Capra, Ursul, Mascaţii, Moşoaiele, pero también Steaua y Pluguşorul son tradiciones que en el pasado preparaban el ambiente para las fiestas de invierno y tenían un carácter apotropaico, es decir, limpiaban los hogares de los espíritus malignos. Aunque hoy en día su impacto ha disminuido, aún se conservan incluso en las calles de las ciudades, y las instituciones culturales especializadas se esfuerzan por transmitirlas a las generaciones más jóvenes.
Hoy vamos a recorrer juntos historias, aromas, sabores y tradiciones que mantienen viva la Navidad y el Año Nuevo para los rumanos que viven lejos de su tierra natal.
Los villancicos rumanos tienen una larga y rica historia, estrechamente ligada a las tradiciones y creencias del pueblo rumano. Sus letras hablan de acontecimientos bíblicos, como el nacimiento de Jesucristo, pero también de aspectos relacionados con la vida en el pueblo, amor, amistad, generosidad y solidaridad.
Cuando llega diciembre, Rumanía se transforma. Las ciudades se iluminan, los pueblos cobran vida y las tradiciones antiguas vuelven a sentirse en cada casa.
Cuando pensamos en el orgullo de un pueblo, no hablamos sólo de banderas o himnos. Hablamos de aquello que hace latir más fuerte el corazón cuando alguien menciona tu país. Y Rumanía, aunque a veces discreta, tiene mucho de qué sentirse orgullosa.
«La Ruta de la Miel del Banato» es un nuevo e innovador proyecto de ecoturismo y turismo de salud. El proyecto pretende fomentar el turismo local, las tradiciones apícolas y las propiedades saludables de los productos de la colmena, especialmente la apiterapia y la aerosolterapia. También nos brinda la oportunidad de conocer los principales atractivos turísticos de la zona, que invitan a quedarse más tiempo.
En Rumanía, cada año alrededor del 14 de octubre, cuando se celebra la festividad de Santa Parascheva, la ciudad de Iași se convierte en el mayor centro de peregrinación del país y uno de los más grandes de Europa.
El aire de octubre huele a hojas secas, a tierra húmeda, y a mosto recién prensado. Las colinas se tiñen de dorado y rojo, como si el sol hubiese decidido dormirse en los viñedos. Estamos en otoño, y en Rumanía, eso solo puede significar una cosa: ha llegado la vendimia.
La gastronomía tradicional rumana en otoño es una celebración de sabores, historia y comunidad. Entre septiembre y noviembre, los mercados se llenan de productos frescos, y las familias se reúnen para cocinar, conservar y compartir.
Es uno de los hitos astronómicos más importantes del año. En torno a esta fecha, se han creado numerosas tradiciones, costumbres e incluso supersticiones a lo largo del tiempo, relacionadas con el equilibrio y los ciclos cambiantes de la naturaleza.
La Mesa que Une es un proyecto único en Rumanía, dedicado a la unidad, la solidaridad y nuestro espíritu nacional. Reúne la esencia de todas nuestras mesas: gente, historias, tradiciones y sabores locales.
Hoy llegamos al norte de Rumanía, al «mar de la montaña». Así se llama el gran lago, a orillas del cual la gente vive tranquilamente, dedicándose a la ganadería y la agricultura. En los últimos años, en Colibița han aparecido nuevas pensiones, algunas incluso de cuatro estrellas, que complementan el paisaje y no perturban la tranquilidad de los habitantes. Visitamos Colibița, así como sus alrededores, que ofrecen muchas posibilidades para pasar el tiempo libre
Dejamos atrás los lugares conocidos por el turismo tradicional y nos adentramos en una Rumanía profunda, donde el verano no es una estación de descanso, sino un momento de vida intensa, de tradiciones que siguen latiendo, de historias que se transmiten con el calor del sol y el perfume del heno.
En el folclore rumano, el término "Rusalii" se refiere a seres míticos, "hadas" o "iele", asociadas con el verano y las aguas. Las Rusalii suelen describirse como hermosas, pero también pueden ser peligrosas.