respetuosa y reflexiva. Las doine son canciones melancólicas que narran historias de amor, separación y nostalgia. Su ritmo lento y sus melodías graves reflejan la introspección y el sentimiento profundo del dor. Algunos ejemplos incluyen doine que hablan de jóvenes que se despiden antes de migrar a la ciudad, de soldados que parten al servicio militar o de amantes que no pueden encontrarse por la distancia. En las baladas más largas, los relatos combinan el amor romántico con la historia de la comunidad. Se describen los pueblos, las casas, los caminos, los mercados y la vida cotidiana. Esto permite a los oyentes conectar con el amor no solo como emoción individual, sino como experiencia que atraviesa la sociedad y la cultura. Además, algunas canciones tradicionales incluyen instrumentos específicos, como el violín o la flauta, que acentúan la melancolía del dor. La música y la letra trabajan juntas para crear un mensaje emocional que trasciende el tiempo y las generaciones.
Si la música nos muestra la melancolía del dor, los cuentos y relatos tradicionales nos permiten entender cómo este sentimiento se vive en la vida cotidiana de las familias rumanas. El dor no solo aparece en la música, sino también en los cuentos populares y la literatura rural. Los relatos transmitidos oralmente por generaciones reflejan la importancia de la espera y la fidelidad emocional. Historias de jóvenes que esperan a su amor en el pueblo mientras él trabaja lejos, de familias que mantienen vivos los recuerdos de los antepasados o de ancianos que cuentan su juventud y sus amores pasados son comunes en todo el país. Los poetas y escritores modernos también se inspiran en estas tradiciones, incorporando el dor en novelas, cuentos y ensayos. Al estudiar estas obras, los lectores extranjeros pueden comprender cómo Rumanía integra el amor, la ausencia y la comunidad en una misma experiencia cultural.
Pero el dor no solo se escucha o se narra; también se saborea, se comparte en la mesa y se transmite a través de la comida. El dor influye incluso en la gastronomía: ciertos dulces o platos tradicionales se preparan como gesto de cariño y afecto hacia la familia y los seres queridos. La comida, en este sentido, se convierte en un vehículo de transmisión cultural y emocional, uniendo la expresión del amor con la memoria y la identidad. Por ejemplo, algunos pasteles o panecillos se hornean con símbolos de unión, reflejando la conexión entre los miembros de la familia y la comunidad.
Para el público hispanohablante, el dor puede compararse con conceptos como la saudade portuguesa o la añoranza española, pero tiene matices únicos. No se trata solo de nostalgia, sino de un amor activo que se mantiene a pesar de la distancia, del tiempo y de la ausencia. El dor enseña que el amor puede ser profundo y duradero incluso sin contacto físico constante. Es una forma de resiliencia emocional, de fidelidad a los afectos y de valorización de la memoria colectiva. Para los extranjeros, es una ventana hacia cómo la cultura rumana combina emoción individual con tradición y comunidad.
Febrero, el mes del amor en Rumanía, nos recuerda que el afecto no solo se expresa en regalos o flores, sino también en la espera, la fidelidad emocional y la conexión con la familia, la comunidad y la tierra natal. A través de las doine, las baladas, los cuentos y las tradiciones, podemos comprender que la cultura rumana valora un amor profundo, duradero y respetuoso. Descubrir el dor es acercarse a la identidad rumana en su forma más auténtica: un amor que trasciende el tiempo y la distancia, pero que nunca se pierde.