Tradiciones con sabor
En Maramureș, donde la tradición es sagrada, una joven madre quería alimentar a su hija de forma saludable, así que creó una pasta con harina y huevo siguiendo la receta de su abuela y le añadió verduras de su huerto. Como las recetas se difunden entre las madres, cada vez son más las que quieren probar esta pasta, por lo que ha surgido un taller artesanal de «răstăuţe» (término regional para referirse a los fideos con huevo).
Ana-Maria Cononovici, 10.03.2026, 11:30
Răsucite, macaroane, lăști o lășcuțe, nombres procedentes de un vocabulario histórico local de Maramureș, son diferentes tipos de pasta que, en la tradición local, se conocen con el nombre de “răstăuțe”. Se elaboran sin aditivos ni conservantes, solo con harina de trigo duro, verduras naturales y huevos frescos, en un taller artesanal del norte del país.
Hemos invitado a Anca Vălean, creadora de las “răstăuțe” de Maramureș, para que nos explique el significado de esta palabra y cómo nació la idea de elaborar pasta artesanal.
«Es un regionalismo muy antiguo, utilizado solo en ciertas zonas de Maramureș y hoy en vías de desaparición, una palabra que se usa cada vez menos, pero con la que yo crecí junto a mis abuelos, en el campo, y de ahí nació la idea de las răstăuțe. La necesidad surgió realmente cuando empecé la diversificación alimentaria con mi hija y no encontraba alimentos limpios en las tiendas. Y como hacía fideos con mi abuela, en el campo, para mí la pasta debía llevar harina y huevo. Entonces descubrí que, en realidad, la pasta de los estantes de las tiendas lleva harina y agua. Al mismo tiempo, como quería ofrecer a mi hija la mayor cantidad posible de verduras en la alimentación, un día decidí añadir verduras del huerto de mi madre, heredado de mi abuela, para complementar la dieta de la niña. Y así empezamos a hacer masas de colores; nos gustó mucho y seguimos adelante con esta idea.»
Así nació, hace casi cinco años, este taller local que utiliza verduras cultivadas de forma natural, sin productos químicos, y huevos procedentes de gallinas criadas en libertad y alimentadas de manera natural, para producir pasta con formas tradicionales, pero también modernas, inspiradas en las que se encuentran en el comercio. En cuanto a los ingredientes utilizados, lo que no procede de producción propia se compra a los vecinos, con el fin de apoyar las tradiciones y la comunidad local. Anca Vălean, creadora de las “răstăuțe” de Maramureș, añadió:
«Como al principio era solo para la familia, empezamos a enviar fotos a dos o tres amigos y personas cercanas, también familias con niños pequeños, para ver qué les parecía. Les encantó y empezaron a llegar los pedidos. En el momento en que vimos que había demanda, decidimos crear un taller autorizado, hacerlo como corresponde. Las verduras que utilizamos son espinaca, remolacha, pimiento capia, boletus, albahaca y tomate, pero en el pasado también hemos utilizado trufa. Incluso hemos hecho pasta exótica, con tinta de sepia. Se cuecen con normalidad; según la forma cambia el tiempo de cocción, y se pueden combinar con cualquier tipo de salsa. El sabor de las verduras no es muy pronunciado.»
Un aspecto esencial de la calidad es el proceso de secado lento, realizado a temperatura ambiente, entre 14 y 25 grados centígrados. Su textura firme y su sabor natural hacen que estas pastas sean adecuadas para ensaladas, sopas o platos principales. Con colores variados, rojos, verde oscuro o verde claro, amarillos, naranjas o beige, estas pastas son una alegría para la vista y, sin duda, también para el gusto. Nuestra anfitriona, Anca Vălean, se enorgullece de que en cada paquete se encuentre no solo la receta de su abuela y su maestría, sino también un pequeño fragmento del espíritu de Maramureș, color, aroma y orgullo en un solo paquete.
«En cuanto a la cantidad, podemos producir unas dos toneladas al mes. La mayor parte de los pedidos llega a través de nuestra tienda en línea y de clientes directos. También colaboramos con tiendas de productos tradicionales que supieron de nosotros a través de nuestros propios clientes, que dijeron que habían descubierto estas pastas y preguntaron por ellas. Ya se cumplen cinco años desde que empezamos. Puedo decir que tenemos éxito. Ahora trabajamos prácticamente a cuatro manos. Al ser un taller artesanal, nuestra capacidad de procesar los pedidos es limitada. Hay pedidos, incluso tenemos algunos en espera, así que no nos quejamos. Lo que yo deseo es seguir adelante y que no olvidemos los regionalismos, las palabras antiguas y las viejas costumbres.»
Por supuesto, para los periodos de ayuno o para quienes son alérgicos al huevo, también se produce pasta sin huevo, de modo que en la oferta del taller prácticamente cualquier antojo puede quedar satisfecho.
En cuanto a las recetas de pasta de Maramureș, una opción muy apreciada es la de pasta con tocino crujiente y queso salado, una combinación sencilla pero llena de sabor. Se empieza cortando el tocino ahumado crudo en dados pequeños, dejando la corteza para que quede crujiente. Se cuece la pasta y, mientras tanto, se fríe el tocino. Una vez cocida, la pasta se escurre y se le añade el tocino, la grasa fundida y queso de burduf o queso de oveja amasado, o una combinación de ambos tipos de queso. Se mezcla a fuego lento hasta que todo el queso se derrrita. De manera opcional, para un sabor aún más intenso, al final puede añadirse también un poco de nata agria por encima. Aunque esta receta no está pensada para niños, su sabor es delicioso y lleva Maramureș a la mesa de cualquier persona.
Versión en español: Valeriu Radulian