HOTARUL: entre el realismo y el humor
Tras el éxito de la película CARBÓN, aclamada tanto por el público como por la crítica, Ion Borș regresa con una historia que conserva el realismo y la atención por los detalles locales, que envuelve en una fórmula accesible, dirigida a un público lo más amplio posible. La película parte de un conflicto entre vecinos, pero, más allá de los diálogos ingeniosos y de las situaciones que rozan lo absurdo, HOTARUL habla del orgullo, de los límites que nos imponemos unos a otros y de las fronteras, visibles o invisibles, que nos separan.
Corina Sabău, 02.05.2026, 14:00
Un pueblo de la República de Moldavia, dos familias vecinas y un pedazo de tierra que acaba desencadenando una auténtica guerra. De esta premisa aparentemente sencilla nace HOTARUL (La frontera), la nueva película de Ion Borș y Ruslan Moroșan, una comedia con garra, humor y trasfondo, construida sobre las pequeñas tensiones de la vida cotidiana, que acaban hablando de cosas mucho más importantes. Tras el éxito de la película CARBÓN, aclamada tanto por el público como por la crítica, Ion Borș regresa con una historia que conserva el realismo y la atención al detalle local, que envuelve en una fórmula accesible, destinada a un público lo más amplio posible.
La película parte de un conflicto entre vecinos, pero, más allá de los diálogos ingeniosos y de las situaciones que rozan lo absurdo, HOTARUL trata sobre el orgullo, sobre los límites que nos imponemos unos a otros y sobre las fronteras, visibles o invisibles, que nos separan. Hablamos con Ion Borș sobre su colaboración con la guionista Mariana Starciuc, con quien también trabajó en CARBÓN, y sobre cómo una historia acaba convirtiéndose en película.
«Siempre me encantará trabajar con Mariana; ya hemos colaborado en otros proyectos. Para mí, Mariana es esa dramaturga y guionista que tiene una sensibilidad especial por el pueblo moldavo, al que conoce tan bien y sabe plasmar en las páginas de un guion. Y por eso colaboro precisamente con ella en la parte del guion. Hay muchas historias, hay mucha gente que me recomienda guiones, pero Mariana y yo tenemos una forma de trabajar muy concreta. Para empezar, esbozamos juntos algunas ideas que luego convertimos en guiones. No hay una fórmula concreta para que una historia llegue a la pantalla. En primer lugar, debemos ser sinceros con esa historia, creer en ella como relato. En segundo lugar, en el caso de esta película, queríamos crear una comedia, pero no una comedia sin sentido. Queremos que sea una comedia que contenga un mensaje más profundo. Y trabajamos el guion de tal manera que el público que no busca un mensaje profundo, sino que solo quiere divertirse, pueda disfrutar de la historia. Y que las personas que busquen algo más puedan descubrir también un subtexto y un mensaje más profundo».
Si Ion Borș afirma que la película trata «sobre nosotros, sobre nuestra gente y nuestras comunidades, sobre los pequeños conflictos que esconden verdades que todos reconocemos», Sergiu Cumatrenco Jr., uno de los productores de la película, sostiene que HOTARUL continúa la línea iniciada con Carbon, llevando a la gran pantalla una comedia auténtica, inspirada en la vida cotidiana. Ion Borș habla abiertamente sobre la dificultad de atraer de nuevo a los espectadores de la República de Moldavia a las salas de cine tras décadas en las que el cine moldavo ha estado prácticamente ausente de este circuito, pero también sobre cómo una película realizada con pocos recursos consigue decir grandes cosas.
«Tenemos la misión de atraer al público de la República de Moldavia al cine, lo cual es muy difícil. Después de más de treinta años en los que la gente simplemente ha dejado de ir al cine a ver una película moldava, hay que convencerla. Y entonces la historia que contamos debe convencer a varios tipos de público, tanto al que busca solo la anécdota como al que busca un sentido más profundo. Solo después de ganarnos a ambos tipos de público y convencer a la gente de que venga al cine, podremos proponer otro tipo de películas. Es un proceso más largo que lleva tiempo. Como artistas y productores de cine en la República de Moldavia, queremos escribir guiones que cautiven y emocionen. Pero somos conscientes de que no tenemos acceso a helicópteros, munición, drones ni efectos especiales. Así que solo nos queda el ingenio y la creatividad. ¿Cómo podemos transmitir los mismos mensajes, pero con pocos recursos? De este modo surge la metáfora que nos ayuda a convertir una historia local en una verdad universal. En esta película nos hemos propuesto hablar de las fronteras visibles, invisibles, grandes y globales a través de una valla de un pueblecito de la República de Moldavia. Y así nació la historia».
Esta es también una de las grandes cualidades de la película: la capacidad de transformar una valla, un pedazo de tierra y un conflicto entre vecinos en una metáfora sobre las fronteras, los orgullos y las distancias que las personas interponen entre ellas. La mezcla de actores experimentados y caras nuevas contribuye a la autenticidad de la historia y a su cercanía con el público —una elección deliberada, esencial para reconstruir la relación entre el espectador y el cine local. El reparto, que reúne a Ion Grosu, Andrei Locoman y Sergiu Voloc, contribuye al éxito de una película que ya ha traspasado fronteras, habiendo sido recibida con salas llenas en Dublín y Bruselas.
Versión en español: Monica Tarău