Del cine al activismo
Con el mensaje ¡Más entradas, más amor! en la pantalla y admitiendo que, en este caso, el amor realmente pasa por el estómago, una nueva película que ha llegado a los cines de Rumanía promueve la adopción de perros sin dueño y propone que la venta de entradas esté relacionada con la alimentación de los animales en los refugios.
Ana-Maria Cononovici, 17.02.2026, 12:59
Con el mensaje ¡Más entradas, más amor! en la pantalla y admitiendo que, en este caso, el amor realmente pasa por el estómago, una nueva película que ha llegado a los cines de Rumanía promueve la adopción de perros sin dueño y propone que la venta de entradas esté relacionada con la alimentación de los animales en los refugios.
Hablamos sobre El efecto Pufi con Cristian Kiki Vasilescu, quien se encarga de la dirección, el guion y la edición de la película, y con Gabriela Marin, la actriz protagonista en la película, que interpreta a una dependienta de una tienda de mascotas.
Cristian Kiki Vasilescu nos habla sobre las ideas que sirvieron de base en la película:
«En primer lugar, creo que las películas también deben tener un mensaje positivo, así como todas las películas estadounidenses tienen al menos uno. Y el mensaje positivo que he encontrado es que los animales deben ser tratados con amor, tal como lo deseamos para nosotros mismos. Al ser una película para el Día de San Valentín, también viene con una solución para aquellos que son más tímidos y no saben cómo acercarse a alguien: el mejor rompehielos, he descubierto por experiencia propia, es tener un perro. Durante un paseo pueden llegar a conocer todo un vecindario, y El efecto Pufi, la película, también trae un secreto que algunos quizá no sepan, y es que no todos los perros son un buen imán para atraer a alguien. Es decir, a primera vista, todos los perritos podrían parecer adecuados para iniciar conversación con las personas, pero no todos hacen su trabajo de encontrarle una pareja. Esa es la premisa cómica de la película. Además, hice y escribí esta película con la confianza de que, siendo dueño tanto de un perro como de un gato, y dado que al perrito que tuve también se llamaba Pufi, sabía muy bien cómo escribir una historia de manera que pudiera trabajar con algunos actores cuadrúpedos no profesionales. Porque ellos no fueron entrenados, son animales de refugio, que fueron muy simpáticos, pero no son el tipo de perros que aparecen en películas como Beethoven o en otras superproducciones donde hay tres o cuatro perros entrenados que saben interpretar ciertas órdenes al milímetro».
Gabriela Marin advierte a los posibles espectadores:
«Deberían saber que es una comedia, la gente puede divertirse, pero también contiene un aporte social, debido a que, por cada entrada comprada, un cuenco de croquetas llega a los perros sin dueño en los refugios. Así que El efecto Pufi es ante todo una acción social. Y luego también existe el efecto Pufi cómico. Queremos promover la idea de adopción, la idea de adoptar un perro sin dueño en lugar de comprar una mascota. Ese es uno de los temas de la película y, ya que estamos en el mes de los enamorados, también se pone énfasis en eso, en la idea de que el amor puede cambiar vidas tanto para las personas como para los perritos y las mascotas».
A pesar de llamarse El efecto Pufi, la película es una comedia urbana, que sucede con personas y no con animales, estos últimos solo son un pretexto alrededor del cual se desarrolla la historia, nos cuenta Cristian Kiki Vasilescu y añade:
«Fue una organización muy buena del guion, y luego nos preparamos para el rodaje, grabamos todo el tiempo con tres cámaras, desde el punto de vista logístico fue un reto, porque sabíamos que un perro, como el que tenemos en el set, reaccionaría solo una vez durante 15 segundos y si no conseguías captar esa interpretación ya no la tenías. No lo haría una segunda vez. Y aun así lo conseguimos. Durante el rodaje, por ejemplo, en Cismigiu, porque al final hablamos de la adopción de perros, incluso salvamos a dos perros que se habían perdido; uno volvió con su familia y el otro acabó con una familia adoptiva. También tenemos algunos socios que nos ayudan en la campaña social, de manera que por cada entrada que vendemos para esta película, podemos donar comida para animales sin hogar, hay algunos refugios en el país que nos apoyan, y al final, si van a ver El efecto Pufi, a partir del 6 de febrero, no solo se divertirán, sino que ¡realmente harán algo bueno!».
También nos enteramos de que en el rodaje participaron 11 cuadrúpedos y que en la película aparece también la narradora Irina-Margareta Nistor, quien se interpreta a sí misma, poniendo la voz que nos introduce en la atmósfera de la película y teniendo también intervenciones divertidas y autoirónicas a lo largo de esta.
Gabriela Marin añade:
«Todos los actores cuadrúpedos son o bien rescatados y ya tienen una familia, o procedían de refugios, y antes de que terminara el rodaje encontraron una familia que los adoptara. No hay ningún perro adiestrado en la película, ningún perro actor profesional. Esta campaña se llevó a cabo gracias a que Cristina Iordache, la productora de la película, tiene una estrecha relación con los refugios, lleva muchos años rescatando animales sin dueño, ya ha salvado a decenas de animales y les ha encontrado familia en el extranjero, y también logró establecer algunas colaboraciones con empresas, de forma que una parte de las ganancias de la película se destine a los perros de los refugios. Por eso mismo quiso hacer la película, para ayudar a los perros sin dueño».
Desde el 6 de febrero se proyecta en las pantallas del país esta película sobre la empatía, sobre la adopción de un animal sin hogar y sobre el amor en todas sus formas, pero visto con humor.
Versión en español: Mihaela Stoian