150 años del nacimiento de Constantin Brâncuși
El 19 de febrero de 2026 se cumplirán 150 años del nacimiento de este escultor de talla mundial, por lo que se trata de una fecha muy importante para la cultura rumana.
Steliu Lambru, 16.02.2026, 13:22
El 19 de febrero de 2026 se cumplirán 150 años del nacimiento de este escultor de talla mundial, por lo que se trata de una fecha muy importante para la cultura rumana.
Con motivo de esta celebración, hemos invitado al crítico de arte y director del Museo Nacional de Arte de Rumanía, Erwin Kessler, para que nos hable sobre lo que hace de Brâncuși un artista tan notable.
«Para nosotros, Brâncuși es grande porque es rumano, y eso es un problema. Para los demás, Brâncuși es grande porque es de París y pertenece a la Escuela de París. La Escuela de París, en la primera mitad del siglo XX, representaba la modernidad clásica y gran parte de la vanguardia. Existen dos tipos de grandeza o de medición de la dimensión de Brâncuși: la nacional y la internacional. Desde la perspectiva internacional, la grandeza de Brâncuși no es una grandeza nacional. Desde la perspectiva nacional, la grandeza internacional de Brâncuși sí es una grandeza nacional».
Aunque el arte es un campo liberal, el valor también tiene sus estándares, como el oro en el mundo material.
Erwin Kessler lo explica:
«El oro tiene una cualidad, al igual que otros metales, pero, ante todo, ha sido reconocido y apreciado como valor en todos los rincones del mundo y en todas las épocas. Es un patrón de valor, de riqueza y, probablemente, de belleza. En el caso de Brâncuși, su parte de oro, su cualidad de patrón de valor, se debe a su aportación original: la escultura en piedra y madera, es decir, la sustitución de la forma mediante una técnica diferente. Por supuesto, la forma también es muy importante, pero la técnica lo es igualmente. Se trata de una forma perfecta y abstracta que parece rigurosamente geométrica, pero no lo es. En Brâncuși hay mucha intuición. Así tenemos esta forma perfecta que corresponde a una modernidad en su sentido casi aséptico. Sin embargo, esta forma perfecta no se realiza como en el caso de su buen amigo Marcel Duchamp, que inventó un concepto más potente que el de Brâncuși: el ready-made. Es decir, se trata de tomar un producto industrial, perfecto y fabricado de manera rigurosa por ser industrial. El artista lo coloca en otro contexto y entonces lo convierte en arte y le da sentido. Brâncuși no llegó tan lejos. Todo lo que hizo fue lo contrario del ready-made».
La excelencia de Brâncuși se caracterizaba por su originalidad, como la de otros grandes artistas.
Erwin Kessler nos ofrece más detalles al respecto:
«Brâncuși no llegó ni podía llegar al ready-made porque estaba extremadamente apegado a la artesanía, a todo lo que implica la realización efectiva de las obras: desde las herramientas, que él mismo fabricaba, hasta los materiales que utilizaba, pasando por el esfuerzo que dedicaba a tallar directamente la piedra. Era el esfuerzo que dedicaba a realizar las obras y el que dedicaba posteriormente para hacerlas lo más brillantes y atractivas posible para la vista y, por ende, para el público».
En Rumanía, la obra más conocida de Brâncuși se encuentra en Târgu Jiu.
Erwin Kessler añade más detalles:
«El conjunto monumental de Târgu Jiu es un encargo, pero la voluntad de Brâncuși de crear monumentos se remonta a mucho tiempo atrás. Ya había creado monumentos funerarios para el abogado Stănescu en Buzău. Inmediatamente después de terminarlo, en 1914, sintió deseos de hacer otro en Bucarest, donde el ministro Morțun le encargó una obra para la plaza de la Universidad. El monumento iba a ser en honor a Spiru Haret, ministro de Educación Pública y fundador de esta, pero el proyecto fue rechazado y nunca se llevó a cabo. Tras la guerra, en 1920, los vecinos de Peștișani y Hobița, sus conciudadanos, le propusieron que realizara un monumento en memoria de los soldados de Peștișani caídos en la Primera Guerra Mundial. Tampoco lo hizo, ya que su propuesta fue rechazada. Ya son dos propuestas rechazadas. En los años treinta, propuso una gran columna en Bucarest, pero tampoco fue bien recibida. Tampoco esta fue bien recibida. Finalmente, el encargo del monumento de Târgu Jiu no se le hizo a él, sino a su alumna Milița Petrașcu, que ya había realizado el monumento a Ecaterina Teodoroiu en esa misma ciudad: una especie de pequeño mausoleo. Se lo ofrecieron a Milița Petrașcu, quien lo rechazó, y luego se lo ofrecieron a Brâncuși, quien lo aceptó».
Hoy en día, el nombre de Constantin Brâncuși figura en la historia de la escultura universal. Sin embargo, no debemos olvidar que, aunque era rumano, es patrimonio de la humanidad.
Versión en español: Victoria Sepciu