El arte para todos
Ir al cine o al teatro es un placer que, por desgracia, no todo el mundo puede disfrutar en nuestro país. Sin embargo, recientemente se ha puesto en marcha un proceso para que las películas sean más accesibles en las salas. Ligia Soare, gestora cultural de la Asociación Animest, nos lo explica.
Ana-Maria Cononovici, 21.04.2026, 12:45
Nos enfrentamos cada día a los retos a los que se enfrentan las personas con discapacidad: barreras físicas, falta de servicios adaptados, exclusión social… Por lo tanto, como sociedad, tenemos una misión clara: debemos desarrollar la accesibilidad en todos los ámbitos de la vida. Ir al cine o al teatro es un placer que, lamentablemente, no todas las personas pueden disfrutar en nuestro país. Sin embargo, recientemente se ha iniciado un proceso para que las películas sean accesibles en las salas de cine.
Nos lo explica Ligia Soare, gestora cultural de la Asociación Animest, traductora audiovisual y con más de veinte años de experiencia en la organización de festivales de cine:
«Como queremos que las películas y los eventos de nuestro festival sean accesibles para el mayor número posible de personas, y que cuando invitemos a todo el mundo sea una invitación sincera, empezamos a pensar en cómo podríamos hacerlo y en quiénes son esas personas o esos grupos de público a los que no podemos llegar o a los que no podemos invitar al cine porque existen ciertas barreras. Hace unos años, empecé a formarme como traductora audiovisual en traducción especializada para personas sordas. Después descubrí que ya existen métodos e investigaciones de varias décadas en algunos países donde ya se aplican, aunque por el momento son pocos».
En Europa no hay una norma al respecto. Nuestra interlocutora nos explicó cómo se puso en marcha un proyecto internacional en el que participan cinco países —la República Checa, Eslovaquia, Eslovenia, Rumanía y Croacia— y que también se ha ampliado a las personas ciegas:
«Paralelamente a lo que empezamos a hacer en Animest, a partir de nuestra colaboración con el Instituto Francés de Bucarest, surgió una colaboración en un proyecto internacional, un proyecto europeo llamado Cine sin barreras, que se lleva a cabo desde 2024. Esto significa que hay cinco cines, uno en cada uno de estos países, donde se realizan mensualmente proyecciones de películas accesibles, pensadas especialmente para personas sordas y ciegas. Al mismo tiempo, hemos llevado a cabo estos proyectos con escuelas de niños sordos y sus profesores para averiguar exactamente qué necesitan. Concretamente, para que una película sea accesible para las personas sordas, debería ofrecerse con un subtitulado especial denominado subtitulado descriptivo, ya que no solo reproduce el diálogo, sino también los sonidos relevantes, los ruidos o el nombre de la persona que habla cuando no resulta evidente por el encuadre. De este modo, aunque no se pudiera oír, se sabría quién participa en la conversación y se podría ver la película sin barreras auditivas. Sin embargo, dado que para muchas personas sordas de nuestro país —aunque no necesariamente de aquí— su lengua materna no es la lengua hablada del país, sino la lengua de signos, hemos empezado a incluir la interpretación en lengua de signos rumana en las películas que preparamos. Esto significa que colaboramos con intérpretes de lengua de signos que, gracias a nuestros proyectos, han comenzado a especializarse en la interpretación cinematográfica. Se graban en un estudio, se realiza la edición y el intérprete pasa a formar parte de la película».
En la sala de cine, cuando hay una proyección de este tipo, las personas sordas y oyentes pueden ver la película juntas. Ligia Soare, directora cultural de la asociación Animest, continuó explicando:
«Para las personas invidentes existen algunos métodos. El método clásico se llama audiodescripción. Consiste en que una voz narra lo que ocurre en la película cuando los personajes no hablan o no hay sonidos relevantes. En concreto, existe la especialidad de audiodescriptor, que puede ser un traductor audiovisual, que aprende a hacer audiodescripciones, escribe ese texto y, de este modo, si no ves o ves parcialmente, puedes seguir la película. Después, se consulta con una persona ciega para comprobar si se han captado bien todos los detalles, ya que son ellos quienes mejor pueden decir si la descripción está bien hecha. Luego, se graba con la voz de un actor, se edita, se sincroniza con la película y se crea un paquete para que la persona que está en la sala de cine pueda escuchar también esta descripción».La descripción puede escucharse a través de unos auriculares inalámbricos —el proyeccionista activa el sonido al mismo tiempo que la película— o mediante una aplicación móvil. El objetivo claro ahora es, por supuesto, ampliar la oferta cultural, ya que, a pesar de todas estas medidas, las desigualdades de oportunidades siguen siendo muy grandes».
Ligia Soare:
«A principios de año, participamos en una formación con festivales del norte de Europa que también desean esto. ¿Por qué? Porque la idea de la accesibilidad cultural empieza a estar mejor reflejada en la legislación, pero hay tantas otras prioridades que nos cuesta mucho llevarla a cabo. Pero la gente se pregunta: «Vale, ¿pero es eso lo único que necesitan las personas sordas o ciegas?». Necesitan otras cosas, pero la cultura ofrece, en cierto modo, una red de seguridad o un motivo de socialización que puede resolver también otras cuestiones. Ya tenemos niños sordos y ciegos de Bucarest que vienen al cine, pero se están acostumbrando a pedir una cultura y un enfoque bilingüe en la vida social. Hay que dar la voz de alarma y demostrar, a través de la cultura, que estas necesidades existen y que estas personas necesitan un enfoque adaptado a ellas en todos los ámbitos de actividad. No basta con que sea solo en el cine; también deberían tener danza, teatro y ópera, y no solo este tipo de cultura y museos, para que puedan elegir. Yo, como oyente, tengo el lujo de poder elegir a dónde quiero ir. Ellos, por ahora, no tienen mucho donde elegir».
Por tanto, cuando decimos que todos los espectadores son bienvenidos a una proyección, esto es válido independientemente de las discapacidades sensoriales que puedan tener.
Versión en español: Victoria Sepciu