Transilvania sobre dos ruedas
Transilvania se ha convertido en un ejemplo europeo de desarrollo sostenible y de turismo responsable. Hoy descubrimos cómo una red de decenas de kilómetros de rutas ciclistas, trazadas en las colinas que rodean Sighișoara, ha cambiado profundamente la economía y la vida cotidiana de las aldeas sajonas. Además, gracias a las bicicletas de asistencia eléctrica, explorar la naturaleza se ha vuelto una experiencia segura y accesible para todas las edades, abriendo estas rutas a un público mucho más amplio y permitiendo descubrir pueblos como Viscri, Meșendorf o Criț.
Daniel Onea, 25.06.2026, 14:30
Transilvania se ha convertido en un ejemplo europeo de desarrollo sostenible y de turismo responsable. Hoy descubrimos cómo una red de decenas de kilómetros de rutas ciclistas, trazadas en las colinas que rodean Sighișoara, ha cambiado profundamente la economía y la vida cotidiana de las aldeas sajonas. Además, gracias a las bicicletas de asistencia eléctrica, explorar la naturaleza se ha vuelto una experiencia segura y accesible para todas las edades, abriendo estas rutas a un público mucho más amplio y permitiendo descubrir pueblos como Viscri, Meșendorf o Criț.
Lo que distingue a esta región del resto de Europa es precisamente la existencia de esta red de rutas ciclistas, cuyo proyecto piloto se puso en marcha en 2011. Después llegó un trabajo titánico: decenas de kilómetros de caminos fueron acondicionados manualmente en las crestas de las colinas. Para conocer cómo es hoy esta infraestructura, hablamos con Sergiu Pâcă, guía de montaña y empresario de Sighișoara.
«Con la creación de la nueva red, un recorrido de 47 kilómetros une hoy Sighișoara con Viscri. Se trata de la auténtica columna vertebral del sistema. A partir de ella se abren, a derecha e izquierda, ramificaciones construidas siguiendo el modelo del proyecto piloto, así como caminos agrícolas y pistas de servicio utilizadas por las compañías de gas. Estas últimas se mantienen en muy buenas condiciones, ya que las empresas las utilizan para inspeccionar sus infraestructuras con maquinaria pesada, de modo que incluso un coche deportivo puede circular por ellas. Asimismo, los caminos afectados por las explotaciones forestales se reparan y se acondicionan con rapidez. También existen caminos agrícolas en el municipio de Saschiz, parcialmente asfaltados y en un excelente estado de conservación hasta la cima de las colinas. La ruta principal conecta Sighișoara con Viscri, pero todas las localidades vecinas, como Criț, Meșendorf o Saschiz, cuentan con vías de acceso. Algunos de estos caminos pueden deteriorarse cuando hace mal tiempo, lo que supone un desafío para los ciclistas menos experimentados, que constituyen el principal público de nuestros programas cicloturísticos. Los ciclistas con experiencia suelen organizar por su cuenta sus itinerarios y alojamientos y, por lo general, no necesitan alquilar bicicletas.»
Para la mayoría de los visitantes, la dimensión deportiva pasa a un segundo plano. Lo importante es recorrer sin prisas un entorno rural que ha conservado toda su autenticidad.
«Para los turistas que no practican este deporte de forma habitual, la bicicleta es simplemente un medio de transporte alternativo para descubrir las aldeas sajonas. El principal objetivo es visitar las iglesias fortificadas y disfrutar de la experiencia gastronómica, especialmente porque en la zona se han desarrollado numerosos puntos gastronómicos locales y el turismo cuenta aquí con una tradición de más de veinte años. Aunque las aldeas también pueden visitarse en coche, la bicicleta permite una conexión directa con la naturaleza, ya que la región forma parte de la red Natura 2000. La ausencia de agricultura intensiva ha permitido conservar el paisaje en mosaico y la flora silvestre. La sensación que se experimenta en el bosque es extraordinaria. Por ejemplo, en una mañana de verano, aunque al sol la temperatura alcanza rápidamente los 25 grados, bajo la sombra de los árboles se mantiene un frescor muy agradable, especialmente después de varios días de lluvia. Esa sensación de desconexión y de contacto directo con la naturaleza es uno de los grandes atractivos de estas rutas. La fauna también es muy rica e incluye animales salvajes, como los osos. Aunque su presencia es frecuente, los osos de esta zona no están habituados al contacto con las personas y, si se produce un encuentro fortuito en un sendero, se alejan de inmediato y no representan un peligro, a diferencia de los ejemplares que buscan alimento en las zonas habitadas.»
Gracias a las bicicletas de asistencia eléctrica, estos paisajes están hoy al alcance de un público mucho más amplio, lo que ha ampliado el perfil de los visitantes y ha contribuido de manera significativa al crecimiento de la comunidad de aficionados al ciclismo y a las actividades al aire libre. En cuanto al impacto que esta red ha tenido en la comunidad local, el cambio es evidente, como explica el guía Sergiu Pâcă.
«Practico ciclismo de montaña desde hace 33 años y, durante mucho tiempo, en Sighișoara apenas éramos cinco los aficionados a este deporte. En los últimos cinco o seis años, precisamente porque la infraestructura es muy accesible, el número de practicantes ha aumentado considerablemente. La red de rutas es adecuada incluso para quienes hacía mucho tiempo que no se subían a una bicicleta. Hace poco tuvimos un turista que no montaba en bicicleta desde hacía sesenta años. Aunque en algunos tramos más exigentes, como el que une Biertan y Viscri, preferimos trasladarlo en el vehículo de apoyo por razones de seguridad, consiguió completar el recorrido sin ningún incidente. Estas rutas son aptas para casi todo el mundo, especialmente si se utilizan bicicletas de asistencia eléctrica. Hablamos exclusivamente de bicicletas en las que hay que pedalear, no de ciclomotores eléctricos, que en cualquier caso no alquilamos por motivos de seguridad y por la normativa de circulación. La asistencia eléctrica supone una gran ayuda y, durante las pausas para comer, nos aseguramos de recargar las baterías de quienes han consumido más energía, para que puedan completar el recorrido sin preocupaciones.»
El éxito de este modelo atrae recursos que permanecen en las economías locales y la reciente incorporación de las rutas transilvanas a grandes itinerarios nacionales ofrece a los visitantes una libertad de movimiento sin precedentes.
«Como trabajamos principalmente con turistas extranjeros, el 90 % de los ingresos generados revierte directamente en las comunidades situadas entre Biertan y Viscri. Este año organizamos 35 recorridos con grupos de unas diez personas, es decir, alrededor de 350 turistas. Un programa de viaje cuesta aproximadamente 1.800 euros por persona y casi la mitad de esa cantidad se destina a servicios locales. Ha habido años muy buenos, con más de cuarenta recorridos, y otros algo más modestos, con unos treinta grupos. Un momento importante fue la incorporación de la ruta Via Transilvanica. Esta vino a complementar nuestra red ya existente, formada por caminos acondicionados, pistas forestales y vías de servicio. La Via Transilvanica ha abierto nuevas oportunidades y ha permitido crear nuevos circuitos turísticos. Por ejemplo, incluso sin guía, un visitante alojado en Saschiz puede recorrer las rutas señalizadas de Colinele Transilvaniei y regresar por la Via Transilvanica, completando así un itinerario circular de exploración.»
Este esfuerzo constante por conectar el patrimonio con la innovación demuestra que el turismo ecológico es mucho más que una tendencia. En las Colinas de Transilvania se ha convertido en un motor que contribuye a proteger los paisajes naturales y a garantizar un desarrollo económico sostenible para el futuro de las aldeas históricas de Rumanía.
Versión en español: Valeriu Radulian